¿Existe algo peor que una vida superficial entre belleza, playa y rumores durante todo el año? Pensarás que no. Pero en California, más concretamente, en L.A, la cosa se puede empeorar. Y mucho. Están aquellos que gozan de una vida totalmente al estilo propaganda hollister, y están esos otros que su vida es un constante viene y va de conflictos, peleas callejeras y otros problemas sociales y personales. Pero cuando esta armonía se rompe y algo interfiere en la vida del otro, aparece esto, una bonita guerra de sociedad en bandeja de buffet. Suena típico, sí, sin embargo, no sabes lo interesante que puede ser y lo atractivas que son estas historias. Y los secretos que hay detrás de cada uno de ellos, es la guinda del pastel.
Conectarse

Recuperar mi contraseña

Últimos temas
» Directorio Looking For You
Sáb Feb 08, 2014 11:32 am por Invitado

» Summer Games - Foro Recién Inaugurado / A.Normal
Sáb Sep 29, 2012 1:46 pm por Invitado

» Carpe Retractum // Foro de Hp - tercera generación //NORMAL//
Vie Ago 03, 2012 8:50 am por Invitado

» Twilight Saga Rol {Afiliación normal}
Sáb Jun 30, 2012 10:04 am por Invitado

» The Afterlife Oblivion (normal)
Vie Mayo 04, 2012 6:55 am por Invitado

» Lectores Escribiendo
Miér Mayo 02, 2012 3:33 am por Invitado

» Quimera Asylum {Normal}
Miér Abr 25, 2012 10:14 pm por Invitado

» Twilight Rol Suiza {Afiliación Élite}Un año ONLINE !!!
Miér Abr 25, 2012 1:38 am por Invitado

» {+18} CALAPALOOZA ~ Berkeley, University of California
Miér Abr 11, 2012 9:53 am por Invitado




































I'm virgin. I never-never even done sex. I don't know how | Andrey.

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

I'm virgin. I never-never even done sex. I don't know how | Andrey.

Mensaje por Alex I. Comăneci el Lun Ene 16, 2012 4:43 am

No importa el día, ni el mes. Dosmilalgo. 10:27 AM.
Violent words and empty threats.

Cuarenta minutos. Habían pasado cuarenta minutos de reloj desde que la rumana había cruzado el umbral de la puerta de la casa de Bel-Air en la que habitaba junto a su familia desde hacía relativamente poco para salir a la calle y encontrarse, de lleno, con los rayos del astro más grande. Habían pasado cuarenta minutos desde que se hubiese despedido de Jèr y colocado las gafas de sol, procurando no hacer más ruido del necesario y despertar al resto de inquilinos, para echarse a andar sin rumbo fijo, dejando que sus pies -calzados esa mañana con unas chanclas playeras- recorrieran calles repletas de turistas con la cámara colgando del cuello. Entre flashes e idiomas que nada tenían que ver con el suyo, consiguió atravesar la puerta de cristal de una de las cafeterías más visitadas de los últimos tiempos; una franquicia que se había vuelto de oro y donde Alex hacía una parada obligatoria cada día para desayunar y, tal vez, sentarse apoyada contra la cristalera y observar como todos avanzaban con ligereza por las calles de California. Fuera para trabajar o fuera para intentar alcanzar a algún actor hollywoodiense con el que sacarse una foto que más tarde acabaría en algún muro de Facebook. Fuera Lunes o fuera un Sábado por la mañana como éste. Cualquier día, cualquier hora. Skinny Latte, lo que consistía en su dósis diaria de café con más ventajas que el normal; ese era su desayuno. Sin azúcar. Sin nada espolvoreado por encima que alterara a ninguno de sus sentidos, y es que la rumana parecía haberse vuelto, de buenas a primeras, más tiquismiquis con todo aquello que ingería.

Calorías, ejercicio. Su despreocupación de años pareció desaparecer de un plumazo en cuanto Harlow se hizo notar en ella, sorprendiendo a la peculiar y extraña pareja y haciendo que la esbelta figura de la rumana se fuera redondeando con el paso de los meses. Con una barriguita pre-mamá y las faciones endulzadas, llegaron las preocupaciones con comentarios poco afortunados por parte del tio que la había metido en semejante embrollo después de años. No me acomplejó, pero... Casi. ¡Poco le faltó! Desde entonces se había hecho prometerse a si misma que eso no volvería a pasar, olvidándose que, por suerte, la genética estaba a su favor y jugaba en su bando; ni por un tercer embarazo, ni por un exceso de comida basura a la que, por aquel entonces, estaba más que acostumbrada. Alex bufó, rascándose la nuca con la mano que le quedaba libre mientras daba un sorbo al brebaje descafeinado que sostenía con la derecha, esperando con impaciencia a que el muñeco del semáforo finalmente cambiara de color. La morena odiaba recordar todas esas escenas vividas en Londres durante los ocho meses que duró su embarazo y su sensibilidad para nada justificada -según ella-. Antojos que la habían mantenido en vela durante horas y horas, siendo totalmente incapaz de despertar al hombre que dormía junto a ella para que fuera a por excentricidades a altas horas de la madrugada. Por orgullo. Por cabezonería. Había llorado, incluso, por no poder alcanzar a atarse los cordones de las zapatillas. Desde ese momento se había hecho asidua a las chanclas de playa y a las UGG que se enfundaba en invierno.

La rumana nunca había deslumbrado por su fondo de armario, pues ésta consiste, mayormente, en vaqueros agujereados que dejan a la vista más de lo que cubren y camisetas dos o tres tallas más grandes que, por norma general, pertenecieron en algún momento al ruso. Prendas básicas en algodón que, a pesar de su sencillez, la morena sabía como sacarle y como sacarse partido también. Prendas que, como esa mañana, dejaban a la vista su abdómen trabajado. Prendas que, como esa mañana, dejaba entrever la sombra de un tatuaje que se hizo en plena pataleta y que carga varias sesiones de láser para ser borrado. ― Cuidado, joder.― Masculló ofuscada después de que un grupo de turistas japonesas intentaran llevársela por delante al ver al doble de Justin Bieber avanzando sobre un monopatín. ¿Pero no veis que no es?! Negó para sus adentros, protegiendo el vaso de cartón que sujetaba entre las manos ante la posibilidad de una segunda avalancha sobrehormonada. No servía de nada ofuscarse y blasfemar, pues Alex dudaba que ninguna de la panda de frikis que la habían intentado atropellar, supiera decir ni una sola palabra en su idioma. La rumana estaba ofuscada. Ofuscada por las japonesas. Ofuscada por conocer a quien creían perseguir y por saber alguna de sus canciones. Ofuscada. Su ceño se habia fruncido considerablemente antes de que consiguiera hacerse un hueco sobre el muro que separaba la arena de la playa de la avenida. A pesar de respirarse tranquilidad, la rumana no estaba en paz.

Alex I. Comăneci
Neutros
Neutros

Mensajes : 75
Fecha de inscripción : 15/01/2012
Localización : Aquí, allá. ¿Qué coño te importa? ¿Desde cuándo tengo que dar explicaciones, eh?

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: I'm virgin. I never-never even done sex. I don't know how | Andrey.

Mensaje por Andrey M. Nóvikov el Lun Ene 16, 2012 5:25 am


Esa mañana Andrey salió temprano de casa con la tabla de surf a cuestas y una mochila donde pondría la ropa, para que ningún hijo de puta pudiera aprovecharse de la situación y llevarse las llaves de la enorme casa donde vivía con su extraña familia, entre tantas otras cosas que había metido. Tenía ya todo lo necesario para pasar una mañana surfeando esas olas que según habían anunciado la noche anterior en las noticias, iban a tener una altura estupenda para todo aquel dispuesto a meterse en el mar con una tabla y un par de huevos, soportando al mar furioso, que en más de una ocasión querría tirarle de la tabla sin piedad. El surf había sido otro de sus innumerables intentos por dejar la cocaína y toda la demás mierda que se metía casi a diario, empezó como un proyecto al que no le veía demasiado futuro, pero hacía ya dos años desde que había tomado la decisión de sustituir el mono de la cocaína por el mono de surf, que por lo menos era más llevadero. ¿Había surtido efecto esa forma tan extraña de curarse de su adicción? Sí y no. Muchos días, Andrey no sentía la necesidad de meterse nada en el cuerpo que le diera la energía suficiente como para estar activo todo el santo día, pero otras veces lo necesitaba para evadirse de la realidad, para dejar de pensar en todo lo relacionado con su familia, con su mierda de trabajo, con sus mudanzas y todo lo que ello conllevaba. Sobretodo para las peleas que se organizaban los sábados por la noche y que le habían costado hasta ese momento dos muelas que fueron reemplazadas gracias al dinero, y al dentista que se las volvió a poner para que quedara como nuevo. Si no arriesgo, no gano, joder. Eso era lo que pensaba mientras avanzaba entre toda la marea de gente que se había levantado aquella mañana para ir en busca y captura de los famosos que le quitaban el sueño, y que a Andrey le importaban menos que una mierda.

Nunca había sido un fan loco de ningún grupo, de ninguna serie de su época o de cualquier otra gilipollez. Andrey creía que eso estaba hecho para que los niñatos que no tenían otra cosa que hacer le comieran la cabeza a sus padres para que les compraran mierda de su grupo, que por cierto, en muchas ocasiones no valían ni para tirarles a la basura. Por ese motivo había decidido que en su casa no se escucharía ningún grupito para niños retrasados, ni ninguna otra tontería. Desde por la mañana hasta por la noche sus hijos se acostumbraban a tener dentro de sus oídos a bandas míticas de rock con las que su padre, Andrey, entrenaba día sí y día también en el patio, que hasta ese momento no habían podido llenar de pesas y de máquinas para hacer ejercicio porque la mudanza las había dejado por el camino. Poco le importaba a Andrey ya toda la mierda de las mudanzas cuando se metió en el agua a buscar alguna ola que hiciera que todos sus compañeros se quedaran con la boca abierta, pidiéndole que le hiciera de nuevo. Una ola, dos, tres, cuatro. Había perdido ya la noción del tiempo cuando alguien, sin querer o queriendo, le tiró de la tabla, literalmente. Andrey quería evadirse de la realidad haciendo surf y gilipollas como aquel no le dejaban en paz. Lo que comenzó como una disputa tonta entre un par de hombres con pelo en pecho terminó convirtiéndose en una batalla campal, en la que los puñetazos iban y venían tan rápidos como la velocidad del sonido. Andrey no sabía ya a quién pegar y a quién no. Todo el que se le acercaba recibía un puñetazo en la cara, y no, él no se libraba de recibirlos, lo que le hacía encenderse aún más, cabrearse aún más. No podía pensar, solamente actuaba.

Rodaba por la arena y se volvía a levantar para propinar otro par de puñetazos que le dejarían un par de segundos tranquilo, hasta que otro hijo de puta volviera a agarrarle por detrás con la intención de dejarle indefenso al resto, quienes, sin duda, aprovecharían para pegarle. La batalla campal terminó con la policía en la arena, pidiéndoles a todos, incluido a Andrey que dejaran de pelear de una santa vez. Entre tanto revuelo, Andrey distinguió en la playa una silueta que le era extrañamente familiar. Agudizó la vista para darse cuenta de que Alex había salido de casa, y estaba a un par de metros, sentada, como si no tuviera mil cosas que hacer con los críos y la casa. Andrey, en vez de ofuscarse aún más gritó su nombre.-¡Que me soltéis de una puta vez! ¡Que yo no voy a ningún lado! ¡ALEX! -Se desgañitó tratando de llamar a su compañera de cama, quien no parecía coscarse de que su novio, o lo que fuera Andrey para ella, estaba en un apuro y de los grandes. Iba a ser encarcelado si alguien no lo impedía, y rápido. No podía hacer otra cosa más que gritar, porque el policía que le había agarrado ya se había hecho cargo de ponerle las esposas, en un intento porque no se le fuera de las manos la situación. Una disputa tonta que había acabado con media playa mirándoles. Andrey no sentía vergüenza. Quería largarse de allí cuanto antes. No quería fichas policiales ni ninguna otra mierda que le perseguiría el resto de su vida. ¿Cómo iba a vender mierda por ahí si ya tenían su cara en un papel, en la comisaría? Negó con la cabeza, resistiéndose todavía a ser arrastrado -no literalmente- fuera de la playa.-¡Alex! ¡JODER! ¡Ven aquí! -Gritó por última vez. Quería que aquella mujer fuera a rescatarle, que dijera que estaba preñada y que él tenía una profunda depresión por ello, bebía y se descontrolaba.

Andrey M. Nóvikov
Neutros
Neutros

Mensajes : 47
Fecha de inscripción : 15/01/2012
Edad : 31

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: I'm virgin. I never-never even done sex. I don't know how | Andrey.

Mensaje por Alex I. Comăneci el Lun Ene 16, 2012 6:58 am

Irresponsable, mala madre. Lo que quieras, ya me han dicho de todo. Adelante, intenta ser más original que el resto. ¿Quién en su sano juicio salía de casa dejando dentro de ésta a un puñado de niños -que no sobrepasaban los doce años de edad- sin supervisión de ningún tipo? Alex. Sólo Alex tenía los santos cojones de dejarles a todos a cargo de un rubito de metro y medio de apenas once años. La misma chica que había dejado caer las sandalias al suelo para cruzarse de piernas sobre el muro y disfrutar del sabor del café que ingería de cuando en cuando y que la ayudaba a despejarse. Amargo. Fuerte. Como ella, o eso le gustaba creer. La misma chica que se afanaba cuando soplaba el viento para evitar que éste hiciera volar el sombrero que llevaba sobre la cabeza. La misma chica cuyos cabellos el viento quería mecer. La misma chica que no se permitía darse la vuelta para no buscar a ese a quien andaba buscando desde que salió de casa. A ese a quien andaba buscando desde que salió de la cama, descalza, en busca del cuerpo musculado del rubio de nacionalidad rusa que chapoteaba en alguna parte de la costa californiana. ― O eso es lo que dice él.― Pues Alex no creía ni una sola palabra. ¿Salir a surfear? ¿Desde cuándo? ― Se cree que soy tonta o algo.― Se dice a si misma continuamente, desde que abre los ojos y no le ve a su lado. Para la rumana, Andrey no iba a surfear, iba a paliquear con cuanta tia en bikini se cruzara. Para la rumana, Andrey no iba a coger olas y darse un chapuzón, Andrey iba para ver a tias en topless con las que podría follar antes de que cogieran un avión de vuelta a donde fuera y que la morena se enterara.

Se ofuscaba. Con cada tic, con cada tac del reloj, la sangre corriendo por las venas de Alex, rozaba su punto de bullición. Era su subsconciente el encargado de haberla llevado hasta Santa Mónica. Eran sus celos los que la habían sacado de la cama a rastras para traerla hasta la playa donde el muchacho decía pasarse las mañanas. ¿Cuántas veces había salido de la cama, detras de él, para asegurarse de que el ruso decía la verdad? ¿Cuántas veces había madrugado únicamente para cerciorsarse de que no estaba con ninguna otra y que hacía malabares sobre una tabla que la rumana había pensado en destrozar? Muchas. Demasiadas para ser considerado sano. Nunca había visto nada por lo que debiera de preocuparse, pero la mosca seguía zumbando cerca de la oreja de la rumana. Siempre pegada. Siempre detrás, alertándola. Alarmándola. A todas horas. Sin descanso. ¿Cómo iba a creer Alex nada que saliera de la boca del chico? Fuera verdad, fuera mentira, para la morena siempre era lo segundo. Palabra tras palabra no era más que mentira tras mentira, era por eso que no había dudado en despertar al rubio por cuyas venias corría la misma sangre para que les echara un vistazo a las más pequeñas de la casa durante el rato que ella estuviese fuera, buscando un encuentro que nunca encontraba o nunca presenciaba. Buscando un polvo que nunca había visto. Buscando un magreo que nunca había existido. Se sentía completamente estúpida, aunque aún no entendía muy bien por qué. ― No sé para qué cojones vengo.― Murmuró para evitar que la tacharan de loca, dejando el vaso de cartón sin supervisión. ¿Por qué no se giraba y trataba de ubicarle en alguna parte del agua? ¿Por qué no buscaba el cuerpo bronceado que decía estar sobre una tabla de surf? Acariciándola en vez de estar haciendo lo suyo con Alex. Celos; Alex estaba celosa de una tabla aunque fuese incapaz de reconocerlo. Así eso resultaba difícil, distinguir la voz del ruso entre un millar, era pan comido para la morena que, por primera vez desde que había llegado, se dignaba a girar el tronco en su busca.

Ahí estaba. El responsable de muchas de sus preocupaciones. El responsable de muchos de sus disgustos. El responsable de muchas de las magulladuras que Alex llevaba esparcidas por el cuerpo. El responsable de todo lo que le pasaba a la rumana, rodeado de una decena de espectadores y un par de policías que parecían haberse hecho con él. Extrañada por la presencia de esposas, la chica recuperó sus sandalias antes de bajarse del muro y avanzar por la arena hasta el lugar donde parecía haberse batallado por Gibraltar. ― ¿Qué coño ha pasado?― Preguntó nada más unirse al corrillo que se había formado alrededor de todos los musculitos implicados en el alboroto que acabó con la paz que azotaba la playa de Santa Mónica aquella mañana. Nadie soltaba prenda. Nadie decía nada salvo el ruso, pero Alex no quería buscar con la mirada a quien había gritado su nombre. Alex no quería buscarle con la mirada y meterse en ninguna parte por salvarle el culo. Si eres mayorcito para zurrar, también lo eres para arreglártelas tú solito, soplapollas. Alex no se movió además de para cruzarse de brazos. Alex ni se inmutó pues de hacerlo tenía claro que el ruso no sería el único en alejarse metido dentro de un coche patrulla. La rumana estaba deseando poder partirle la tabla contra la cabeza.

Alex I. Comăneci
Neutros
Neutros

Mensajes : 75
Fecha de inscripción : 15/01/2012
Localización : Aquí, allá. ¿Qué coño te importa? ¿Desde cuándo tengo que dar explicaciones, eh?

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: I'm virgin. I never-never even done sex. I don't know how | Andrey.

Mensaje por Andrey M. Nóvikov el Mar Ene 17, 2012 1:40 am

El peligro acechando en cada esquina, la sensación de quemazón en los nudillos después de haber propinado un par de puñetazos a ese hijo de puta que sin venir a cuento, le había tirado de la tabla haciendo que se golpeara la espalda con un par de rocas mal puestas. Al principio no sentía el dolor, no sentía nada que no fuera el calor de la sangre en sus manos, pero ahora, cuando la batalla se había acabado por culpa de la interrupción de un par de agentes de policía uniformados y perfectamente equipados para darle una descarga en el culo a quien no quisiera estarse quieto, Andrey comenzaba a sentir poco a poco el dolor que había ignorado durante tanto revuelo. A su parecer, la espalda le sangraba, aunque no tenía ninguna certeza de ello. Las manos esposadas detrás de su espalda le impedían hacer cualquier movimiento para ver si realmente estaba herido o no. La cabeza le daba vueltas y comenzaba a pensar que de un momento a otro podía desmayarse por la falta de agua y el sol que hacía que la arena bajo sus pies ardiera tanto como su cabeza. Por más que le gritaba a su novia, a su compañera, a su amiga, a su víctima, a lo que fuera, que se hiciera cargo de la situación y le salvara de acabar entre rejas, no escuchó ni vio como se acercaba a los policías, porque no lo hizo. Andrey se sintió traicionado. Defraudado. Él le había estado salvando el culo durante ocho años para que, cuando llegaba la hora de la verdad, ella no fuera capaz de hacer lo mismo con él. No pedía tanto, solamente que se olvidara por un momento de lo hijo de puta que era -que eso lo sabían todos- y se dignara a hablar con el policía que permanecía detrás de él, sin muchas ganas de soltarle y dejarle ir para que, según él, se volviera a meter en líos.

Andrey no entendía la razón por la que ninguno de los surfistas que le habían acompañado en esa mini batalla en la orilla de la playa no estaban esposados como él, pero le restó importancia. Si esos cabrones se libraban de ir al calabozo él también lo haría, a base de mentiras. Se preparó. Tomó aire, despacio, como si no tuviera ninguna prisa, aunque por dentro ya sabía que se acercaba el momento en el que le dirían rápidamente todos sus derechos antes de agacharle la cabeza para meterle en el coche patrulla que habían aparcado en la playa, literalmente. El muchacho sonrió con fingida tristeza, girándose lo suficiente como para mirar al policía que no estaba ocupado en apartar a todos los curiosos de la zona conflictiva.-Oiga, yo no puedo ir al calabozo. Ha sido una pelea tonta. Lo siento. ¿Por qué no lo dejamos así? -Lo único que Andrey consiguió con eso fue que el agente se echara a reír y negara con la cabeza, dándole a entender que nada de lo que dijera iba a hacer que se escapara por una vez de acabar en el calabozo con todos los ladrones de turno que se aprovechaban de la inocencia de los turistas que cada año iban a California buscando unas vacaciones perfectas, llenas de famosos en todas las esquinas a los que sacar miles de fotos y cientos de horas de sol que disfrutar para ponerse tan moreno como lo estaba él. Quién le veía y quién le ve. Andrey había cambiado demasiado, dejó de ser un palo, sin músculos ninguno, para convertirse en un bronceado y musculoso deportista. Con los años había pasado de no querer levantarse de la cama a no querer meterse si no era para follar.

El ruso suspiró, buscando de nuevo entre toda la gente a la cara conocida que había visto antes, ahí estaba. Cruzada de brazos, como si en ningún momento se le hubiera pasado por la cabeza ni siquiera el moverse para poder echarle un cable ahora que tanto lo necesitaba. Rechinó los dientes. No le gustaba. Le empezaba a dar asco que él, que dejaba que le arrancaran los dientes a puñetazos para poder pagar la lujosa casa donde residían con los críos, le daba todo lo que quería, siempre. En cuanto a dinero no se quejaba. Un par de billetes de los grandes, o diez, o veinte. Andrey hacía de todo por la rumana y sin embargo ella no se movía, ni hacía amago de ello.-¡Alex! Esa es mi novia, ella... ¡Ella está preñada! ¿No la ve? ¡Que le puede dar un chungo! -Nunca supo si fue por la insistencia, o porque a los policías ya les parecía demasiado bochornoso para el ruso, pero en un abrir y cerrar de ojos estaba ya desposado. Se limitó a masajearse las muñecas, que aunque llevaban apresadas poco tiempo ya comenzaban a hacerle daño. Demasiado pequeñas, pensó antes de acerarse a la muchacha, no sin haberles pedido disculpas de mala gana al par de policías que le habían soltado con tal de no tenerle en el calabozo escuchando sus quejas todo el santo día. Le hubieran soltado de todas formas.-¿Por qué coño no has hecho nada? Casi me llevan a comisaría.-Negó levemente con la cabeza en un intento por no calmarse y montar un numerito delante de todos los presentes, que le miraban como si pensaran que los agentes habían cometido en grave error al soltarle.-Ya hablaremos tú y yo.-Murmuró contra su oído, deslizando la mano hacia donde sabía que guardaba bajo la ropa una magulladura que no tardó en apretar con la palma de la mano.-Te vas a enterar, hija de puta.-Sonrió como quien no quería la cosa, pasando un brazo por los hombros de la chica para dejar a los policías contentos de una buena vez. Quizás Alex pagaría ese día por lo que un niñato le había hecho sobre la tabla, pero qué se le iba a hacer. Es ley de vida.

Andrey M. Nóvikov
Neutros
Neutros

Mensajes : 47
Fecha de inscripción : 15/01/2012
Edad : 31

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: I'm virgin. I never-never even done sex. I don't know how | Andrey.

Mensaje por Alex I. Comăneci el Mar Ene 17, 2012 6:15 am

Cerrar los ojos y dejar pasar un par de milésimas de segundo, respirar hondo para coger fuerzas y darse media vuelta sin mirar atrás, hubiese sido la opción fácil para la rumana; volver a casa y meterse de nuevo en la cama como si no hubiese pasado nada sobre la arena. Calzarse las sandalias de plástico, ignorar el revuelo, el gentío que crecía con cada segundo que marcaba el segundero del reloj de pulsera que aprisionaba su muñeca izquierda, y se arrejuntaba con el que ya estaba presenciando la escena, era la opción más difícil. Permanecer inerte, completamente inmóvil, aguantando las ganas de alzar la vista y perderse en el tormentoso mundo que escondían las dos orbes del ruso, era un suplicio que Alex había decidido soportar con tal de castigar a su verdugo. Algo le decía que se moviera del sitio y terminara de acercarse, que dijera algo que suavizara las cosas; cualquier cosa serviría, pero los labios de la rumana parecían haber sido sellados a cal y canto. No soltó ni una sola palabra más. Ni un solo pestañeo que delatara su presencia entre la muchedumbre enfundada en diversos trajes de baño. Él sabía que ella estaba allí, tal vez justo delante suyo. Él la había visto acercarse, sin quitarle el ojo de encima, después de sus gritos, la morena estaba segura de ello. Alex sentía como ese par de ojos se clavaban en ella sin necesidad de comprobarlo por si misma. Como un par de garras. Como un par de cuchillos bien afilados. Se clavaban, rasgaban la piel de la muchacha hasta conseguir clavarse donde sabría que dolería.

Como nadar en un mar de agua helada; que el hielo del ártico se rompa bajo tus pies y caigas al agua sin poder evitarlo. Eso eran los ojos de Andrey para la morena; en un abrir y cerrar de ojos, la extraña sensación de asfixia se apoderaba de ella. Sentir como un millar de cuchillos inexistentes le atraviesan hasta el alma. Casi peor que un golpe mal dado. Casi peor que unas palabras poco agraciadas con las que intentar minarle la moral, y de paso la autoestima. ― Es cierto.― Mintió sin mucho esmero para respaldar las palabras poco sinceras del chico. Es su problema, no el mío. Aunque se me ocurren excusas mejores que esa. ¿Embarazada? La rumana rodó los ojos, negando para sus adentros antes de, finalmente, alzar la vista, y encontrarse de lleno con su problema. Un problema que, en teoría, dejaría de existir en cuanto las esposas que habían rodeado las muñecas del ruso desaparecieron de la vista de todos los presentes. Al parecer no existiría ninguna visita indeseada a la comisaría, ni siquiera existiría la llamada de rigor, ni los trámites y el papeleo que tendría que hacer la rumana para sacarle de allí antes de que abriera la boca y el lío fuera aún peor. ― Todo está bien.― Murmuró para tranquilidad del par de agentes uniformados que parecían no querer quitarles el ojo de encima. Gracias, agente.― Puestos a mentir, más valía seguir haciéndolo. Alex fingió sonreir con alivio, aferrándose a uno de los brazos musculados que acababa de recuperar su completa libertad y que poco tardó en hacer de las suyas.

Definitivamente su problema no había desaparecido; estaba más vivo que antes. Tal vez ahora el ruso no estuviese esposado, pero eso era lo de menos. Una advertencia al oído. El prólogo de lo que sucedería en cuanto la parejita consiguiera estar a solas; cuando los policías, los más curiosos y esos tres niños que esperaban por ellos en casa, desaparecieran y dejaran que, tanto Alex como Andrey, hicieran de las suyas. Que comenzara el enfrentamiento. ― Tú te lo has buscado. Si te estuvieras quietecito no pasarían estas cosas.― Masculló por lo bajini, manteniendo la misma sonrisa de pega en el rostro que ayudaría a disipar las tensiones que les cercaban a todos los presentes. ― Además, el paseíto te hubiese sentado a las mil maravillas. Con suerte te hubiesen dado algo para desayunar.― La cosa no estaba para echarle más leña al fuego, pero ahí estaba Alex para llevar la contraria al mundo, haciendo exactamente lo contrario a lo que debería de hacer. Cerrar el pico para no liarla. Morderse la lengua hasta sangrar. Tragarse las palabras aunque se atragantara con ellas incluso cuando la mano de Andrey, a escondidas, encontró un punto débil donde atacar sin ser visto por nadie. Ni un sólo respingo. Ni un sólo bufido rompió la aparente calma en la que la rumana parecía estar sumida. ― No me toques los huevos que todavía te la puedo liar.― Contraatacó, sin perder la calma, después de notar como el sabor a hierro empezaba a hacerse notar en su boca, producto de haberse estado mordiendo el interior del labio inferior con más fuerza de la necesaria. Relájate, se dijo en silencio. Amenaza contra amenaza. ¿Quién de los dos iba a marcarse un tanto en esa partida? Todo depende del ojo con el que se mire. ― Así que, cariño, mejor será que nos alejemos.― Comenzó a decir mientras deslizaba la mano por el brazo del chico, regalándole el rostro más angelical jamás visto. ― Aprovecha que todavía hay olas.― El papel de la esposa devota, de la eterna novia enamorada y complaciente que animaba a su chico e intentaba tranquilizarse. Sólo quiero que me deje en paz un rato.

Alex I. Comăneci
Neutros
Neutros

Mensajes : 75
Fecha de inscripción : 15/01/2012
Localización : Aquí, allá. ¿Qué coño te importa? ¿Desde cuándo tengo que dar explicaciones, eh?

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: I'm virgin. I never-never even done sex. I don't know how | Andrey.

Mensaje por Andrey M. Nóvikov el Mar Ene 17, 2012 9:54 am

Andrey estaba exhausto. Había perdido todas las fuerzas en dar puñetazos a diestro y siniestro, y también había perdido las fuerzas con las que contaba ese día para intentar defenderse de todo aquel que pretendía darle una buena hostia que le dejara con la cara marcada un par de días, tal y como lo haría Alex, quien, para la sorpresa de Andrey, salió a su rescate no mucho tiempo después de que el chico la pusiera sobre aviso. Era difícil jugar con ella a ver quién de los dos era más fuerte. Era difícil, porque se jugaba con fuego, y cualquiera de los dos iba a acabar quemándose casi seguro. No le gustaba perder, tampoco le gustaba dejarse ganar por la rumana, que estaría encantada de restregarle por toda la cara que le había ganado sin necesidad de fuerza bruta que precisamente era lo que utilizaba Andrey para salirse con la suya una vez tras otra. Si algo no le gustaba, utilizaba la fuerza bruta. Si no quería algo, fuerza bruta. Todo para él se solucionaba con la fuerza, pero no con el cerebro. No pensaba las cosas antes de hacerlas, se dejaba llevar por el momento y acababa metido en líos como ese, en plena mañana rodeado de agentes de policía dispuestos a llevárselo al calabozo si las cosas se ponían extremadamente feas. Alex le había echado una mano, tarde, pero se la había echado. Andrey lo agradecía en silencio mientras cogía sus cosas para dirigirse con la muchacha a otro lado de la playa, lejos de todo aquel tumulto de personas que se habían acercado para ver lo que pasaba en la arena de una de las playas más famosas y concurridas de California.

No tenía ganas de hablar con la chica que la miraba por primera vez desde que se conocían con cara de no haber roto un plato en su puta vida. Andrey frunció el ceño, visiblemente extrañado con el gesto de la chica, a pesar de que sabía que lo hacía por no levantar ya más sospechas entre aquellos agentes, aún así no podía dejar de pensar en el gesto de la rumana. Dulce. Tierna. Solamente la había visto así con su hijo, y siempre a escondidas. Andrey les envidiaba. Sentía que su relación con ese chaval nunca iba a ser la misma que tenían entre ellos.-¿Te has traído bikini? Espero que sí porque vamos al agua, venga.-Susurró nuevamente contra el oído de Alex cuando estuvieron lo suficientemente alejados de toda la multitud como para que la policía se quedara contenta, puesto que emprendían el camino ya de vuelta a su coche. No esperó a escuchar la respuesta de su acompañante, tan pronto como formuló la pregunta dejó sobre la arena la mochila que llevaba cargando toda la puta mañana y que comenzaba a sacarle de quicio. Él era más de guardar todo en los bolsillos y ya está. Bastante había sufrido ya llevando todos los días, a todas horas, una mochilita rosa donde guardaba los pañales de su hija pequeña. Prefirió no recordarlo y se puso en pie sobre la tabla, esperando a que la rumana se deshiciera de toda esa ropa que llevaba. ¿Acaso no le gustaba la playa? ¿No tenía planeado darse un chapuzón? ¿Entonces qué coño hacía allí como espectadora, mirándole? Andrey negó para sus adentros, a sabiendas de que conocía la respuesta perfectamente, y desde hacía bastante tiempo.

Sabía que Alex, como siempre, celosa compulsiva, le perseguía allá a donde iba. Sabía perfectamente que no estaba tranquila si no le veía hablar con sus amigos, si no le veía mirar hacia abajo con tal de no cruzar la mirada con alguna muchacha de buen ver que estuviera por la zona. Salía de casa y allí estaba ella, detrás, observando, inquieta, como si no pudiera no saber a dónde se dirigía el muchacho. Le molestaba, mas no decía nada, porque Andrey también la perseguía a ella con tal de no encontrarse sorpresas desagradables. Siempre esperaba que la rumana no se convirtiera en un zorrón y le olvidara mientras se magreaba con cualquier hijo de la gran puta. Siempre esperaba lo mejor de Alex, y el noventa y nueve por ciento de las veces lo había obtenido.-Vamos, Alex. No tengo todo el puto día y quiero enseñarte a surfear.-Comentó en voz lo suficientemente alta como para que le escucharan los turistas que hacía ya unas horas que habían extendido sus toallas, sombrillas y demás sobre la arena. Como siempre, no esperó. Se hizo con el sombrero de la chica en un momento y se lo puso él mismo, para no perder tiempo y poder hacer amago de quitarle también la camiseta, pero antes de hacerlo paró en seco. No quería obligarla. Ella se obligaría a sí misma a seguirle. Sonrió, dejando el sombrero sobre la arena. En un par de minutos ya estaba de nuevo en el agua, intentando mantenerse en pie sobre la tabla, eso sí, intentando hacerse con un par de ojos que vigilaran su espalda, para que ningún otro subnormal le tirara al agua por un motivo que Andrey en ese momento aún desconocía.-¡Venga, Alex! ¡Me aburro aquí solo!

Andrey M. Nóvikov
Neutros
Neutros

Mensajes : 47
Fecha de inscripción : 15/01/2012
Edad : 31

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: I'm virgin. I never-never even done sex. I don't know how | Andrey.

Mensaje por Alex I. Comăneci el Miér Ene 18, 2012 2:18 am

¿Temer o relajarse? ¿Debía la rumana bajar la guardia o continuar con las armas cargadas por si recibía algún ataque que, seguramente, llegaría? Su fuero interno le gritaba que se decidiera por la segunda opción y, para su propia sorpresa, se hizo caso, obligándose a permanecer en alerta. Más vale prevenir que curar. ¿Quién podía bajar la guardia cuando se tenía un brazo exterminador alrededor de los hombros? ¿Quién podía conservar la calma cuándo se puede sentir el aliento de su contrincante habitual contra la piel de la nuca? Alex suspiró, arrastrando los pies por la arena para seguir los pasos del ruso con mala gana. ― No he traído nada debajo. Ni siquiera tengo ganas de playa.― ¿Cómo decirle que no había llegado hasta Santa Mónica con el propósito de tostarse sobre una toalla? ¿Cómo decirle que no había estado caminando durante cuarenta minutos para intentar alcanzarle y, tal vez, encontrarse con una sorpresa poco grata? Ni había llevado el bikini puesto debajo de la ropa, ni había cargado con ninguna toalla, y mucho menos se había acordado del bote de protección solar con el que evitar lucir un bronceado rojizo. ― Es más, tenía intenciones de volver a casa. Te he escuchado por casualidad.― Mintió descaradamente a sabiendas de que él conocía la verdad. La rumana sabía, a ciencia cierta, que sus hábitos no eran ningún secreto para el nuevo surfista. Ella iba tras él casi tanto como lo hacía el ruso con ella. ― Además, los niños están solos.― Ésa era la única forma de librarse de un chapuzón y poder meterse en la cama que había vuelto a abandonar para nada. Horas de sueño desperdiciadas. ― Le dije a Jèr que no tardaría en volver. No quiero que se preocupe sin necesidad.― Añadió antes de detenerse en seco.

Gata. La rumana huye del contacto del agua de la misma forma en la que lo hace un felino. Se engrifa. Se ofusca y saca las uñas. Me baño por higiene, porque si no... Ni eso. Alérgica al agua, como lo era su mascota. Como ese gato negro que la acechaba en cada esquina desde tiempos inmemorables y que llevaba con ella desde entonces. Protegiéndola. Guiándola. Escuchándola. Aconsejándola. Un bicho malo de ojos oscuros al que bautizó como Lucifer cuando se tuvieron la suficiente confianza como para dormir en la misma estancia sin miedo a que alguno le sacara los ojos al otro. Chasqueó la lengua, peinándose con los dedos en cuanto el sombrero de paja que cubría su cabeza y escondía su maraña de pelo que gritaba a los cuatro vientos un ''me acabo de despertar'' desapareció para acabar en manos de Andrey y, posteriormente, sobre su cabeza. ― Te estoy diciendo que no, gilipollas.― Como se suele decir por ahí, la rumana recién acababa de salir de la cama, no estaba para meterse en el agua y mucho menos para subirse sobre ninguna tabla de la que, seguramente, no tardaría en caerse. Alex no estaba por la labor de darle razones para reirse de ella. Alex no estaba por la labor de quitarse ni una sola prenda de ropa y seguir sus pasos hacia el agua. Haber salido de la cama tras el muchacho y no encontrar nada de lo que esperaba encontrarse al llegar a la playa, le había terminardo de cruzar los cables. ― Yo paso.― Masculló, buscando con la mirada algún lugar donde sentarse y evitar acabar embadurnada de arena. ― Si quieres te espero aquí un rato en lo que tú haces el idiota.― Y sin esperar respuesta, la morena se buscó su asiento improvisado sobre la mochila que el ruso había dejado caer sobre la arena. Que se te da bien hacer el idiota, añadió para sus adentros mientras veía como el cuerpo musculado y bronceado de su compañero de cama se abría paso entre las aguas como un día lo hiciera Moisés en el Mar Rojo.

''Moisés extendió la mano sobre el mar, el Señor hizo retirarse al mar con un fuerte viento de levante que sopló toda la noche; el mar quedó seco y las aguas se dividieron en dos.'' Alex estaba segura que, de intentar atravesar las aguas, éstas la atraparían de la misma forma que las aguas del Mar Rojo acabaron con todo el ejército del Faraón que había entrado en el mar en seguimiento de Israel. Una trampa mortal. Una jugarreta del Todopoderoso para acabar con ella. ― Abúrrete, cabrón.― Dijo en voz baja cuando su nombre volvió a hacerse oir. ¿Estaba sordo? ¿Le habían estallado los tímpanos durante la pelea improvisada en la orilla? La rumana rodó los ojos antes de levantarse y, con decisión, deshacerse del pantalón. No había bikini debajo de aquella pieza de ropa deportiva, tan solo un par de braguitas en blanco y negro que pertenecían a la última colección de Armani. La camiseta de color negro corrió la misma suerte que su compañero; amontonados sobre la mochila que había usado sobre asiento, la morena ataviada en ropa interior, caminó hacia la orilla con paso lento. Indecisa. Poco convencida. No tenía ganas de meterse. No tenía ganas de tocar el agua con el dedo gordo del pie. No quería que se le erizara la piel cuando el agua cubriese más arriba de sus tobillos. No tenía ganas, pero menos ganas tenía de volver a dejarlo solo y quedarse echa un volcán en erupción metida en la cama. Con los brazos en jarras sobre su cintura, Alex paró en seco cuando el agua salada llegó a la altura de sus rodillas. ― No pienso meterme más. Y mucho menos para hacer surf.― Y no había nada más que decir. ¿Tú me has visto con cara de querer aprender?

Alex I. Comăneci
Neutros
Neutros

Mensajes : 75
Fecha de inscripción : 15/01/2012
Localización : Aquí, allá. ¿Qué coño te importa? ¿Desde cuándo tengo que dar explicaciones, eh?

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: I'm virgin. I never-never even done sex. I don't know how | Andrey.

Mensaje por Andrey M. Nóvikov el Miér Ene 18, 2012 5:44 am

Pesado. Molesto. Enfadoso. Impertinente. Aburrido incluso, diez mil palabras que se podían utilizar perfectamente para definir al hombre que no se cansaba de hacer chillar a Alex, y no precisamente de placer. De veinticuatro horas con las que el día contaba, las diez primeras estaban ocupadas en intentar mantenerse en pie sin necesidad de ninguna droga que les diera las energías suficientes, mientras que las demás se volvían un sinfín de puñetazos, de gritos, de empujones, de insultos, con paradas en medio en la que trataban de cuidar y criar lo mejor posible a unos niños que habían crecido escuchando como se trataban; como si fueran un par de perros. Andrey no mostraba ningún cariño hacia la muchacha de piel cálida y ella por su parte hacía lo mismo con Andrey. No se daban un momento de tregua. Todos los días eran una guerra constante en la que alguno de los dos estaba destinado a perder, por mucho que se resistiera. Andrey por su parte intentaba no perder. Chantajeaba, amenazaba y muchas veces lo único que conseguía con ello era que la rumana soltara una carcajada estridente, que le haría arder las venas y acabaría por marcar la cara de su adversaria con una mano, con los nudillos, con lo que tuviera más cerca. La pedazo de casa en la que vivían en California era la zona donde siempre se producían atentados contra la vida de uno y de otro. Parecían no cansarse de pegarse, de follarse, de darse asco, de no quererse, pero Andrey durante un par de días al año sentía que no podía más. Quería ir para atrás, retroceder en el tiempo y no haber conocido a esa espectacular mujer que le había vuelto completamente loco, pero sabía que ya era demasiado tarde. Tenían una hija en común. Una hija. Quién se lo hubiera dicho a Andrey, que una criatura de menos de tres años haría que sus fuerzas se vieran mermadas.

Él mismo decía que su hija era lo mejor que le había pasado en mucho tiempo. Harlow era un rayo de sol que iluminaba su día cada mañana, cada tarde e incluso cada noche, pero se metía en demasiados líos. El ruso no comprendía cómo, pudiendo ser tan pequeña, armaba semejantes escándalos allá por donde iba. Dejaba a las niñas sin mechones de pelo, que quería guardar debajo de su cama para acordarse de lo mucho que lloraron, tiraba los juguetes de sus hermanos por el señor Roca y mil cosas más que Andrey prefería olvidar. Le cansaba. Un terremoto constante, que unido al otro terremoto que era su madre, hacía que la cabeza le diera vueltas y tuviera que sentarse y descansar, o bien irse una mañana a coger olas a la playa sin que nadie le persiguiera, aunque eso era misión imposible. Pensó que ese día Alex no querría dejar a los niños solos en casa y se equivocó. Ahí estaba ella. Con las manos en la cintura, mirándole desde la orilla con cara de pocos amigos. La misma cara que a Andrey le ponía cachondo. La misma cara con la que soñaba cada noche, y la misma cara que tenía la oportunidad de ver cada mañana. Sonrió casi sin poder evitarlo, pensando que ese día él le ofrecería una tregua durante un par de horas. Lo que durara un chapuzón con un polvo increíble incluido. No se sentía tan fuerte, ni tan valiente después de haber recibido un par de puñetazos. ¡Estoy cansado! Como Alex se ría de mí... Mierda. Acércate. Dicho y hecho. Se acercó sentado sobre la tabla, remando con las manos para que, de paso, la rumana se diera cuenta del buen trabajo que hacía en el gimnasio y de la cantidad de venas que no sabía que tenía hasta que no empezó a coger esa musculatura de la que ahora se aprovechaba, de la que ahora se chuleaba allá donde fuera. Lo suyo le había costado, o eso al menos era lo que decía él para justificar que fuera un creído de mierda.

-Eres como tu hija cuando quiero bañarla todas las noches. Siéntate en la tabla y te doy una vuelta.-Le sugirió el muchacho, ya después de haberse bajado de la tabla para sostener ésta como si fueran las libretas de un universitario que vagaba sin rumbo fijo por los pasillos de ese gran edificio lleno de clases, de estudiantes, y de letras que Andrey creía que en su vida iba a entender. Lo que sí entendía era que la chica se resistía con el único propósito -al menos eso creía el joven- de que él fuera a buscarla. Tomaba el mando por una vez. Lo aprovechó. Con la mano que le quedaba libre fue cogiendo el par de brazos de la chica para colocárselos sobre cada uno de sus hombros. Una estampa típica del verano. Una en la que reinaba el romanticismo, y que no tenía nada que ver con la realidad. Allí no había romanticismo. Allí había ganas de follarse, ganas de meterse en el agua para morderse el uno al otro sin que ningún intrépido bañista se diera cuenta de la situación, subida de tono.-Te llevaré lejos y follaremos, ¿qué te parece? -Ladeó la cabeza ligeramente, en un intento por hacer que la chica le mirara directamente a los ojos. Buscaba en los de ella algún rastro de debilidad para hacer que se metiera en el agua de una puta vez. Así eran todos los días en la vida de Alex y Andrey. Un reto constante entre el uno y el otro por ver quién demonios ganaba cada partida. A vida o muerte. No había más, ellos no conocían nada más que eso.-Los dos sabemos que quieres.-No dijo nada más. Sabía que no hacía falta. Se limitó a darse la vuelta, despacio, con intenciones de avanzar de nuevo hasta que el agua le cubriera los hombros; eso sí. No se iría sin la rumana encima de esa tabla que le había costado una pasta, y que ella misma había escogido a pesar de sus primeras protestas.

Andrey M. Nóvikov
Neutros
Neutros

Mensajes : 47
Fecha de inscripción : 15/01/2012
Edad : 31

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: I'm virgin. I never-never even done sex. I don't know how | Andrey.

Mensaje por Alex I. Comăneci el Miér Ene 18, 2012 12:00 pm

El sol siempre sale después de la tormenta, o al menos eso es lo que la rumana estaba acostumbrada a escuchar de boca de Valerica, su madre. No desesperes, le decía, después de la tormenta siempre llega la calma. Después de una noche de tantas, llena de desprecio envuelto en una oleada de sexo desenfrenado, el sol acariciaba la piel desnuda de sus hombros y traía una extraña sensación de paz consigo. Calma. Tranquilidad. Una tranquilidad a la que la morena no estaba acostumbrada. Una tranquilidad que incluso el agua que les rodeaba le transmitía a la rumana a pesar de las olas con las que los numerosos surfistas disperos por la zona disfrutaban. Olas de no poco más de dos metros que Alex hubiese preferido ver desde la arena. No le gustaba la playa, nunca le había gustado. No le gustaba que la arena le rozara los dedos de los pies al caminar. No le gustaba que las algas acariciaran su piel a medida que intentaba avanzar por el agua. No le gustaba el sabor que dejaba el agua salada impregnado en los labios después de un par de baños. No le gustaba tumbarse a coger sol sobre ninguna toalla para que luego su piel se despellejara al resecarse. No le gustaba el agua, sin más. Y mucho menos cuando el baño venía en compañía del ruso quien, después del altercado al que la policía puso un punto y final, parecía extrañamente relajado también. En calma. Al menos aparentemente. ― No quiero bañarme. ― Alex no se fiaba. No pensaba sentarse sobre la tabla para dar una vuelta que, con total seguridad, la dejaría en el agua.

Tal y como acababa de decir Andrey, la pequeña Harlow había sacado muchas de las malas costumbres de su madre. Entre ellas, su odio irrefrenable al agua. Los labios hechos para el pecado se curvaron en una pequeña sonrisa al mismo tiempo que la cabellera color azabache se mecía en el viento al negar con la cabeza. ― Es como un gato.― Murmuró, derritiéndose por momentos. Hablar de esa pequeña niña de cabellera rubia tenía, en la rumana, el mismo efecto que hablar del rubio oxigenado que crecía más rápido de lo que a su madre le gustaría. Se le bajaban las defensas automáticamente. Los plomos saltaban, la armadura caía al suelo dejándola completamente indefensa delante de su verdugo sin que éste fuera consciente de ello. ― Salvaje. ― Musitó, recordando los últimos momentazos de la más pequeña. ― Travieso. ― No daba tregua salvo cuando dormía. Y a veces ni eso. A ninguno de los dos; ni a sus padres, ni a sus hermanos tampoco. Un pequeño terremoto que no podía estarse quieto. Un huracán que arrasaba con todo lo que se interpusiera en su camino, y la nevera y el lavavajillas daban fé de ello. Una fierecilla que, como bien se sabe, sólo se conseguía calmar con música. Para el suplicio de todos, sólo había un jovencito de cabellera castaña que consiguiera domar a esa niña de apenas tres años de edad. Un crío de diecisiete años que movía masas y revolucionaba a jovencitas por todo el mundo; un fenómeno que nación en Youtube y que a la rumana, personalmente, no le movía nada, pero al que tenía que soportar si quería disfrutar de un merecido descanso. Diez pistas musicales que, en el fondo, todos agradecían que retumbaran entre las paredes de aquella casa. ― Tiene a quien salir. ― Y con eso la chica pensaba dar por terminado con el tema de Harlow. No era el momento para bajar los arpones en presencia del enemigo; era momento de estar en alerta por si éste decidía sacar los tanques y atacar.

Un ataque que la rumana esperaba desde que se habían alejado de la policía y que no llegaba. Un ataque que tardaba en llegar. Extrañada por ello, el ceño de Alex no tardó en fruncirse cuando el ruso se hizo con sus manos. No las sujetó. No las puso tras su espalda. No las apretó con fuerza. La morena suspiró con cansancio, dejando que el chico hiciera lo que quisiera. ― Follar me apetece. Bañarme no. ― Susurró, apoyando la barbilla sobre uno de los hombros del ruso antes de hincar los dientes en éste. ― ¿No nos podemos ir a casa y follar sin agua de por medio? ― Una pregunta que intentó responder cuando se vio obligada a ver su propio reflejo en las dos orbes de Andrey. ― Prefiero la cama. O la encimera de la cocina. No me gusta el mar, ni la arena, ni el sol. Ni la playa en general. ― Sobre todo cuando una extensión kilométrica de arena se extendía delante de sus ojos. ― Aunque si follamos, tal vez cambie de idea y termine gustándome. Como lo hacíamos en los viejos tiempos. Como en Sidney. ― Dijo, tanteando la comisura de sus propios labios con la punta de la lengua. Antaño, las aguas del Pacífico habían sido testigo de tórridos encuentros. Sin niños en casa esperando por ellos. Sin demasiadas preocupaciones. Salvo por eso todo seguía igual. Ellos seguían igual. Sus cuerpos seguían igual. Magullados. Aruñados. Golpeados. Mordisqueados. Marcados. Con los dientes, con las manos, con las uñas. ― Podemos echar uno rápido. ― Comenzó a decir, ignorando la tabla de surf para volver a pegarse al cuerpo de su compañero, rodeando éste con los brazos. ― Luego puedes quedarte aquí un rato más. Yo me iré para casa. ― Sin paranoias. Sin historias en la cabeza. Sin moscas detrás de la oreja. ― Es eso o nada. ― Sentenció, volviendo a hacer uso de sus caninos para atrapar una de las orejas del ruso con fiereza.

Alex I. Comăneci
Neutros
Neutros

Mensajes : 75
Fecha de inscripción : 15/01/2012
Localización : Aquí, allá. ¿Qué coño te importa? ¿Desde cuándo tengo que dar explicaciones, eh?

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: I'm virgin. I never-never even done sex. I don't know how | Andrey.

Mensaje por Andrey M. Nóvikov el Vie Ene 20, 2012 6:43 am



Los días en la casa que Andrey había comprado en California, y también la casa que con la ayuda de todos compró hacía ya bastante tiempo en Londres eran una sucesión constante de malos momentos. Aquellas paredes guardaban los secretos que, de salir a la luz, destrozarían para siempre la vida de ambos, por no decir que también destrozarían la vida de los más pequeños de la casa. Andrey seguramente viajaría en primera clase, vuelo directo, hacia la cárcel mientras que Alex estaría en un centro de desintoxicación intentando conseguir la custodia de unos hijos que habrían quedado, casi seguro, en las manos de alguna familia dispuesta a aguantar un torbellino, o dos, todos los santos días. Parecía que ninguno de los dos quería ver el peligro que les acechaba con esos juegos, donde la mentira y el dolor iban por encima de todo lo demás, donde los golpes eran la forma de mostrar el aprecio que sentían el uno por el otro y donde los insultos no eran otra cosa que ganas de follar. El ruso, el hombre de la casa, el cabeza de familia y tantas tonterías más, era el que tenía todas las de perder, el que marcaba el cuerpo de la muchacha de arriba a abajo y sin embargo el suyo en pocas ocasiones estaba magullado un par de días. No eran lo mismo un par de manos finas, diseñadas para soportar la máquina que marcaría la piel de muchas personas, a las manos de un bruto, de un burro, de un imbécil, de un hombre que no había conocido nada en toda su vida más que el maltrato. Andrey tenía todas las de perder, sí, pero también sabía que Alex sin él no era absolutamente nada. No tenía donde caerse muerta y si volviera con su madre, dudaba que pudiera estar con ella mucho tiempo. Dos hijos a cuestas era demasiado para cualquiera que no tuviera estudios, que no tuviera trabajo, como en el caso de la rumana. Ella lo había dejado todo por petición del mismísimo Andrey, que prefería que descansara en casa todas las noches junto a él y que no estuviera por ahí sirviendo copas a unos borrachos con ganas de fiesta.

¿Él a qué había renunciado desde que estaba con ella? A prácticamente nada. Seguía saliendo cuando le daba la gana, se metía por la nariz lo que le apetecía, cuando le apetecía y trabajaba tocándose los huevos detrás del mostrador de una tienda de tatuajes que ya se estaba haciendo famosa en California, para fortuna de los jóvenes emprendedores. Andrey renunció a la amistad de otra persona que no fuera Alex. No veía a nadie más. No hablaba con nadie más. No lo necesitaba. Su mundo se había visto extremadamente reducido a una muchacha a la que no le importaba ni lo más mínimo el darle un guantazo cuando le viniera en gana, o llamarle subnormal cuando no escribiera correctamente. Alex había renunciado a tanto que Andrey, por momentos, se sentía culpable. Ella era inteligente, no como él, que apenas sabía leer fluidamente. Ella era tan inteligente que no tardaría en encontrar trabajo de lo que le diera la gana, mientras que Andrey se las apañaba siendo el dueño de muchos negocios que no sabía ni siquiera cómo llevar. Tal vez, por todo eso y mucho más, Andrey se gastaba gran parte de su dinero en alegrar a la rumana. Dinero para viajes, para que se comprara ropa, para que se divirtiera. El ruso negó con la cabeza, no dispuesto a seguir con ese cacao mental que tenía montado desde hacía meses. No le apetecía para nada volver a hacer una lista de las cosas buenas y malas que tenía en su vida, porque si lo hiciera, tendría que echarse a nadar para, con suerte, ahogarse por ahí y dejar a todos tranquilos.-Sí, claro. Como en Sidney.-Comentó de forma distraída mientras veía alejarse la tabla de surf que había soltado hacía unos instantes. Se iba con la marea. Le daba igual. Ahora no tenía en mente todas las cosas a las que renunció en su momento. Tenía en mente esos ojos que le volvían loco. Esa boca que deseaba besar cada vez que se acercaba. Definitivamente, me he puesto cachondo. Si no me cree que me toque el nabo, que verá.

Tratándose de Alex, el cuerpo de Andrey no tardaba en encenderse, en prenderse fuego por accidente una y otra vez. Parecía una obsesión. Con cada roce del cuerpo de la muchacha con el suyo, sentía que tenía más, y más ganas de follársela, ya fuera dentro del agua o en la arena, y mira que tenían arena para ello. Le daba absolutamente igual coger una pulmonía o que los tuvieran que echar del agua por montar un escándalo. Le daba igual que la policía volviera para llevárselo esposado. Estaba demasiado caliente como para, incluso, responderle a la chica. Tic, tac. Tic, tac. Las manecillas del reloj avanzaba, el tiempo no se detenía, y las manos de Andrey tampoco lo hacían. Por primera vez en mucho tiempo no se trataban de unas manos toscas, que buscaban el dolor convertido en placer por la rumana, sino que buscaban, simple y llanamente, acariciarla. De arriba a abajo, de abajo a arriba. De un lado para otro. Las olas les escondían de la multitud que poco a poco iba marchándose al ver que el tiempo empezaba a no estar como para quedarse en paños menores. El viento hacía que más de uno perdiera su sombrilla y dentro del agua un par de conocidos, un par de viejos amigos, si es que se le podía llamar así, se encontraban debajo del agua e intentaban no gritar encima de ésta. Un par de viejos amigos se arañaban y se mordisqueaban, se besaban y se peleaban, porque ya se sabe eso de que los que se pelean, se desean. No había lugar para una sola palabra. Andrey no podía decir nada. No le salía decir nada. Por primera vez en mucho tiempo, el silencio se había apoderado de él, dejándole inútil, sin poder ni siquiera darle las gracias a la rumana por haberse metido en el agua con él.

Andrey M. Nóvikov
Neutros
Neutros

Mensajes : 47
Fecha de inscripción : 15/01/2012
Edad : 31

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: I'm virgin. I never-never even done sex. I don't know how | Andrey.

Mensaje por Alex I. Comăneci el Sáb Ene 21, 2012 3:50 am

St. MÓNICA

Theres no limit on how far I would go. No boundaries no lengths. | 10:27 am.

De una dimensión diferente, una teñida de rojo y sangre donde se paga caro todo lo que se hace. De otro mundo, uno lleno de violencia donde la palabra respeto ni siquiera tiene significado. De otro planeta. Una realidad alternativa en la que el ruso y la rumana habían coincidido años atrás, tal vez por casualidad o tal vez porque así tenía que ser desde el principio de los tiempos. Dos titanes que, después de ser desterrados, se habían vuelto a encontrar con el firme propósito de arrasar con todo lo que se interpusiera en su camino. Incluídos ellos mismos. Andrey y Alex parecían formar parte de un mundo completamente diferente al resto de personas que habitaban la Tierra; viajaban hacia la izquierda cuando todos iban hacia la derecha, bajaban cuando todos subían, gritaban cuando todos callaban y se odiaban cuando todos parecían proclamar, orgullosos, su amor a los cuatro vientos. Al revés. Al contrario. Temerarios. Salvajes, incluso. Decididos. Las leyes parecían no ir con ninguno de los dos y tendían a saltárselas a la torera desde que podían. Siempre. Al menos desde que entraban en casa. Las obviaban o bien intentaban retarlas con frecuencia, echándose la soga al cuello -en muchas de las ocasiones- sin apenas ser consciente de ello. Peligrosamente. Tentando a la suerte constantemente. Siempre al límite; siempre contra las cuerdas del ring. Imparables, como las aguas del río que se desborda. Intocables. Salvo entre ellos.

Mortal, esa era la palabra que la rumaba había tenido que escuchar de boca de su madre en más ocasiones de las que le hubiese gustado. Ya lo sé. Siempre lo había sabido. Un juego peligroso que había empezado años atrás y que en el momento menos pensado acabaría con la vida de alguno de los dos. Un juego que había empezado al poco tiempo de conocerse en una discoteca que la rumana no conseguía olvidar. Al poco tiempo de enredarse en uno de esos baños de colores estridentes. De follarse sin descanso mientras la música ensordecedora ahogaban sus jadeos para ofrecerles un mínimo de intimidad; una intimidad que ninguno de los dos pedía. Un juego penado por la ley de salir a la luz, de ser algo más que un secreto a voces. Un juego donde no reinaba el cariño y mucho menos eso a lo que muchos llaman amor. Adrenalina, deseo, lujuria, pero también asco y odio. Un odio que no había desaparecido con el paso de los años, que no había cambiado con el tiempo; que seguía y seguiría latente dentro de cada uno de ellos, carcomiéndoles, atormentándoles sin descanso. Un odio y un asco que no se borraba con el tiempo, ni siquiera con el agua que les rodeaba. Indeleble. Como un tatuaje hecho con la maquinaria adecuada; un tatuaje como los que hacía la rumana cuando alguien cruzaba las puertas del establecimiento que el ruso había abierto tras su llegada a California, y se dejaba marcar por la chica del tatuaje de Marilyn. Un odio que seguía allí, debajo de la piel, tentándoles a actuar continuamente. A marcar para dejar visible su territorio; para que nadie se acercara más de la cuenta. A morder en silencio. Desde las sombras. Desde las profundidades de las aguas del océano Pacífico, el mismo mar en el que habían decidido reencontrarse para recordar viejos tiempos.

Uno rapidito, ésas habían sido las palabras de la rumana cuando accedió a seguir los pasos del musculitos al que había estado siguiendo desde las inmediaciones de Bel-Air hasta la playa de Santa Mónica. Se había olvidado por completo de lo que había dicho antes de deshacerse de su ropa interior; parecía que el viento que empezaba a soplar, se había llevado sus palabras hasta las costas de Cuba junto a sus prendas de marca. Se había olvidado del agua, de la arena que había dejado de tocar con los dedos de los pies desde que sus piernas rodearon el cuerpo del chico bronceado que sus manos reconocerían entre cientos de hombres. Se había olvidado, por completo, de toda esa gente que les rodeaba, de la pelea en la que el ruso había quedado arrestado, de los policías cuando ambos cuerpos se convirtieron en uno solo para darse los buenos días de la única forma en la que sabían hacerlo. Se había olvidado de esos niños que había dejado solos en casa y que esperaban por ella cuando sus uñas se clavaron en los homoplatos de Andrey. Se había olvidado de todo su mundo por dejarse llevar por ese fuego interno que nacía en su entrepierna y la recorría de la cabeza a los pies. Por dejarse tocar. Por dejarse morder. Por dejarse sorprender por una extraña delicadeza, en forma de caricias, a la que la morena no estaba acostumbrada. Tensa. Acelerada. Agitada. Excitada. Con la respiración desbocada y el corazón disparado, incapaz de desenroscar sus piernas para poner los pies sobre la tierra y separarse del chico, Alex buscó la frente de su compañero como punto de apoyo. ― Te vas a reir, pero... ― Comenzó a murmurar, frunciendo el ceño a medida que hablaba. Extrañada. ― Me tira. Por dentro. Es... Raro. Es como si... ― Y en cuanto la rumana intentó mover sus caderas, comprendió el por qué. Enganchados. Literalmente.
ANDREY NÓV.

PD: El aburrimiento e_e

Alex I. Comăneci
Neutros
Neutros

Mensajes : 75
Fecha de inscripción : 15/01/2012
Localización : Aquí, allá. ¿Qué coño te importa? ¿Desde cuándo tengo que dar explicaciones, eh?

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: I'm virgin. I never-never even done sex. I don't know how | Andrey.

Mensaje por Andrey M. Nóvikov el Dom Ene 22, 2012 8:59 am

Una mañana espectacular, en la que el sol brillaba más de lo acostumbrado por aquellos lares y la gente se bronceaba, se tostaba tumbados en una hamaca cualquiera en la arena, tapando todas y cada una de sus pertenencias para que, cuando estuvieran sumergidos bajo el agua de California, ningún ladrón aprovechara la oportunidad para llevarse todo lo que encontrara a su paso. Los niños comenzaban a estrenar las bicicletas que sus padres les habían comprado para tenerles fuera de casa un par de horas y así poder darles un hermanito, o dos, o tres. Los ancianos pasaban los que serían los últimos días de sus vidas paseando por la orilla de la playa, dejando que sus pies, ya hechos una mierda por culpa de los años que llevaban sobre ellos dejaban huellas en la arena, las mismas que habían pisado tanto Alex como Andrey para buscar el sitio ideal. Un sitio que a la rumana le permitiría sentarse, de morros, a contemplar como su novio, o lo que fuera, cogía olas en compañía de unos muchachos que apenas rozaban los dieciocho años y que le veían más como a un padre que como a un compañero de hobbie. Unas huellas que se borraban con el agua, para dejar paso a otras nuevas. Si alguien le hubiera dicho al ruso que esa mañana iba a conseguir, no solamente meterse en líos con la mismísima policía, sino también follar en el agua, como en los viejos tiempos, con la mujer que le volvía completamente loco, ni se lo había creído. Seguramente mandaría a la mierda a quien se lo hubiera dicho y seguiría su camino. Sidney. Debajo del agua había pasado lo mismo que allí. Por un momento ambos parecían olvidarse de todo lo que les rodeaba y se centraban solamente en la persona que les estaba acompañando.

Sidney. Sin niños de por medio y con problemas con la justicia. Una huida en la que apenas les dio tiempo a recoger toda su ropa para marcharse. Ni tiempo les dio para vender una casa en la que habían pasado demasiadas cosas. Demasiadas historias, al igual que en todos los lugares a los que la extraña pareja había ido. Después de Sidney nada era igual. Primero llegó Jèr, quien consiguió que por primera vez Alex se derrumbara delante del ruso, luego llegó Hailie, quien no fue aceptada por un principio por la rumana, pero que a día de hoy era su hija, y ella su madre. Un par de niños que se escondían debajo de la cama cada vez que escuchaban a sus padres gritar, y sentían cómo las paredes retumbaban por los golpes, por el forcejeo. La cabeza de Andrey era un batiburrillo de sentimientos que no sabía colocar en un determinado orden. Un rompecabezas que tenía que descifrar. ¿Qué era exactamente lo que sentía? ¿Por qué pensaba en todo eso, justo cuando estaba follándose a la rumana? El muchacho negó para sus adentros, intentando alejar todos esos pensamientos de su mente, y lo logró. No por su fuerza de voluntad, sino por un repentino tirón en sus partes bajas.-¡Ay! ¡Joder! ¡No tires, que me duele! -Se quejó, haciendo aspavientos con las manos para que la rumana no se moviera más. ¿Se habían quedado atrapados por culpa de su piercing? La respuesta correcta era: sí. Atrapados, enganchados, jodidos, para resumir. Andrey no sabía que hacer. Por un momento pensó que Alex iba de coña, pero estaba claro que se habían quedado completamente enganchados. No había manera de hacer que el piercing soltara el rincón de la chica. Ni para delante, ni para detrás, ni para los lados. Andrey soltaba un quejido con cada intento por deshacerse de la tensión.

-No sé qué se supone que has hecho, pero no puedo sacarlo. Mi nabo está enterrado. ¿Qué voy a hacer yo ahora? -El ruso se quejaba, se lamentaba, se emparanoiaba a medida que los segundos pasaban. Aún había gente en el agua, dispuesta a soportar el sol y el calor. No sabía si reír o llorar, si dejar el piercing dentro de la muchacha y quedarse sin partes bajas. Frunció el ceño durante unos instantes, siendo consciente de que en algún momento tendrían que salir del agua, agarrados el uno del otro para no caerse y terminar de destrozarse mutuamente. Dolía. Ardía. Hacía rato que Andrey había tocado el cielo con la yema de los dedos y ahora no podía ni separarse de aquella mujer a la que detestaba y amaba, a su manera, a partes iguales.-Tenemos que llamar a alguien. Necesitamos ayuda. Una ambulancia. ¡Di qué hacemos! -Gritó el muchacho casi sin querer, aferrándose a la chica para que ésta no tirara de nuevo de su piercing y le dejara con la cara pálida y sin aliento. En la punta. Dolía. No se podía quitar de la cabeza el dolor que había sentido hacía un rato. ¿Qué hacer? Esa era la cuestión. Si salían del agua con esas pintas seguramente les arrestarían por alterar el orden y no podrían volver a pisar la playa por culpa de su necesidad exhibicionista. Andrey negó con la cabeza una y otra vez, mirando hacia todos lados en busca de la ropa interior de la chica. Ni rastro de ella. No solamente estaban enganchados mientras follaban, sino que encima la rumana estaba completamente desnuda. Suspiró. Una, dos. Tres veces.-Quiero salir de aquí. Quiero que dejes mi nabo libre, me estoy agobiando. Haz algo.

Andrey M. Nóvikov
Neutros
Neutros

Mensajes : 47
Fecha de inscripción : 15/01/2012
Edad : 31

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: I'm virgin. I never-never even done sex. I don't know how | Andrey.

Mensaje por Alex I. Comăneci el Dom Ene 22, 2012 1:43 pm

Alex había llegado hasta Santa Mónica para calmar las voces que sonaban en su cabeza; quería apagar la alarma que saltaba dentro de esa perturbada cabeza cuando el ruso salía, de la casa en la que ambos vivían en Bel-Air, bien temprano por la mañana y sin la compañía de la morena de mirada felina. Alex se había sentado en el muro, café en mano, con miedo a girarse y encontrarse a pies de la orilla con algo con lo que, irónicamente, estaba deseando encontrarse. Una imagen que se recreaba en su mente una y otra vez; infinidad de veces a lo largo del día. La rumana quería un motivo, eso le sería más que suficiente. Uno. Un sólo motivo por el que valiera la pena haber salido de la cama tan temprano, haberse comido el tarro durante los cuartenta minutos de camino y haber llegado hasta allí, siguiendo a ese hombre que decía hacer surf, junto a un par de niñatos, cuando la dejaba en casa con los niños. Un hombre de acento marcado que había dejado de tocarla por las mañanas -como lo hacía antaño- para sumergerse en las aguas de la costa californiana para coger un par de olas antes de reencontrarse con la chica en el establecimiento que regentaba. Reemplazada. La rumana se había visto reemplazada por una tabla de surf con la que el ruso prefería pasar sus mañanas; lejos de esa bonita casa pintada de color blanco donde la paz escaseaba. Lejos de los gritos y las malas caras que le proporcionaba -nada más empezar el día- esa mujer que dormía a su lado desde hacía años. La rumana se sentía reemplazada por una tabla de surf a la que, en sueños, había prendido fuego. La misma tabla de surf que Alex, en medio de todo el ajetreo, había visto irse, junto a su ropa interior, con la marea y que no había intentado retener. Piérdete.

Alex no había llegado hasta Santa Mónica para disfrutar de ningún encuentro sexual bajo el agua salada que aún podía saborear en sus labios. Alex no había llegado hasta allí con intenciones de deshacerse, a la mínima de cambio, de su ropa interior para entregarse a ese deseo sexual con el que convivía en su día a día y del cual culpaba al ruso. Alex no había pensado en encontrarse a Andrey metido en ningún embrollo en medio de la playa, y mucho menos pensaba encontrárselo con un par de esposas aprisionando sus muñecas. Alex no había pensado en meterse en el agua, detrás de él, para acceder -nuevamente- a follar con el chico en público. Alex no había pensado que, de hacerlo, se iba a encontrar metida en semejante situación. ¿Cómo había pasado? ¿Qué había pasado? ¿Por qué había pasado? Preguntas que iban y venían. Preguntas que se sumaban a las que Andrey le formulaba a la chica. ― ¡No he hecho nada! ― Contestó, torciendo el gesto y palideciendo con cada intento del ruso por soltarse y recuperar su libertad. ― ¿Qué cojones haces? ¡Para! ¿No ves que a mí también me tira? Estate quieto, me cago en la puta. ― Masculló, rechinando los dientes a causa de la incomodidad. Se impacientaba. Las palabras del ruso menguaban la paciencia de la rumana. El no saber qué hacer, menguaba la paciencia de la rumana. Años. Hacía años que ella misma le había perforado el capullo al ruso, y ésta era la primera vez que se encontraban con una sorpresa de semejante calibre. ― Encima no nos podía haber pasado en casa, no. ― Pensaba en voz alta, olvidándose de las prendas de ropa que había perdido mientras que, en su cabeza, culpaba al ruso por el accidente que acababan de sufrir. Ése era el menor de sus problemas ahora mismo. ― Cállate. Déjame pensar. ― Le pidió, forzando que se callara al tapar su boca con la mano.

El muchacho no era el único que, en esas circunstancias, se encontraba agobiado, claramente. Mientras que el ruso se afanaba por llamar la atención de todos los bañistas con sus gritos innecesarios, Alex procuraba mantener la calma y buscar la forma en la que soltarse y terminar con todo aquello antes de que salieran de allí de una forma en la que ninguno querían. Habían tres opciones. La primera era salir metidos en una ambulancia y aguantar el bochorno que supondría salir del agua en esas condiciones. Tierra trágama, por favor. En la segunda también había una ambulancia, pero un multazo por escándalo público de regalo también. La última era la más factible, pero la más dolorosa también. Desengancharse por las malas. Tirar. Alex suspiró, meditando durante escasos segundos las varias opciones. ― Para empezar no grites. Yo también quiero salir de aquí.Y llegar a casa, y meterme en la cama, y no salir hasta dentro de un par de días. Hasta que consiguiera olvidar todo lo que había pasado en cuestión de minutos. ― Voy a tirar... Tiene que salir. ― Murmuraba, hablando consigo misma mientras guiaba una de sus manos hacia su entrepierna. Tal vez así duela menos. Insegura. Dubitativa. ― Andrey, con dos cojones. Tira, porque como se quede ahí dentro te la van a cortar. Y si no te la cortan, te la corto yo. ― Sembrar el pánico era lo menos recomendable, aunque a ojos de la rumana lo más efectivo. No pensaba salir del agua así. No pensaba cruzar las puertas de la sala de urgencias de ningún hospital desnuda, con las piernas alrededor del cuerpo del ruso, enganchados y bajo la atenta mirada de todo ser viviente con el que se cruzaran. ― Y espero, por tu bien, que ni llueva ni chispee ahí dentro. ― Seria. Amenazante. Y es que ya se sabe que las desgracias nunca vienen de una en una.

Alex I. Comăneci
Neutros
Neutros

Mensajes : 75
Fecha de inscripción : 15/01/2012
Localización : Aquí, allá. ¿Qué coño te importa? ¿Desde cuándo tengo que dar explicaciones, eh?

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: I'm virgin. I never-never even done sex. I don't know how | Andrey.

Mensaje por Andrey M. Nóvikov el Lun Ene 23, 2012 2:33 am

Nadie le había mandado a ir a coger olas, justamente esa mañana, para hacer que Alex saliera detrás de él. Lo tenía todo planeado. Como cada día, saldría desde bien temprano de la cama que ocupaba junto a la rumana de cabellera oscura y ojos azules, se vestiría en silencio y saldría sin decirle adiós. Sin decir a dónde iba, porque sabía perfectamente que la muchacha pensaría que al no decirlo, iba a encontrarse con alguna amante californiana de mediana edad a la que encasquetarle un crío que Alex no quería. Ella lo había dejado claro: ni un puto crío más. Daba igual que Andrey quisiera seguir con la tradición de ponerle su nombre a sus descendientes, tal y como lo habían hecho sus antepasados desde el inicio de los tiempo, allí, en Rusia. Daba igual todo lo que le dijera, porque ella había tomado una decisión. Ni un niño más si no quería acabar sin huevos, y ella sin esas trompas que aún no sabía muy bien dónde estaban. ¿Qué serían? Bah. A esas alturas ya daba absolutamente igual. Estaba completamente seguro de que la rumana hubiera preferido enterarse de que estaba preñada antes que encontrarse dentro del agua con el ruso, enganchados por culpa de un piercing que ella misma le había hecho. Un piercing en la punta que dolió durante meses, y que le causó un par de infecciones que casi le dejaron sin nabo. Todo lo hacía por ella. Para que le molara. Para demostrarle que era importante para él. Numerosos chantajes que terminaron con un Alex tatuado en el mismo sitio donde estaba el dichoso piercing, es decir, en las partes bajas, por no mencionar ese par de A's que entrelazadas, formaban parte de su cadera desde hacía ya muchos años.

A pesar de todo, Andrey no se arrepentía de haberse agujereado por ella, hasta ese mismo día, en el que por su culpa no podían salir del agua de forma no bochornosa. Solamente tenían un par de alternativas, o salir en ambulancia y aguantar la vergüenza o bien quedarse sin partes. Al ruso no le cabía en la cabeza cómo era que la muchacha podía estar diciéndole semejante tontería. ¿Eso era lo que había estado pensando después de haberle hecho callar, tapándole la boca con una mano? ¿Eso? ¿De veras? Andrey negó con la cabeza. No estaba seguro de nada. No quería salir enganchado con la rumana, pero mucho menos quería quedarse sin su amigo. No podría follar. Sería un eunuco de esos y no me da la puta gana, joder.-Que no Alex. Joder. Que tú no lo entiendes. ¡Como me quede sin polla me suicido! ¡Te lo juro! -Gritó a los cuatro vientos el hombretón, que en esos momentos se había acobardado de sobremanera. Una cosa era tener musculitos y ser chulo, y otra bien distinta era enfrentarse a la dura realidad. Quedarse enganchados toda la vida o quedarse sin amigo. El tiempo no se detenía y tenía que pensar en otra manera de salir de aquel embrollo sin que ninguno de los dos resultara herido. Miró hacia todos lados, buscando en las caras de los bañistas alguna respuesta para las preguntas que revoloteaban en su cabeza, pero nada. Nadie parecía querer echarle una mano mentalmente. Suspiró, haciendo un enorme esfuerzo por mirar a los ojos de la chica que tenía frente a él.-Voy a tirar. Voy a tirar y si me desmayo sácame del agua. Me llevas al hospital y les dices que me quiten piel de una pierna y me la pongan en la polla o te juro que me mato, pero te mato a ti antes.-El ruso cerró los ojos durante unos instantes, tomando aire y rezando al mismo tiempo.

Un tirón. De repente. Nada de ir poco a poco para ver si por fin podía sacarlo de ahí. Fue un tirón fuerte, decidido, como esa vez en la que Alex, harta de ver pelos por doquier en el cuerpo del ruso, le hizo la cera. De arriba a abajo. Alex nunca había visto llorar a Andrey del dolor, quejándose como un niño pequeño, pero ese día lo hizo. No entendía cómo la rumana podía someterse a semejante dolor desde siempre. No entendía nada, porque estaba en el aire. No sabía a ciencia cierta si el tirón había surgido efecto, pero lo que sí que sintió fue que se desmayaba, que no podía más, que le dolía demasiado. No gritó. Ni siquiera tenía voz. Supuso que se habían desenganchado, pero ya no sentía el piercing. No sentía nada. Aún con los ojos cerrados, buscó la cara de la muchacha a tientas, con las manos, y cuando descubrió dónde se encontraban una de las mejillas, la golpeó. Estaba lleno de rabia. Ni siquiera sabía qué había pasado con su nabo y prefería no mirar hacia abajo. El puño cerrado impactó contra la mejilla de la rumana, descargando todo el sufrimiento contra ella. Le dolía. Le ardía. ¿Y si estaba sangrando? Negó con la cabeza, al mismo tiempo que sus ojos se abrieron de par en par.-¡Me cago en tu puta vida! ¡Me has dejado sin polla! -Agobiado. Así estaba. No sabía qué hacer y todo iba muy rápido. No miraba hacia abajo para cerciorarse de que todo seguía en su sitio. Sentía náuseas sólo de pensar que aquello podría estar sangrando. Quería que le llevaran al hospital y le dijeran que no iba a perder ese nabo que le acompañaba desde antes de nacer.-¡Llévame al hospital!

Andrey M. Nóvikov
Neutros
Neutros

Mensajes : 47
Fecha de inscripción : 15/01/2012
Edad : 31

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: I'm virgin. I never-never even done sex. I don't know how | Andrey.

Mensaje por Alex I. Comăneci el Lun Ene 23, 2012 5:37 am

Andrey y Alex nunca habían pasado por los procedimientos habituales por los que pasan una parejita antes de poner una fecha exacta en la que celebrar su aniversario. No se llamaban por teléfono a no ser que quisieran saber el punto exacto donde se encontraban y, de paso, intentar averigüar si estaban en compañía de alguien más. Para controlarse. No se regalaban nada por San Valentín, ni tampoco en navidades hasta que llegaron los retoños a casa y se vieron obligados a hacer el esfuerzo. No habían rosas rojas, ni cajas de bombones, ni peluches de tamaño considerable. No eran ninguna parejita de enamorados que, movidos por la fama de un libro italiano, habían imortalizado su amor eterno en un candado para, luego, hacer desaparecer la llave. Ni él, ni ella recordaban el día exacto en el que habían follado por vez primera en el Fabric de la capital inglesa. Ni él, ni ella recordaban que día habían decidido, en el más absoluto de los silencios, que se pertenecían entre ellos; que cualquier mano, que cualquier boca que tocara el cuerpo del otro, corría el riesgo de ser arrancada de cuajo. Que esa tercera persona corría el riesgo de acabar con un ojo morado -o los dos-, sin alguna extremidad, sin algún que otro diente. Y, en el peor de los casos, sin pelo tratándose de Alex. Ninguno de los dos se había andado con chiquitas con respecto a ese tema. Eres mía, decía él sin decirlo. Eres mío, decía ella. En silencio y a viva voz también. Con palabras y con gestos que desaparecían con más facilidad que los que ella lucía habitualmente.

Pómulos oscurecidos que, en escasas ocasiones, la rumana se preocupaba en maquillar para callar bocas cuando saliera a la calle. Las manos del ruso marcadas en brazos y cintura, que quedaban a la vista de todos y duraban días impresas en la piel de la chica. Hombros que, cuando quedaban desnudos y expuestos por una fina camiseta de tirantes, lucían la versión macabra de la sonrisa del gato de Cheshire. ― Un tirón. ― Repitió, tratando de mentalizarse. ― Es sólo un tirón, Andrey. Uno solo. ― Le recordó, intentando tranquilizarle con torpeza mientras que, en su cabeza, hacía lo mismo consigo misma. No era sólo un tirón. La rumana lo sabía y, seguramente, Andrey también. ― No se te va a quedar dentro ni nada por el estilo. Venga. Entre antes tires, antes saldremos de aquí. ― A ser posible sin necesidad de llamar a ninguna ambulancia. A ser posible sin una sola gota de sangre. A ser posible sin montar ningún numerito, pues la rumana ya tenía suficiente con los gritos del ruso. Gritos que habían conseguido llamar la atención de aquellos que estaban en el agua no muy lejos de la pareja y que Alex prefería haberse ahorrado. ― Contaré, ¿vale? ― Una pregunta que ni siquiera obtuvo respuesta. Más tardó la morena en formular la pregunta, que el chico en hacer exactamente lo que ella le había pedido desde el principio. Tirar. En seco. Como el primer intento por desengancharse. Tira. Un tirón, las palabras de la rumana se repetían en su cabeza una y otra vez mientras sentía como sus partes bajas ardían y no precisamente por deseo. Sin habla, casi sin aire, Alex deslizó la mirada por el torso desnudo del chico, intentando vislumbrar desde arriba, y entre las aguas, algún rastro rojizo que la obligase a llamar a una ambulancia cuando recuperara las pertenencias que había dejado junto a las cosas del ruso. ― Andrey... ― Susurró instantes antes de que el puño del chico impactara, de forma violenta, contra uno de los pómulos de la rumana, dejándola noqueada. Sin aire.

Sorprendida, pero no para bien. Aquel golpe no lo había visto venir por ninguna parte. Aquel golpe la había terminado de desestabilizar aunque, irónicamente, se hubiese aferrado todavía más al cuerpo musculado que tenía entre las piernas y la mantenían alejada de la arena. La rumana tragó saliva, desenroscando las piernas sin tan siquiera haber comprobado si el tirón había surtido efecto. No le importaba. Se había olvidado por completo; el dolor de su entrepierna fue sustituído por un intenso palpitar en su pómulo izquierdo que ni siquiera pudo calmar el comprobar que, por fortuna, no iba a tener que salir del agua pegada al ruso. ― Ojalá se te caiga a cachitos, cabrón. ― Masculló con desprecio, escupiendo en el agua antes de comenzar a alejarse del chico sin atreverse a darle la espalda. No quería quitarle el ojo de encima mientras caminaba, de espaldas, hacia la orilla. ― Si te da un chungo en el agua, reza para que alguien te vea, porque yo no pienso llamar a nadie. ― Y aquellas fueron las últimas palabras que la rumana le dedicó al chico antes de dejar su desnudez a la vista de todos mientras se encaminaba hasta el lugar donde sus cosas esperaban por ella. Tragó saliva, tensando la mandíbula con fuerza mientras se vestía bajo la atenta mirada de una decena de mirones que, descarados, cotilleaban los tataujes -y lo que no eran los tatuajes- de la rumana. Le dolía. Echaba humo. Soltaba chispas. Los ojos de la morena, llenos de rabia, buscaron los del chico cuyos nudillos había sentido crujir contra su pómulo. Lo buscaron e intentaron matarlo desde la distancia antes de despedirse de él con el dedo corazón en alto. Sin darle tiempo a salir del agua, la rumana se había hecho con todas las cosas del ruso antes de dejarle ahí tirado.

Alex I. Comăneci
Neutros
Neutros

Mensajes : 75
Fecha de inscripción : 15/01/2012
Localización : Aquí, allá. ¿Qué coño te importa? ¿Desde cuándo tengo que dar explicaciones, eh?

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: I'm virgin. I never-never even done sex. I don't know how | Andrey.

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.