¿Existe algo peor que una vida superficial entre belleza, playa y rumores durante todo el año? Pensarás que no. Pero en California, más concretamente, en L.A, la cosa se puede empeorar. Y mucho. Están aquellos que gozan de una vida totalmente al estilo propaganda hollister, y están esos otros que su vida es un constante viene y va de conflictos, peleas callejeras y otros problemas sociales y personales. Pero cuando esta armonía se rompe y algo interfiere en la vida del otro, aparece esto, una bonita guerra de sociedad en bandeja de buffet. Suena típico, sí, sin embargo, no sabes lo interesante que puede ser y lo atractivas que son estas historias. Y los secretos que hay detrás de cada uno de ellos, es la guinda del pastel.
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▬ No soy de las que esconden la cola y agachan las orejas. {Thomas}

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▬ No soy de las que esconden la cola y agachan las orejas. {Thomas}

Mensaje por Nixie S. Jägger el Lun Ene 16, 2012 3:03 am

1:16 am ▬ Martes ▬ Calles.
Su puño cerrado, con los nudillos casi blancos, impactó contra la pared. Está era un tanto endeble, por lo que se hizo más daño ella, que Nixie mismo. Se quedó treinta, cincuenta, sesenta segundos, o más en esa misma posición. Con el brazo estirado, y el otro encogido. El cuerpo de lado, y con sus orbes azules cerrados con fuerza, mientras su respiración se tornaba agitada. Las ganas de vivir, disminuían día tras día. Y las de morir aumentaban con creces. Una vida miserable y rota como aquella nadie la quería. Ella no iba a ser menos. La odiaba. Se repugnaba a si misma, y por eso intentaba hacerse daño. Para acabar con ella misma de una vez por todas. Los demás también ponían su grano de arena a la hora de hundirla. Y no sabía si darles las gracias o partirles la crisma. Todo eran contradicciones. Sufrimientos. Todo era una completa mierda. Por eso salió de su pequeño y asqueroso hogar, con lo puesto. Sin dinero, sin documentación, si nada. Igualmente, las llaves las tenía dentro del buzón, por si acaso, así que tampoco debía preocuparse por eso. De lo que si tenía que preocuparse, era de su estado físico. Hacia frío, y ella no habías salido de casa abrigada. Podía tener muchos humos, y estar caliente, pero en cuanto todo eso pasase, notaría el frío calar sus huesos, puesto que tan solo llevaba una camiseta abierta por el cuello y de manga corta, donde rezaba “Ramones”. Ella misma se había puesto ese nombre, pues había escuchado que aquél grupo era uno de los mejores. Era de noche, y las calles solo estaban iluminadas por las farolas que no estaban fundidas o rotas. Bastardos que se divertían haciendo de las suyas. Como podéis ver, Nixie no trabajaba aquella noche en el local. Por eso su aburrimiento le había pasado una mala jugada. En esos momentos, lo mejor que hubiera podido tener, hubiese sido a alguien que la cogiera y la apretase contra su pecho, aunque gritase y pegara puñetazos a su cuerpo.

Al no tener eso, se ensanchó con un cubo de basura de una de las casas, de aquél barrio que ahora pisaban sus botas militares, las cuales atrapaban por la parte de abajo, esos pantalones negros vaqueros, que se ajustaban a sus enclenques piernas, aunque depiladas. Esas que si te descuidabas, podían cogerte y romperte los huesos. Que por ser de contextura delgada y enclenque, no significaba nada. Ella podía hacerte mucho daño. Matarte incluso si se lo proponía. Claro que no iba a hacer eso. No quería más problemas en su vida. Bastante mierda era ya, como para echarle más encima. Sus nudillos sangraban, pero eso a ella se la traía sin cuidado. Apenas notaba el dolor. Más bien sentía cierto calor recorrer su mano. Por donde todo estaba malherido. Un gato negro, con un ojo malo, salió huyendo en cuanto oyó los pasos de Shadow cerca de donde él estaba comiendo. O buscando algo que llevarse al hocico. A veces Nixie también parecía ser un gato completamente abandonado. Siempre buscando algo para sentirse mejor. Refugiándose en las drogas y en el dolor. Presa de la rabia, destrozaba todo lo que se interponía en su camino aquella noche. Ya fuese a patadas o a puñetazos. Le daba exactamente igual. Se limpió la nariz con la mano llena de sangre seca, cuando esta comenzó a moquear de mala manera. ¿Pero era fruto del frío que tenía? ¿O es que algo más le sucedía? Por suerte todo estaba casi oscuro, y no tenía por qué preocuparse de si alguien la veía llorar o no.

Sí. Lloraba. Pero de rabia. De puro odio. No aguantaba más. Estaba molida. Estaba hecha un desastre. Y aun así, conseguía mantenerse en pie. Al fin y al cabo, era una chica dura. Fuerte. Luchadora. Aunque esto último le costase admitirlo. Se infravaloraba. Cierto que a veces podía ser algo dura con la gente, y parece no tener abuela – no la tiene – pero ella no solía valorarse mucho la verdad. Y entonces pasó. Una moto se cruzó en su camino. A punto estuvo de salir volando por los aires y estamparse con un poste de luz, sino se hubiese apartado a tiempo. Comenzó a insultar al gilipollas. No esperaba que se parase la verdad, pero lo hizo. La moto comenzó a retroceder a gran velocidad. Shadow se mantuvo firme en su sitio. Nadie le asustaba. ¿Tenía algo que perder en la vida? Nada.


Última edición por Nixie S. Jägger el Jue Ene 19, 2012 5:30 am, editado 2 veces

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Re: ▬ No soy de las que esconden la cola y agachan las orejas. {Thomas}

Mensaje por Thomas B Martin el Mar Ene 17, 2012 12:38 am


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Pi, pi, pi, punchi, punchi.

Su cabeza hacia ese ruido constantemente, una & otra vez, casi siendo molesto para caminar. Era momento de hablarse, supuso, era momento de tratar de mantener una conversación con Thomas Martin. Ya ni recordaba nada de ese hombre, el ordenado & con la vida perfectamente estricta. No recordaba el Thomas que hasta doblaba sus boxers cuando estaba con una chica. El que nunca dejaba su corbata libre de su enganche en el cuello. El arreglado, el limpio, el sano. Lejos estaba. Frente a su realidad, Thomas vio se vio reflejado en la ventana de un auto. Quiso brindar por la imagen que veía. Por supuesto que, a ojos de otros, no había nada diferente en Thomas. Tal vez su desorden. Su cabello estaba algo desarreglado, el moño de su camisa ya no estaba, sino que colgaba de su agarre, y tenía un cigarrillo en las manos. Fuck. ¿Desde cuando fumaba tanto? No solía fumar, lo hacía cuando estaba nervioso. Lo había hecho en la universidad, en las fiestas & en los exámenes. Lo había hecho cuando estaba con aquella maldita que se devoró su corazón y no lo entendió. ¿Y ahora porque lo hacia?

"Debes dejar de cuestionarte todo, Thomas, la vida es de por si una pregunta sin respuesta". Eso le había dicho su hermana menor, pero él orgullosamente jamás, JAMAS, debía seguir sus consejos. Observaba a Fiona vivir su despreocupada vida, embarazada de un cualquiera. Seguramente cuando sus padres se enteraran le echarían la culpa a él. ¡Al diablo! Ni que él tuviera la culpa de los romances de Fiona, que de por si ya eran muchos. Él tenía sus problemas, o mejor dicho... los buscaba. Como en ese omento. Vestido demasiado formal caminaba por aquellas calles oscuras sin un alma en la oscuridad. Thomas era el ejemplo perfecto de victima, sobretodo por el aire de superioridad que llevaba al caminar sin saberlo. El hombre estaba preparado para un golpe, una golpiza de las buenas. Directo al rostro, con una nariz rota si era posible. Al día siguiente se arrepentiría, se quejaría de su vida pero iría a trabajar como un señorito y seguiría su mediocre vida.

Sí, claro que sí.

Dejó caer el cigarrillo al piso, pisándolo con la suela de su costoso zapato & en ese momento sintió el golpe. Claro, Thomas era un niño jugando con un perro sin correa. En aquel lugar obviamente iban a robarle, y cuando cayó de boca contra el suelo... se preguntó porque lo había hecho. La adrenalina corrió por sus venas y mientras escuchaba a los ladrones balbucear, trató de ponerse de pie. No sirvió de mucho, al instante cayó al suelo nuevamente. Sentía sus manos por sus bolsillos -una mano desubicada tocó su trasero, lo cual lo hizo dudar de la sexualidad del ladrón o los- vaciando absolutamente todo lo que tenía. No llevaba mucho, las tarjetas. Fuck. Las tarjetas. Al día siguiente iniciaría la demanda y tal vez tendría suerte de aun tener dinero. Pero cuando uno de ellos se fue hacia atrás, empezó a reír.

-Thomas Martin... todo un rico -reía emocionado, como si su presa fuera algo importante. Thomas desconocía la felicidad pero los tomó de improviso. Se puso de pie rápidamente, sintiendo la sangre en sus labios y cuando los enfrentó notó algo raro. Estaba descalzo. Sí, vaya la vida. Uno está a punto de golpear a unos ladrones y nota que está descalzo y se siente terriblemente desnudo. Vaya cosa. Los ladrones -un hombre & una mujer- dieron unos pasos hacia atrás con los zapatos & lo adquirido, no lucían asustados, sino terriblemente felices. Lanzó un puñetazo en vano, ya que ellos estaban demasiado lejos de él. Subieron a la moto lo suficientemente rápido como para escaparse.

Los vio alejarse. ¿Y ahora que?

Su cuerpo se movió por impulso y corrió. Corrió descalzo por la calle sintiendo los adoquines en sus pies demasiados molestos. Sintió miles de cosas en sus pies, todo tipo de golpes y seguramente sangraba, pero nunca había corrido tan rápido en su vida. La moto se detuvo, misteriosamente, y Thomas sonrió de lado alegre. Alguien estaba gritándole un par de cosas que él pudo considerar como insultos, pero aun no llegaba a escuchar. Aumentó el ritmo de sus pies y cuando estuvo en la calle, al lado de la moto y de la persona menuda que estaba gritándoles... se sintió aun mas confundido.

Segunda vez en la noche que no sabía que hacer. Ahí estaba aquella chica. Eva, como 'dijo' llamarse o, mejor dicho, decía casi siempre que él iba a verla. Frente a sus ladrones. Trató de pensar rápido, y por un momento creyó que ella tenía algo que ver con ellos. Pero luego entendió 1, él confiaba en Eva. 2. Estaba insultándolos.

-¡Hey! ¡Tu! ¡El ladrón de zapatos, devuélveme lo que es mío! -exclamó furioso, jadeando ante su increíble carrera. Lo cierto era que había corrido solamente una cuadra, pero había que admitir que si no fuera por Eva... estaría realmente en problemas. No le importaba el dinero, el quería la pelea. La adrenalina corriendo por sus venas. Y luego, se haría cargo de las consecuencias. Al día siguiente... las tendría frente a frente, en el espejo.





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Última edición por Thomas B Martin el Dom Ene 22, 2012 4:04 am, editado 1 vez

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Re: ▬ No soy de las que esconden la cola y agachan las orejas. {Thomas}

Mensaje por Nixie S. Jägger el Mar Ene 17, 2012 1:44 am

+
Si es cierto que no estaba atemorizada, pues en la vida había visto y palpado cosas peores que esa. Aunque tampoco es que le gustase meterse en problemas. Y mucho menos con alguien que quería atropellarla con aquella moto, que ahora rugía a su lado, como una bestia enfurecida. Enfocó sus ojos, y reparó que encima de la moto, había dos personas, y no una como antes había supuesto. Parpadeó y dio un paso atrás, cuando estos bajaron de la moto. Chuleándose. Pavoneándose frente a ella. Caminaban como los típicos macarras de barrio bajo. Como ella. Pero peor. Eran dos idiotas a punto de darle una paliza. Joder, siempre tenía que estar en medio de todos esos marrones. - ¿Qué? – preguntó Shadow encarándose a ellos. Realmente ese era el pan de cada día. Mentiría si dijese que ella no estaba metida en peleas callejeras casi cada día. Porque lo estaba. Ya fuese por el lugar donde vivía. O por donde se metía. Además, la mayoría de las peleas, eran con gente de ese calibre. Chulos e idiotas. Tenía ganas de partirles la cara a ambos. Y si le tocaban mucho lo que no le sonaba, se abalanzaría sobre ellos para patearles el trasero. Eso lo tenía más que claro. No iba a dejarse intimidar por unos gilipollas como ellos. Solo había un problema. Ella no tenía más armas que sus propios puños. Pero ellos si podían sacarle una navaja o bien una pipa y matarla de un solo golpe. Era el riesgo que corría paseando por esas calles. Debía habérselo pensado antes de salir de casa. Y sobretodo con tan poca ropa encima de su menudo cuerpo. Típico de una anoréxica. El tío se acercó a ella, queriendo agarrarla y de paso meterle mano. La otra persona, que por cierto, no sabía muy bien si era chica o chico, ya que el tipo no la dejaba ver nada más que su cara de cerdo, los miraba. – Eh tío, déjame en paz, o tendré que reventarte ese careto de subnormal que llevas… - le espetó entonces, pegándola una patada en el estómago, y consiguiendo que este retrocediese.

Justo entonces, cuando los insultos volaban por los aires, otra voz se unió a ellos. Esta vez era una voz masculina. Y sorprendentemente conocida para Shadow. Los tres miraron hacia donde provenían los gritos, mientras varios perros ladraban sin cesar, pidiéndoles que se callasen de una vez, y se fuesen a su casa para poder dormir en paz. Nixie aprovechó para empujar a la otra persona, y hacer que esta cayes el al suelo. Era una chica. El tío, al ver que su compañera de robos estaba en el suelo quejándose por el golpe, se abalanzó sobre la morena, derribándola, y provocando que esta se diese un golpe en la cabeza. Quedó un poco aturdida, y lo único que salió de sus labios fue un “Joder.” Eso que siempre decía. A todas horas. Y que era una mala costumbre, sobretodo si había gente culta alrededor suyo. Por lo que provocaba que todos la mirasen como si fuese una bestia mal hablada. Claro que en esos momentos no importó. Pues seguramente esas personas lo decían tanto como ella o más incluso. Aquellos ojos azules chocaron con otros, sintiéndose entonces protegida de alguna forma. - ¿Thomas? –preguntó en voz tan inaudible, que solo sus pensamientos pudieron oírlo. ¿Qué hacia él ahí? Era abogado. Él no debería estar andando por aquellas calles. Un golpe en el pómulo hizo que despertase. No se levantó ella, pero si lo hizo la mujer que antes había tirado al suelo. De tal manera, que la empotró contra la moto. Esta cayó al suelo, haciendo ruido y despertando a varios vecinos. Uno de ellos al parecer ya se había dado prisa en marcar el número de la policía. Y en cuanto las sirenas se oyeron dos calles más arriba, confundiéndolos a todos, los ladrones, aprovecharon para salir de allí, con su moto claro. Dejándolos a ellos dos con varios moratones y cortes.

Shadow no podía permitirse el ser cazada. Thomas seguramente podía pagarse la fianza, o incluso podía salvarse antes. Pero ella no. Ya la tenían fichada. Y si se enteraban de lo que trabajaba… estaría muerta. - ¡Joder! – volvió a decir. Su cuerpo no respondía, y las sirenas del coche patrulla, eran más intensas a cada segundo que pasaba.


Última edición por Nixie S. Jägger el Jue Ene 19, 2012 5:31 am, editado 1 vez

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Re: ▬ No soy de las que esconden la cola y agachan las orejas. {Thomas}

Mensaje por Thomas B Martin el Miér Ene 18, 2012 1:56 am


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¿Era muy delirante que estuviera lo suficientemente encabronado por sus zapatos que por su dinero? El dinero iba y venía, su padre se lo había enseñado. Obviamente, los zapatos también iban y venían. Le molestaba el acto. Había millones de cosas para robar en la vida, pero no, ellos iban y robaban los zapatos que su hermana le regaló. Odiaba eso. Odiaba lo material. Odiaba a los perros ladrando enloquecidos como si él fuera comida. Odiaba las motos. Lo odiaba todo, realmente, en ese momento no había nada que a lo que no quisiera insultar en todos los idiomas que había aprendido. Se detuvo en seco cuando finalmente terminó de correr y quedó frente a la moto, sus ocupantes y Eva. Ja. Encima eso. Encima después de robarle sus zapatos -si, si, y su dinero- se tomaban el tupe de robarle a otro.

- Idiotas -susurró enojado caminando hacia ellos, viendo como el hombre golpeaba a Evay la dejaba caer al suelo. Eso rompió mas sus nervios. Odiaba que golpearan mujeres y sobretodo si él las conocía y las respetaba. Pocas veces Thomas se enojaba, pero en ese momento estaba rompiendo su regla. Intentó darle un golpe al hombre, pero nuevamente lanzó puñetazos al aire y él le regaló un buen puntapie en el estomago. Sí. No había nacido para pelear. Para confirmar aquello, un nuevo puñetazo le dio en la cara seguramente doblando su nariz.

Y de repente. Las sirenas a lo lejos. Thomas no era amante de la policía en realidad, no le gustaban para nada. No quería dar explicaciones de porque estaba paseando por esas calles y tenía que hacer la denuncia de su dinero y tarjetas de crédito. Le parecía todo una idiotez y él no tenía el tiempo para perderle en esas tonterías. Cuando trató de tocarse la nariz, el dolor lo invadió. Confirmado, estaba rota y seguramente necesitaba algún manejo profesional. Pero al sentir el dolor y mirar hacia otro lado, recordó a Eva. La vio donde había estado la moto. Medio tirada en el suelo, perdida y distraída, estaba Eva. Casi se había olvidado de ella en la pelea y por momentos creyó que huyó. Lo cual era bastante entendible... con su profesión y vida. La situación volvía a ser rara entre ellos, ambos querían lo mismo. Irse de ahí.

- Pensé que tenías de preferencia otra posición -bromeó al verla en el suelo de boca. Sabía que eso iba a tener de respuesta un insulto pero Thomas había aprendido a como sobrevivir a una conversación con Eva. Era dificil, si, pero no imposible. Y él era paciente. Se inclinó sobre ella, levantándola al tirar su brazo hacia su cuerpo. Era lo suficientemente delgada como para cargarla en un brazo y bailar la macarena. - Rápido, ven.

Lo cierto es que no sabía adonde iba, solamente tiraba de Eva con fuerza tratando de que a ninguno de los dos los atraparan. Pero no podían correr de aquel modo, solamente caminaron hasta una parte oscura del barrio, cerca de las escaleras de emergencia de un edificio sucio y Thomas suspiró, recobrando lentamente la respiración y así la consciencia. - Mis zapatos... -susurró con nostalgia, recordándolos.





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Re: ▬ No soy de las que esconden la cola y agachan las orejas. {Thomas}

Mensaje por Nixie S. Jägger el Miér Ene 18, 2012 12:25 pm

+
Sabía lo que tenía que hacer. Irse. Levantarse del suelo, e irse. Pero allí se quedó. Como una completa idiota, mientras las sirenas sonaban cada vez más cerca de donde ambos estaban. Reaccionó en cuanto oyó el comentario irónico de Thomas. No le gustó que él bromease con esas cosas. Por lo que le lanzó una mirada fulminante. Como si quisiese matarle con ella. – Vete a la mierda, Thomas. – le espetó frunciendo el ceño, y los labios. Podría haberle metido una patada en sus partes bajas, cuando él se acercó a echarle una mano, para que se levantase de una vez. Le agradeció el gesto, pero solo en su interior. Aun seguía mirándola con cara de perro enfadado. Como siempre. Se soltó enseguida de él, y se sacudió el trasero. No estaba para charlas. Aunque a juzgar por el aspecto que el chico presentaba, tampoco él lo estaba. Seguramente la sangre que había en su nariz, dictaba que esta estaba malherida. O rota. Bueno, ella no tenía nada que ver en todo aquello, así que no debía sentirse culpable. Ni siquiera sabía que él rondaba por aquellas calles oscuras y húmedas. Donde los ladrones como aquellos, rondaban y acechaban tras las esquinas. Mentiría si dijese que no sentía cierta curiosidad por saber que hacía Thomas allí. Pero por otra parte, le importaba una mierda. Thomas se las ingenió para cogerla de nuevo del brazo, y tirar de ella a un lugar más seguro. Fuera del alcance de los policías que pronto llegarían al lugar de la pelea, para ver si aquél vecino que había llamado, decía la verdad. Claro que solo se encontrarían con restos de sangre y poco más, puesto que las personas implicadas habían huido por patas al oír las sirenas. A veces los policías podían ser bastante idiotas. ¿Acaso no pensaban que al oír las sirenas ellos no huirían? Pues se equivocaban. Y mucho. Al igual se quedaban ellos ahí para terminar entre rejas.

-¡Suéltame, joder! – rugió zafándose de su agarre, en cuanto sus pasos se pararon. Fue un movimiento brusco. No le gustaba que nadie la obligase a nada. Y menos que al tocaran si ella no quería ser tocada. Se apoyó en una de las paredes, fría como aquella noche de primavera, para llevarse las manos a la cabeza, y echar el cabello hacia atrás, mientras su mirada gélida se clavaba en el suelo mojado y en sus botas militares. Esas que pesaban mucho más que su cartera sin dinero. – Menudo marrón… - murmuró para si misma. A veces le daba por hablar ella sola. O pensar en voz alta. Levantó la mirada, y la fijó en Thomas, el cual parecía lamentarse por algo que había perdido o que aquellos capullos le habían robado. Su mirada se topó con sus pies, los cuales estaban enfundados en unos calcetines, pero nada más. No pudo evitar alzar una ceja, incrédula. - ¿Es una nueva moda? ¿El no llevar zapatos? – comentó irónica. Una sonrisa burlona apareció en sus labios. Eso labios que tantas veces habían probado lo chicas de su edad no se atreverían a probar nunca. Con ellos podía hacer mil maravillas, dejando de lado el sabor agrio que guardaban. Porque sus besos, nunca fueron dulces. Negó con la cabeza. Sus muelas mordieron su lengua, mientras seguía burlándose de él con la mirada. Realmente patético. - ¿Sabes? Me piro. – soltó de pronto. Quería irse de allí. ¿Iba a hacer algo de provecho? No.

Salió del escondite, y comenzó a caminar con las manos en los bolsillos de sus tejanos negros. No podía meterlas en ninguna cazadora de cuero, puesto que no llevaba nada para abrigarse. Se alejó de él, hasta que oyó de nuevo una sirena. Fue corta, pero lo suficiente para que se parase en seco. En medio de la calle. Retrocedió, dos pasos, y después giró sobre sus pies, para caminar de nuevo hacia donde Thomas se encontraba. Un andar cómico. Como el de los dibujos animados. Sin decir nada, de nuevo se encontró en el mismo punto de antes. Pero esta vez se quedó donde estaba, en silencio. No era una gallina. Tampoco es que fuese superwoman. Pero no quería ser pillada por la policía. No tenía suficiente poder adquisitivo para salir de esa viva e impune. – Dime que tienes un cigarrillo. – habló por fin, rompiendo el silencio gélido.


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Re: ▬ No soy de las que esconden la cola y agachan las orejas. {Thomas}

Mensaje por Thomas B Martin el Vie Ene 20, 2012 4:24 am


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Conocía a la chica, por lo tanto... no le importaba que ella lo insultara, sabía que estaba en su naturaleza por completo. Conocía ese tipo de chicas, tan fuertes pero al mismo tiempo tan débiles. Nunca había frecuentado con muchas, pero había conocido casos, o mejor dicho, normalmente solía escribirlas en sus libros. Era un gran secreto. Desde que había conocido a Eva, había comenzado una nueva historia donde la protagonista principal se parecía mucho a ella. No iba a publicarla, ya que lo suyo era un hobbie secreto. Pero en sus delirios, si eso sucedía, iba a darle una gran cantidad de dinero a Eva sólo por ella. Cosa extraña la vida.

Sabía que la manera de bajar aquel humor de Eva, era tranquilizarse y no responder. De todos modos, Thomas era el hombre mas tranquilo que uno podía conocer, cuando ella le pidió que la soltara no se quejó, otro lo hubiera hecho. Así era él, y a veces su tranquilidad molestaba. Aturdía a la gente que vivía al máximo en su vida. Como Eva. Thomas observó sus calcetines, naranjas y verdes, y sonrió de lado al verlos. Una leve obsesión que tenía, usar medias de colores solamente para darle 'color' a su ropa de trabajo. - De hecho, es la nueva moda de los abogados. Nunca te enterarías de las cosas que hacemos sin zapatos -bromeaba, y su risa sonaba sin problemas, nunca irónica o llena de dobles sentidos como podía hacer otro.

No sólo era tranquilo sino paciente, cuando Eva dijo que se marchaba, él no movió un pelo. Por supuesto que quería que se quedara, no sabía donde mierda estaba, no tenía zapatos, ni dinero. Solamente contó los segundos que tardó ella en volver hacia donde él estaba. Cualquiera, en su situación hubiera reído con victoria al ver que ella volvía. Pero Thomas solamente buscó en sus bolsillos hasta sacar sus cigarrillos guardados sumamente pulcros. Sólo le quedaba uno, observó sin problemas. - Dime que tienes una casa donde puedo llamar por teléfono al menos a un taxi. -jugueteó con el cigarrillo en sus manos. Sabía que la chica era complicada, pero no tenía malas intenciones con él. Era como un animal, uno de caza. Eva paraba las orejas cuando veía que alguien estaba amenazándola y por impulsos atacaba, tal animal. Por eso Thomas sabía como tratarla, se mostraba seguro pero tranquilo, como si conociera miles de chicas como ella y sus insultos fueran dulces palabras. No le interesaba realmente molestarla, le interesaba la chica y la veía como un brillante en bruto en el suelo cubierto de barro. -Te pagaré por ese favor, si deseas. Cuando tenga mi dinero, claro.






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Re: ▬ No soy de las que esconden la cola y agachan las orejas. {Thomas}

Mensaje por Nixie S. Jägger el Vie Ene 20, 2012 4:51 am

+
Miró aquél cigarrillo que bailaba en los dedos de su acompañante aquella noche. Lo miró durante unos segundos, para luego subir sus orbes azules a los de él. ¿Estaba negociando con ella? Sí, al parecer eso era lo que Thomas hacia. Se le notaba tranquilo, y eso la tranquilizaba a ella en realidad. Sabía que él no iba a hacerle daño. Pero aun así, Nixie no confiaba en él. No del todo. - ¿Solo te queda ese? – le espetó, intentando pasar por alto la negociación del abogado. Estuvo un rato en silencio, con rostro pensativo, como analizando la situación futura que podría venir, si ella aceptaba. Él había dicho que iba a pagarle. Eso era una buena oferta, puesto que se ganaría dinero limpiamente. Más o menos. Él no le pedía que le hiciese un favor sucio. Simplemente quería llamar a casa, y así poder irse. Lo entendía. Ella también quería irse a casa. Esa que pronto abandonaría de una vez por todas, en cuanto tuviese todo listo. Porque sí, ya no quería estar involucrada más en ese barrio de mierda. Lo odiaba. Tanto como odiaba su vida. Como se odiaba a ella muchas veces. Era patético todo a su alrededor, y no se esforzaba en cambiarlo. Sino al contrario. Era como sus ganas de luchar, se hubiesen volatilizado años atrás. Sin ningún rastro al que seguir. Y era así. Se había cansado de luchar. Aunque Nixie era fuerte, y por ello mismo aguantaba. – Esta bien. – dijo al fin, aceptando el trato. Le tendió la mano para zanjar así el asunto, y enseguida la retiró, después de haberla estrechado. Aunque hubieran tenido un contacto más que intimo semanas atrás, eso no daba pie a Thomas a tomarse muchas confianzas con Nixie. Es más, ella le había mentido sobre su nombre, y el abogado aun tendría que seguir llamándola “Eva”. Hasta que a la morena le diese por decirle la verdad. Algo que seguramente no haría.

- Pero hay un problema. – lo miró fijamente con sus ojos azules y sus cejas rubias. Esas que apenas se veían, y le daban un aspecto algo macabro. Muchos pensaban que no tenía cejas. Que aquello que brillaba no eran sino sombras de lo que había habido antes. Pero la gente no se fijaba lo suficiente. ¡Claro que tenía cejas! ¿Cómo no iba a tenerlas? Ni que estuviese mal de la cabeza para haber querido quemárselas o depilárselas enteras. Lo irreal era el color de su cabello. Ella había sido rubia. Bueno, más o menos. Pero después de todo aquello, decidió cambiar totalmente de aspecto. Y convertirse en Shadow. La chica solitaria a la que muchos conocían. – La pasma ronda por aquí. Diría que se han ido ya… pero no me fío de esos capullos. – comentó en un tono amargo. No le gustaba la policía. Aunque era algo irónico. Pues Thomas más o menos venía de esa rama. Claro que Nixie no lo veía como a alguien peligroso. Sino, ya le hubiese mandado a freír espárragos. – Aunque conozco bien la zona. – se encogió de hombros, y entonces fue cuando la arrebató el cigarrillo. – Vamos. – le apremió para que le diese fuego, y de paso se moviese de allí. Realmente no pensó mucho en si él tenia frío o no en sus pies. Pues ella si se estaba congelando por arriba. Con solo aquella camiseta de manga corta. Y para nada gruesa.

Con mucho cuidado, ambos se colaron en uno de los jardines vecinos. Por suerte, estos dormían, y no se enteraron de nada. – Es por aquí… es… un atajo. – le explicó para que no hiciese muchas preguntas acerca de a donde iban exactamente. Ella sabía moverse. Era escurridiza. Era como una serpiente venenosa, moviéndose de aquí para allá. – Venga… - le susurró cuando atravesaron dos jardines más, y saltaron una valla bastante baja, por lo que tampoco es que tuviesen que hacer maravillas para poder saltar aquello. Nixie iba delante, y estiró el brazo hacia atrás, para empujar a Thomas a un lado, cuando sus oídos captaron el sonido de unas ruedas corriendo por el asfalto. – Shhh… - le dijo sin mirarle. Sus ojos solo miraban adelante, mientras su espalda se pegaba a la pared de una de las casas. Se tranquilizó cuando el coche pasó de largo, con las luces encendidas, y cegándola un poco. Esperó a que se fuese, y reanudó el paso, pero esta vez caminando. Pues ya no había peligro. – Ya llegamos. – le dijo. Aunque aun faltaban cinco minutos o diez para llegar. - Joder que frío hace... - gruñó frotándose los brazos con las manos.


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Re: ▬ No soy de las que esconden la cola y agachan las orejas. {Thomas}

Mensaje por Thomas B Martin el Sáb Ene 21, 2012 9:06 am


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Por supuesto que Thomas sabía negociar, pero claro, lucía como si no tuviera idea de tal cosa. Sonaba despreocupado, tranquilo y sin problemas, todo un dolor de cabeza molesto para cualquiera que lo viera. Sonrió, finalmente al ver que ella dudaba de sus movimientos y de lo que hacía, pero luego se mostró segura, tomando su cigarrillo y comenzando a caminar. A Thomas sólo le importaba una cosa con respecto a la policía, que ella se marchara. Era cierto que iba a sentirse solo cuando ella se escondiera en la oscuridad como un gato, pero no iba a admitir aquel sentimiento. No era que Thomas sentía una especie de sentimiento romántico, no, era el simple sentimiento de compañía cuando un solitario conocía a otro solitario. Grandes cosas pasaban cuando eso sucedía, como al mismo tiempo grandes desastres. Lanzó la cajita roja de cigarrillos al aire, cayendo en la oscuridad y comenzó a seguirla.

El ambiente se había vuelto realmente húmedo mientras se movían en la oscuridad, Thomas observó el cielo con el ceño fruncido. Violeta ante sus ojos supo que iba a llover esa noche, o tal vez en otra oportunidad. Pero esperaba que cuando él llegara a su casa, había deseado la lluvia, pero no en ese momento. Menos cuando estaba realmente golpeado, sin zapatos y lejos de casa. El sudor le pegaba la camisa al cuerpo, se odió por llevar aquel traje tan molesto pero Thomas siempre vestía perfecto, sin ningún tipo de defecto. Abogado perfecto, debía ser, él lo sabía.

Cuando ella se ocultó junto a él de la policía, Thomas lo hizo con total naturalidad, como si nada pasara. Estaba cerca de ella, por lo que se puso en frente. Si alguien llegaba a verlos, pensarían que eran una pareja pasándola bien. Le dejó el encendedor en una de sus manos, sin realmente tocarla, y la observó mientras escuchaba las sirenas pasar. Se tomó la molestia, como si nada, de pasar los dedos de su mano derecha por las cejas rubias de ella. Sabía que iba a saltar, pegarle o gruñir, pero no le importó, su gesto tampoco había sido tierno, solamente trató el contorno de sus cejas rubias observando el detalle. - ¿Rubia natural o deseas que se vean más los ojos? Tienes bonitos ojos. -no sonrió como si ese fuera un cumplido o una broma sarcástica. Le llamaba la atención, como todo en ella. Sus ojos eran increíbles, incluso en la oscuridad los ojos azules -a veces tirando a celestes- lo observaban tal gato. Eran preciosos y no iban con ella, o mejor dicho, su rostro sin ningún tipo de expresión no iban de la manera que vestía. Parecía una muñeca, de aquellas que se hacían cuando su madre era pequeña. Su rostro era terriblemente hermoso, increíble para dibujar o alguna otra cosa parecida. Obviamente, entre tantos aros y lastimaduras -o las rubias cejas-, nadie notaba eso. Supuso que sólo ella sabía como era realmente su rostro y lo ocultaba para que nadie note lo bonito que podía ser, misteriosamente Thomas veía mas allá de la sombra excesiva en los ojos y los aros.

- Sabes que te daría mi saco por naturaleza, pero no lo aceptarías -comentó cuando ella se quejó de tener frío. No iba con maldad, sino con realismo. A él realmente le gustaría que no sufriera el frío pero le gustaba que ella no se enojara con él. Eso lo despertó un poco de su análisis de rostros. Él moría de calor, ¿tendría algo que ver con el golpe? No, no le habían disparado. No sufría un shock. Solamente al correr tanto seguramente había muerto de calor, o ella estaba comiendo muy poco. Lo cual parecía cierto. Se llevó la mano a la nariz mientras caminaba cerca de ella, su mano apareció frente a él bañada en sangre. Su nariz parecía ser algo complicado de verdad, y él no sabía como iba a solucionarlo en ese momento.

Finalmente, como Thomas predijo, la lluvia comenzó. Una lluvia extraña, ya que el frío ya se encontraba entre ellos, pero bueno, California a veces era una mierda con respecto al clima y las lluvias. Observó a Eva, y supuso que a ella no le iba a importar mojarse. Claro, ella no tenía la nariz rota. - La frutilla del postre, ¿no? -bromeó con inocencia, sonriendo finalmente. - ¿Que tal has estado, Eva? -preguntó como si nada. ¡Como si no hubiese sucedido nada anteriormente! Thomas, a veces ignoraba demasiado, y eso era un gran defecto.





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Re: ▬ No soy de las que esconden la cola y agachan las orejas. {Thomas}

Mensaje por Nixie S. Jägger el Lun Ene 23, 2012 5:49 am

+
Le dio un manotazo en la mano, cuando él se atrevió a tocarle las cejas con suavidad. Dibujándolas de nuevo con la yema de su dedo. Esas cejas que nunca quiso ocultar, para así, cuando se mirase al espejo, recordase quien fue una vez años atrás. Aquella niña rubia de sonrisa dulce que enamoraba a cualquiera que tuviese el placer de conocerla. Pero aquello había cambiado, y ya no había razón para dar marcha atrás y recuperar de nuevo aquella vida. Más que nada porque le faltaban dos personas esenciales. Sus padres. Y ellos no iban a resurgir de entre los muertos. Eso estaba más que claro. – No me toques. – le dijo entre dientes y con la voz susurrante. - ¿Y a ti que más te da si soy rubia o morena? Me follarías igual. ¿No? – comentó fríamente. Dio una calada a aquél cigarrillo que Thomas le había dado minutos atrás, para así poder calmar esos humos que le salían de la nada. Nixie no se andaba por las ramas. Ella decía las cosas por su nombre, y le importaba tres pueblos si su acompañante se escandalizaba o no ante ese comportamiento rudo del que era portadora desde hacia años. Y del cual estaba satisfecha, aunque tal vez no orgullosa. – Tsk… - chasqueó la lengua ante el cumplido del abogado, hacia sus ojos claros. Él también los tenía bonitos, claro que no iba a decírselo. Más que nada porque no le apetecía ponerse ñoña con nadie en esos momentos. Tan solo quería llegar a casa. Y descansar. Realmente se sentía incómoda con el acercamiento del hombre. Pero él al final se apartó un poco, y respiró con tranquilidad. Dedicándose en silencio al tabaco. - ¡Bingo! No lo aceptaría. – le dijo respondiendo a su comentario. Obviamente que le hubiese gustado que él le diese su abrigo para resguardarse así del frío. Pero su carácter fuerte lo rechazaría tal y como Thomas había dicho hacia nada.

- Si nos damos prisa llegaremos en nada. – comentó Nixie, poco después. Ella iba un paso por delante de Thomas, sin querer que ambos brazos, manos o cuerpos, se rozasen al caminar el uno junto al otro por aquellas calles oscuras. Y ahora, húmedas. Y es que el cielo había cambiado a lo largo de la noche. Este estaba algo claro. Como violeta. Y eso solo quería decir una cosa. Pronto las nubes se echarían a llorar, para cubrirlo todo de lágrimas. Y entonces pasó. Comenzó a llover. – Lo que me faltaba. – Oyó el comentario irónico del abogado ante ese suceso. Y por una vez estuvo de acuerdo con él. – Eso parece. – respondió ella dejando escapar un suspiro, mientras notaba el agua calando sus huesos. No es que le desagradase la lluvia, pero no le gustaba empaparse la ropa y mucho menos cuando tenía frio. Acabaría por enfermarse al final, y eso no lo quería. Sino... ¿Quién iba a hacer su trabajo? Estaba claro que si faltaba al trabajo, iban a despedirla. Y sobretodo por un jodido resfriado. O a las malas, pulmonía. Menos mal que no faltaba nada para llegar a la choza de Nixie. Porque más que una casa, era como una chabola. Típica casa de los sin techo. Donde la luz fallaba. Y el mal olor siempre estaba presente. Además de los típicos ruiditos que no dejaban dormir a nadie. Bueno, a ella sí, pues cuando llegaba a casa, estaba toda reventada de trabajar.

Paró en seco ante tal pregunta, y se encaró a él. – Déjalo ya. No hace falta que saques conversación. Menos que preguntes cosas absurdas. Odio gastar saliva para nada. Deberías saberlo, Thomas. – le dijo apuntándole amenazadoramente con el dedo índice. Y entonces reparó en la sangre de él, en su rostro. No se sintió culpable, pero tampoco muy indiferente ante ello. – Joder tío… o te han pegado una paliza brutal… o es que eres realmente sensible a los golpes. – arrugó sus cejas rubias, para mirarle con los ojos achinados. – Será mejor que nos demos prisa. Creo que tengo algo para eso. – comentó. Ni ella misma lo supo entonces, pero lo hizo. Le cogió del brazo, y tiró de él para correr juntos y llegar así a su casa. En cuanto se dio cuenta, lo soltó. Pero antes de eso, ya habían corrido tres o cuatro minutos sin separarse. De nuevo esa sensación de incomodidad invadió a la camarera. No dijo nada, ni si quiera le miró. Subió los tres, cuatro peldaños de las escaleritas, donde daban al pequeño porche de la entrada. Allí tenía un banco de madera, blanco como la pared, aunque sucio y viejo como toda la casa. Metió la mano en el buzón, y sacó la llave del adosado. Esta estaba atada a una cadena que había dentro al parecer para que nadie se la llevase. Aunque eso con un simple tirón podía romperse fácilmente. Empujó la puerta, y esperó a que el entrase en ella para cerrarla de nuevo. Dejando la llave en el buzón, antes. Intentó encender la luz, pero al parecer otra vez se la habían cortado. – Espero que te guste la oscuridad, porque no tengo luz. – comentó malhumorada. No le dijo nada. Nixie daba por hecho de que él sabría lo que debía hacer. Ella no le iba a decir nada, a menos que él se quedase allí de pie, como un pasmarote. Se metió en el minúsculo baño, y buscó en el armario/espejo – él único que tenía – que estaba encima del lavamanos. Allí encontró gasas y agua oxigenada. También una especie de tiritas para los golpes y cortes. Y tenía de eso, porque ella misma muchas veces llegaba a casa malparada. Sino nada. De nuevo entró en el salón/cocina/comedor, para darle todo eso a Thomas. Ella tenía algún que otro golpe y demás, pero poco le importaba. – Deberíamos cambiarnos de ropa o algo… - comentó sintiendo la lluvia aun en su cuerpo. Calándola. Supuso que el abogado estaría igual que ella. - Adelante. Sirveté tu mismo. - le dijo dándole las cosas. - Por cierto. Bienvenido a mi humilde casa. - claro que eso lo dijo con ironia. Burlándose ella misma de su casa de alquiler.

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Re: ▬ No soy de las que esconden la cola y agachan las orejas. {Thomas}

Mensaje por Thomas B Martin el Lun Ene 23, 2012 9:38 am


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Cualquier persona podría enojarse, o simplemente suspirar cansado del mismo trato, pero Thomas solamente dejó pasar el momento. Nunca, en las veces que había estado cerca de ella había logrado que se tomara en serio sus palabras o por lo menos rompiera el muro por cinco minutos. La observó con sus grandes ojos, cuestionándose que sucedía. ¿Era imposible para ella tal cosa? ¿O había alguien con quien abría su corazón o por lo menos no estaba ladrando como si tuviera cara de comida? Envidió a la persona, pero finalmente dejó pasar el tema. A fin de cuentas, ella no era su hermana -por suerte- y él no tenía porque luchar tanto con entenderla. Cierto. Él no tenía porque, pero lo hacia. Eva tenía un imán que llamaba a la gente como Thomas, como si fueran dos personas unidas en otra vida. No comentó el tema de las cejas, estaba feliz de haber comentado lo que se le había cantado la gana. Pero cuando iba a responder su ladrido, se quedó en silencio. No pensó en responder luego, ya que a fin de cuentas, no sabía porque mierda se seguía acostando con ella. Era mejor callar antes que empeorar la situación, Thomas volvió a su actitud tranquila, deseando el cigarrillo que ella tenía en sus manos.

La lluvia le impedía ver en la oscuridad, pero por lo menos supuso que su sangre podía desaparecer. Cuando llevó la mano a su nariz, la sangre seguía. No se quiso imaginar que mierda había pasado, y porque la herida seguía, y de todos modos no sabía ni J sobre medicina. Lo máximo que había curado Thomas en su vida era un resfriado gracias a una pastilla que decía lograr tal cosa. Observó detenidamente como la chica temblaba y trataba de disimularlo. Cabeza dura. Él no pensaría que ella era débil si le dejaba en un leve movimiento dejar su saco en sus hombros. No dejaría de ser Eva, la mujer que le parecía realmente atrapante y por la que tenía una paciencia infinita. Él era paciente y tranquilo, sí, pero con ella usaba el doble de su combo.

- No gastarás saliva contándome como estás -replicó cuando ella se enfrentó a él furiosa. Luchó con sus sentimientos, y por momentos tomó aire para no enloquecer. Eso había sido rudo, realmente, pero al instante volvió a ser el mismo de siempre. No era perfecto, ni era uin pan de dios. A veces perdía la paciencia, pero no era cosa de todos los días. - Me gustan las conversaciones sobretodo cuando me interesa saber lo que pregunte. -nuevamente el tono tranquilo, sonriendo un poco de lado ante su respuesta. Asintió cuando comentó lo de su nariz, lo cierto es que le dolía lo suficiente como para olvidarle. - Me han dado una paliza -le recordó sin ningún tipo de remordimiento, ya que seguramente ella no se sentiría culpable. Thomas no era bueno peleando, pero no iba a admitir que le había dado puñetazos al aire.

Soltó una rápida risa cuando dijo que no tenía luz. Nunca había estado en una casa sin luz, recordaba que de pequeño se había cortado la luz en su casa por unas. Amó ese momento, fue unas pocas horas donde sus familiares se sentaron en la mesa principal y jugaron hasta altas horas de la noche con la luz de la vela. Luego su padre consiguió algún tipo de mecanismo con el electricista para que eso nunca más sucediera. Thomas descubrió, a muy temprana edad, que lo bueno duraba poco. Caminó empapado por el hogar de la chica, era una lastima que la luz estuviera ausente. Le gustaría ver como vivía, o los pequeños detalles de la chica. Por mas que fuera suciedad, le gustaba la idea de ver la ropa de Eva apilada. Él era un maníaco de la limpieza y el orden, y se preguntaba como sería ella. - ¿No te sentirás intimidada si lo hago? -bromeó cuando le indicó que deberían sacarse la ropa. Thomas no era de desnudarse por la vida, por lo que sólo dejó el saco sobre una silla con la que se golpeó al caminar.

Afuera la lluvia continuaba, pero con menos densidad. La luz era poca, solamente los iluminaba las luces de la calle y el celular de Thomas puesto en modo linterna sobre el saco. Todo lo que ella le había dado resultaba un problema, nunca en su vida había puesto ni una curita. ¿Como iba a curar una nariz rota? Ignoró el hecho que la camisa blanca se le pegara al cuerpo, primero porque ella ya lo había visto desnudo y segundo, Eva no era de las que se quedaban babeando por el cuerpo de Thomas.

- No tengo nada que negociar para que me ayudes. ¿Unos boxers costosos te irían bien? -siguió bromeando, con total naturalidad como si estando con ella pudiera soltar las bromas que antes no hacia. La observó en la oscuridad, los aritos brillaban gracias a las pocas luces que habían y sus ojos azules brillaban como los de un gato, dándolo una pequeña sacudida de adrenalina a Thomas que no vio llegar. - Ayúdame. -soltó eso en voz baja. Para Thomas no era rebajarse pedirle ayuda a la chica, por lo que extendió sus manos con las cosas en ellas.






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Re: ▬ No soy de las que esconden la cola y agachan las orejas. {Thomas}

Mensaje por Nixie S. Jägger el Lun Ene 23, 2012 1:05 pm

+
Alzó una ceja, y por primera vez, sonrió ligeramente. Claro que seguramente lo dejó pasar, porque no había luz, y él no podía verla sonreír con diversión ante aquél comentario. – No seas idiota, Thomas. Te he visto desnudo unas cuantas veces. – le soltó, pero sin maldad. Tan solo para recordarle que ella trabajaba como prostituta. Y que incomoda ante aquello, no iba a sentirse. Se sentía más incomoda a la hora de abrazar a alguien o dedicarle un gesto simpático, que verlo desnudo. – A ti y a otros miles. – exageró. Aunque por un momento dudó en si eso era una exageración, o un número aproximado a la cifra con los que se había acostado a lo largo de todo ese tiempo. – Pero haz lo que quieras. – se encogió de hombros entonces y de nuevo se metió en el baño, esta vez para coger una toalla pequeña. Limpia y seca. La tiró en el pequeño sofá que había en aquél salón vacío, arrimado a la pared. En frente se encontraba la cocina. Dos encimeras, y la cocina en sí, con un pequeño horno, el cual en la vida había utilizado. Y la nevera. Pero esta era una pequeña, como la que tenían los estudiantes en sus habitaciones compartidas. No eran gran cosa. Pero para vivir como vivía ella, ya era algo. Le hubiese gustado haber podido vivir en otro lugar más bonito que aquél, y por eso mismo estaba entre irse o no a otro sitio. Esa casa le salía mucho más barata que las demás. Pues su jefe se las alquilaba {esa y unas cuantas más} a los trabajadores del local. Solo que… las chicas tenían que hacerle cosas que no eran muy agradables, y Nixie, comenzaba a cansarse de todo aquello. – Ahí tienes una toalla. No es muy grande, pero es limpia. – le dijo chasqueando la lengua contra el paladar. Molesta por no tener algo más.

Dejó escapar una risita cuando esté se golpeó contra la silla que había por allí. – Realmente eres algo torpe, ¿eh? – dijo burlona y divertida a la par. Se cruzó de brazos y negó con la cabeza. Sus ojos ya se acostumbraban a la poca luz que se filtraba por las ventanas de aquella casa de un solo piso. Aunque esta estuviese en suspensión, por así decirlo. Típicas casas americanas de los barrios bajos. – Pues a lo mejor servirían. – le siguió la broma, aunque con mucha menos diversión en su tono de voz, que en el de él. Vale. La morena no supuraba gracia por ninguno de los poros de su piel. Era distante. Fría. Y su humor era algo negro. Si es que decidía decir algo con gracia. Aunque rara vez lo llegaba a conseguir. Sus miradas se encontraron, pero esta vez, Nixie decidió aguantársela. Total. Ahora se encontraba en su territorio, y ella no era la que debía intimidarse o sentirse incómoda en presencia de nadie. Estando en su casa. Carraspeó cuando él le pidió ayuda. – No creo que sepa hacerlo. – mintió. Aunque bueno. No tenía nada que hacer. Por lo que al final, con un suspiro cansado, decidió ayudarle con todo aquello. Y claro que sabría hacerlo. Ella misma era la que se curaba las heridas. A no ser que fuese a casa de Tara y ella le ayudase con todo. Cuidándola como siempre. Aquella muchacha era verdaderamente un trozo de cielo. Aunque Nixie a veces se portase como la peor amiga. Claro que su relación era algo extraña. Y seguramente Thomas ni la entendería.

Se acercó a él, pero pasó de largo, sentándose con una pierna debajo de su trasero, en el sofá. Cogió la toalla, y la tiró hacia uno de los reposabrazos. Ese el cual estaba pegado contra la pared también. Como el respaldo de este. – Ven… - le dijo esperando a que él se sentase junto a ella, para limpiar o curarle aquello. – Eres un caso perdido, tío. – su ruda forma de hablar, era algo que la diferenciaba de las chicas pijas con las que él solía juntarse. Nixie hablaba como un chico. Siempre y cuando el cliente no dijese lo contrario. Entonces, ella cambiaba de registro todo lo que podía. O lo que su orgullo le permitía. Mojó una de las gasas, después de romper el envoltorio de plástico y papel transparente, con el agua oxigenada. Dejó el bote a su lado, en el suelo, y entonces procedió a curarle la nariz. – Vaya golpe… creo que te la rompieron. – No se compadecía de él a simple vista. Pero en el fondo no se alegraba de ello. Al fin y al cabo, él era uno de sus mejores clientes. Algo bastante diferente a los demás. Se acercó un poco, y ambas respiraciones se entremezclaron un poco. – Aquella zorra… - murmuró recordando también a la otra ladrona. – juro que si la vuelvo a ver, bueno, si los vuelvo a ver – rectificó – les daré una paliza tremenda. Palabra. – comentó apretando los labios. – Y de paso te traigo tus zapatos. O se los robo a ellos. – sonrió. Aquél pensamiento le divertía. Aunque fuese algo retorcido y macabro. Pero la venganza, era dulce para ella. -Espera. – le dio la gasa y se levantó entonces. Sin decir nada más, se quitó la camiseta mojada delante de él, para luego tirarla al suelo como si fuese lo más normal del mundo. Llevaba un sujetador negro. Como prácticamente toda su ropa interior. Menos cuando salía a la barra o al escenario a desnudarse. Y lo mismo hizo con las botas militares negras de cuero, y sus tejanos. Quedándose entonces en ropa interior. – Solo faltaría que ahora mi sofá sufriese las consecuencias de la puta lluvia. – dijo rodando los ojos. Volvió de nuevo a su tarea como si nada. Por suerte, en su casa no hacia tanto frio como afuera. Aun así. Su piel estaba fría. Y aunque no lo dijese, ella también. ¡Joder! Llevaba el cabello mojado, y su cuerpo aun conservaba la humedad de la lluvia.

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Re: ▬ No soy de las que esconden la cola y agachan las orejas. {Thomas}

Mensaje por Thomas B Martin el Mar Ene 24, 2012 5:34 am


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A cualquiera le podía intimidar que una mujer fuera contando con cuantos hombres se había costado, pero no para Thomas. A veces creía que a la chica le encantaba hacer eso, incomodar a las personas. Él había vivido situaciones extrañas pero misteriosamente jamás se había sentido intimidado por ella. Era difícil realmente no hacerlo. Sobretodo cuando de por si era todo un misterio, cuando te observaba con esos ojos azules penetrantes y fijos. No vio venir la toalla, por lo que tuvo que agacharse para tomarla quedando aun mas torpe que lo habitual. Culpaba a la poca luz aunque notó lo mareado que estaba cuando volvió a ponerse de pie. – Oh… -fingió tristeza mientras se sacaba la camisa lentamente, desabotonándola con suma tranquilidad sonriendo de espaldas a ella. – Y yo pensando que había sido el primero –suspiró como si estuviera angustiado, pero claro que era una broma. No había nada ‘primerizo’ en Eva las veces que se había acostado con ella. Dejó la camisa clara empapada sobre la silla con la que había chocado y cuando ella lo llamó caminó hacia una muerte segura.

Sentarse no era la mejor opción que hubiera pedido, apenas lo hizo sintió el cansancio que uno normalmente tenia al estar mucho tiempo parado. Sus pies ardían y su cuerpo comenzaba a demostrarle donde había sido golpeado. No se molestó en quitarse los pantalones ya que a fin de cuenta no estaban realmente mojados como para ensuciar su sillón, pero trató de que no tocaran la textura del objeto, de todos modos era bastante largo. -¡Mierda!-exclamó al instante. Había olvidado que ella iba a ayudarle a curar la nariz, estaba tan tranquilo que por momentos creyó que había cerrado los ojos demasiado tiempo. El dolor en su nariz aumentaba y ardía, por momentos no pensó en otra cosa mas que esa. -¿Rota? Genial. No creo que un abogado logre convencer al juez con una nariz rota –chasqueó la lengua enojado por su estupidez. Dos días faltaban para defender a un idiota y seguramente alguna vez algún que otro abogado había ido con la nariz rota, pero no él. Perdería su reputación, clientes y, si, la confianza de su padre. Ahora reaccionaba de todo aquello, lo mal que había estado. Necesitaba un cigarrillo y olvidarse de todo de una buena vez.

No pudo evitar reír cuando comenzó a hablar ‘de la zorra’ que les había robado. O mejor dicho, le había robado a él dejándolo terriblemente desnudo. O bueno, tampoco de manera tan exagerada. Pero estaba furioso por las consecuencias. – Espero que lo hagas, me tocó el trasero. No muchas lo hacen –estaba bromeando nuevamente y por supuesto, imitando personalidades casi sin saberlo. Su humor quería parecerse al de la chica frente a él.

Observó en silencio, soltando alguna vez una que otra queja silenciosa por el dolor en su nariz, el cuerpo de la chica. Nunca había visto a alguien tan delgada, y si había visto alguna habían sido anoréxicas. No creía que Eva lo fuera, pero en ese momento parecía la persona con menos calorías del mundo. Supuso que era su metabolismo de por sí, porque no podría caminar con tranquilidad alguien así. Notó como su cuerpo dejaba escapar un rápido escalofrío y como lentamente la piel se le ponía de gallina. Thomas acercó sus manos al cuerpo de la chica y frotó tratando de recobrar el calor en el. No sabía si funcionaba o no, o cuanto tiempo iba a pasar antes de que ella le diera un golpe, pero se apresuró a hablar para distraer aquel movimiento. – No tienes cara de ‘Eva’. –dijo sin más. Lo cual era cierto, nunca había visto una Eva tan… diferente a su rostro. – Aunque yo no tengo cara de Thomas. Y ahora ni siquiera tengo nariz.







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Re: ▬ No soy de las que esconden la cola y agachan las orejas. {Thomas}

Mensaje por Nixie S. Jägger el Mar Ene 24, 2012 7:54 am

+
Poco le importaba a la stripper estar medio desnuda delante de Thomas. Él ya la había visto sin ropa, y aquello era como un bikini de playa, aunque menos resistente al agua que el susodicho y algo menos complejo. Claro que ella como iba a la playa ni nada, no tenía ni bañador, ni bikini. Pero eso no era algo que importase mucho en aquellos momentos. Lo importante de ese instante, era la nariz aparentemente rota del abogado. Nixie no las tenía todas consigo. Ella no era médico. Ni sabía gran cosa acerca de todo eso. Pero aquello había sangrado bastante, y suponía entonces que se la habían roto. - ¿Por qué no? Sería el abogado original de la sala. – comentó bromeando. Era extraño que se sintiese más suelta delante del moreno. Hacia nada le hubiese dado una paliza, pero ahora… se sentía medio a gusto. Aunque no lo suficiente como para abrazarle o darle cariño. – Yo siempre digo que lo que importa es lo que sepas hacer. No lo que aparentes. – y aquello lo dijo por él, pero también por ella. Fue con doble sentido aquella frase. Pues a ella siempre la solían juzgar por su aspecto. Por como iba vestida. O como hablaba. La apariencia, vamos. Y eso le fastidiaba de sobremanera, puesto que ella no era de las que juzgaban a nadie por su aspecto. Pues quien le hacia daño, podía ser un niño rico, como uno pobre. Eso le importaba una mierda. Si el daño estaba hecho, daba igual que zapatos calzaras. O que vestimenta llevaras. Lo hecho, hecho estaba.

Sonrió de lado y negó con la cabeza. – Eso me trae sin cuidado. – comentó acerca de su comentario, sobre la ladrona toca traseros. Pero no lo dijo con maldad. Es más. Su tono ya no era tan frío como antes. Parecía estar cambiando. Pero pronto aquellos se esfumó, en cuanto él se acercó y comenzó a frotarle los brazos con las manos, para que entrase en calor. Por supuesto, ella reaccionó apartándose. O ese fue el intento. Ya que al final, se quedó en su sitio, y tan solo se removió algo tensa por la situación incomoda en la que se encontraba. No era dada a dejarse tocar, pero bueno, él ahora no parecía ser su cliente. Más bien era como un invitado. Pero de esos que no le pagaban para hacer guarradas. Tal vez debía confiar algo más en él. Pero de momento le era imposible hacerlo del todo. Arrugó el ceño, juntando así, sus cejas rubias, esas que parecían estar descoloridas por agua oxigenada o algo parecido. - ¿Entonces de que tengo cara? ¿De puta? – espetó de pronto. Se separó, y dejó la gasa ensangrentada encima del regazo de él. De nuevo, Thomas había metido la gamba. Aunque el pobre en realidad no fuese culpable de nada. Él no fue el que la violó de pequeña, y le cambió la personalidad en un segundo. Él no era el que le decía lo que tenía que hacer cada noche. Si es cierto que eso era algo relativo, puesto que Thomas había pagado por tener sexo con ella. Pero a quien me refería era a su jefe. Ese capullo sin escrúpulos.

-Sino te gusta el nombre de Eva. Puedes llamarme de otra forma. – gruñó. – Seré buena y no te echaré a patadas porque sigue lloviendo. Puedes dormir ahí. – se metió en su cuarto dando un portazo, y luego al cabo de dos segundos, salió con una camiseta gris, limpia y al parecer de hombre. – Ten. – le dijo secamente, antes de tirarle la camiseta de manga corta para que se la pusiese. Ya que dudaba que él quisiera dormir con ropa mojada. O en pelotas. Aunque ignoraba si él en realidad dormía de esa forma. Pues cada uno tenia costumbres extrañas. No tenía ganas de hablar con él. De nuevo, volvía a ser la Nixie arisca de siempre. Y es que le repateaba tener a alguien en casa y no poder ser libre. Porque aunque estuviese en su territorio, no iba a ir en bolas por ahí, como si no hubiese nadie durmiendo en su sofá. Solo se oía la lluvia, las gotas daban contra los cristales de la ventana. Pero esta vez, fuerte. Pues se había levantado el aire también. Tumbada en la cama, no podía dormirse. Se sentía algo mal por Thomas. Le había dejado allí. Solo. Y seguramente con un mal sabor de boca. En el fondo sabia que él no tenía culpa de nada. Pero ella se empeñaba en hacérselo creer. Pobre chaval.

Un fuerte golpe de aire, abrió la ventana de su habitación de par en par. Y enseguida se levantó. Sintiendo las gotas caer en su cara y en sus brazos desnudos. No solo eso, justo en esa parte de la casa, llegaban las ramas de un árbol que había allí plantado. Y estas, le molestaban para poder cerrar la puertezuela de la ventana, que jodida, se resistía. Al final, no tuvo más remedio. - ¡THOMAS! – gritó en ayuda. No quería hacer aquello, pero no tuvo otro remedio. - ¡THOMAS VEN! ¡AYUDAME! – gritó haciendo fuerza e intentando cerrar la ventana. Él sino quería ir a ayudarla, estaba en todo su derecho. Pues él la había ayudado en parte. La pelea. El cigarrillo. (Ese que ahora seguramente estaría mojandose en el porche) Las bromas. Pero por intentarlo...

Nixie S. Jägger
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Re: ▬ No soy de las que esconden la cola y agachan las orejas. {Thomas}

Mensaje por Thomas B Martin el Mar Ene 24, 2012 2:12 pm


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Por un momento creyó que lo había logrado, que había logrado que ella se abriera a él de aquel modo que los amigos lo hacían. No sabía si estaba haciendo lo correcto en pensar en aquello, siempre había visto a Nixie como una amiga. Nunca como otra cosa. Se sentía feliz de su logro, de lo que había hecho. Ella bromeaba como si pudieran ser intimos pero al instante… lanzó todo por la borda. ¿Lo gracioso? Había sido el mismo el culpable. La sintió incomoda entre sus brazos y entendió que no le gustaba aquello. Algo tan natural para Thomas podía causar aquello en Nixie. Bajó sus manos, deslizándolas por los brazos esqueléticos de la chica y terminaron en su propio regazo. No le iba a pedir perdón, porque ella iba a burlarse de él. Pero en ese momento ella estaba haciéndolo de por si, malinterpretando sus palabras al instante y dándole a entender… que sobraba en ese lugar. Claramente ella no quería permanecer ni un segundo a su lado y por momentos creyó que hasta odiaba su presencia, dada la manera en la que hablaba. Si, siempre había sido así frente a él, pero aquello terminó por darle el último golpe. KO para Thomas Martin.

La vio alejarse y trató de que sus ojos no demostraran sentimientos. Eso siempre jugaba en contra de Thomas. Sus ojitos de perro mojado, seguramente en ese momento estaban de ese modo. Poniéndose de pie, observó su nariz en el reflejo de una ventana, la única ahí. Se veía mucho peor, si, pero sin demasiada sangre. No sabía que más podía hacerle en ese momento, seguramente tendría que ir al hospital. Y cuando ella lanzó la camisa decidió que iría en ese momento. Thomas no era de sentirse incomodo en las situaciones de la vida, pero en ese momento vivía un sentimiento parecido. Le gustaba escuchar a las personas, tratar de entenderlas sin comunicárselo. Pero no le gustaba ser un perro, a nadie supuso. Entendía que la chica no lo quería ahí y si le daba el sillón era por lastima.

Dejó escapar un largo suspiro cuando sacó el celular de sus pantalones de vestir negros y costosos. No iba a responder ni de milagro, no entendía porque debía usar esa estupida blackberry que no servía para nada. Un celular que soportara golpes, robos y lluvia. Eso necesitaba. Lo anotó mentalmente y se propuso ir en busca de su camisa, abotonándola en silencio mientras dejaba la camisa que ella le dio pulcramente doblada en el sillón. Tal vez Nixie no escuchara su partida y al mismo tiempo estuviera esperando aquello.

Le sorprendió, al apoyar la mano en el picaporte oxidado de la puerta principal, el grito de Nixie. Su cuerpo se tensó y se preguntó luego si había contenido la respiración. Casi se abalanzó hacia la habitación de la chica para entrar y cuando la observó peleando con la ventana.. se tranquilizó. Pensó que algo le había sucedido, que había entrado alguien a su habitación y estaba peleando contra ella. El viento parecía querer vencerle y los vidrios se movían fuertemente ante el movimiento de la naturaleza. Ya tenía puesto el saco, por lo tanto, al acercarse a la ventana y tratar de cerrarla, la lluvia volvió a empaparlo. No era realmente su día. Con fuerza, y también la de la chica, logró cerrar la ventana aunque esta parecía terriblemente rebelde. – Creo que no deberías dormir hoy aquí. La ventana te odia, aun más el viento.

Observó sus manos, lastimadas por tratar contra la vendita ventana asesina. Todo en esa casa parecía querer lastimarlo. Las ventanas, las sillas. – Me estaba por marchar. ¿Quieres un beso de despedida? –sonó gracioso aunque observaba a la chica con una ternura que no tenía explicación. No era lastima, para nada. Solamente entendía que la chica estaba lastimada, alguien que se incomodaba a una simple caricia seguramente había sufrido. Recordó al perro que una vez su padre golpeó para adiestrarlo, a Thomas luego le costó semanas tocarlo. Primero estaba asustado, lloraba por las noches y luego se volvió agresivo. Malo y rencoso por lo que su dueño le había hecho. ¿Qué tanto había de su perro en la chica? Sonaba horrible, sonrió un poco y comenzó a caminar hacia la puerta. Descalzo, obviamente.







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Re: ▬ No soy de las que esconden la cola y agachan las orejas. {Thomas}

Mensaje por Nixie S. Jägger el Miér Ene 25, 2012 12:44 am

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Thomas apareció de pronto en la puerta. A lo mejor se había asustado por sus gritos. Pero bueno, que más daba eso, allí estaba ahora y era lo que importaba. Agradeció que él le ayudase a cerrar las malditas puertas de la ventana. Esa que se movía bruscamente a causa del viento y la lluvia. ¿Cómo era que en primavera hacía ese tiempo? A veces California era algo alocada al parecer. Dejó escapar un suspiro cuando todo hubo acabado. Aunque Nixie vio como estas parecían querer abrirse de nuevo. Incluso se asustó un poco. Era como si alguien quisiese pasarle una mala jugada desde allí arriba o algo parecido. Porque no entendía nada. Aquella noche se estaba convirtiendo en una completa pesadilla. – Eso creo yo también. – le dijo secamente cuando Thomas le avisó de que tal vez no debía dormir esa noche allí, por si acaso volvía de nuevo el viento a arremeter contra las ventanas. Levantó la mirada, pues había caído de culo en el borde de la cama, cansada por el esfuerzo, y miró a Thomas. Parecía cansando. La poca luz que entraba por la ventana, lo corroboraba. Pensó tal vez que se había pasado tres pueblos con el muchacho. Pero es que no podía controlar ese carácter fuerte y sombrío del que era portadora desde hacia años. Le supo mal todo aquello, y mucho más cuando él le dijo que estaba a punto de marcharse. Hacía mal tiempo, y encima su ropa seguía mojada. Y no solo eso. Iba descalzo. No. No quería que él se fuese de ese modo. No iba a permitirlo. ¿Se estaba ablandando? Tal vez. Pero que más daba eso ahora. Él le había ayudado en varias cosas. Y se merecía otro tipo de trato. Nixie se estaba metiendo con la persona equivocada. Y comenzaba a darse cuenta de ello.

Se levantó entonces y se acercó a él. No sabía exactamente que hacer en esos momentos. No era buena en nada. Y mucho menos en tratar con personas. Sobretodo esas que solo querían ayudarla y sacar lo mejor de ella. No lo peor. Como la mayoría de gente. – Quédate. – le dijo. No fue en tono de súplica. Pero si en un murmullo bajo. Se hizo el silencio. Ella lo miró a los ojos. Fijamente. No le imploraba que se quedase. Si él quería irse… ella no pondría resistencia alguna. Pero prefería que con aquél tiempo no se fuese él solo a casa. Y mucho menos con esas pintas. Podrían no robarle esta vez. Sino algo peor. Esas calles no eran seguras. Porque aunque estuviese lloviendo con fuerza, los gamberros y matones de turno no dormían. Y aprovechaban cualquier oportunidad para hacer de las suyas. Ya había comprobado que Thomas no era precisamente el puño de oro en una pelea, por lo que si le pegaban o le asaltaban, no podía defenderse como dios mandaba. ¿Miedo? Puede que sintiese algo así. Ella nunca sabría muy bien si ese sentimiento era miedo. Pero parecía serlo. Tal vez si un día se enterase de que Thomas había muerto, ella sintiese algo más que indiferencia. Al fin y al cabo, y aunque no lo dijese, aquél chico le gustaba.

- No me malinterpretes. No es bueno que salgas con esos calcetines de colores. – comentó para quitarle hierro al asunto. Parecía nerviosa. Incluso algo vergonzosa ante la situación. Por lo que frente a él, giró el rostro para mirar por la ventana. Aunque en realidad no miraba nada en especial. Tan solo no podía mirarle a él a los ojos, como antes lo había hecho. Porque se sentía incomoda. Aunque mucho menos que antes. Tal vez él podría ser la cura ante aquello. Ante su fobia al cariño. Por así decirlo. Thomas tenía mucha paciencia, y no todos podían decir lo mismo. Casi nadie aguantaba sus humos, y él si. Aunque ya había entendido que hasta cierto punto, ya que como él había dicho, estaba a punto de irse de esa casa. Esa casa a la que solo querían entrar los pervertidos de siempre, para poseerla, darle el dinero, e irse.

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Re: ▬ No soy de las que esconden la cola y agachan las orejas. {Thomas}

Mensaje por Thomas B Martin el Miér Ene 25, 2012 6:18 am


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Frunció el ceño al instante que escuchó su murmullo, por momentos creyó que lo saludaba pero luego entendió que le pedía que se quede. El viento afuera le molestaba a la hora de escuchar o entender sus palabras. Realmente no sabía que pensar o que entender de Nixie. Entendía una sola cosa. Algo le habían hecho. Uno no se comportaba de ese modo con la gente que intentaba ayudar… como él. Recordó a su perro y al mismo tiempo, con un leve escalofrío, recordó como tuvieron que sacrificarlo por su mala conducta. El veterinario le había dicho a sus padres, mientras sus hermanas lloraban desoladamente, que el perro al mismo tiempo podía ser dejado en la calle. Obviamente sus padres no aceptaban tal cosa, mucho menos cuando su hermana menor deseaba buscarlo por las desoladas calles. Pero el profesional comentó que el perro iba a valerse por si mismo en la calle, gracias al dolor que había vivido iba a tener dos opciones. Ser fuerte y realmente valorarse entre los perros que se encontraría en la calle. O ser un perro lastimado y morir ante la primer pelea. También comentó, que podía ser un caso especial y vivir ambas situaciones. Al mirar a la chica, que parecía incomoda frente a él, entendió que ella era el ejemplo perfecto. No sabía que había vivido, pero por fortuna había sobrevivido, y se comportaba de tal modo para seguir sobreviviendo. Thomas quiso abrazarla, sí, algo ilógico y decirle que admiraba quien era. Pero claro, ella seguramente iba a dispararle si tuviera un arma.

-Sabes que no tienes que hacer esto. Por mas que de lastima con mis apreciados calcetines, si no me quieres aquí, la lluvia no me detendrá. –sonrió de lado, simple y con cierta amabilidad. Thomas era grande, tenía 28 años. Sabía y lograba entender cuando alguien no lo quería cerca. Normalmente, Nixie se comportaba así. Aunque lo cierto también era que pocas veces lo había demostrado porque él tenía el dinero en sus manos. La observó desde donde estaba, lo lucía la chica que siempre había conocido. Lucía indefensa, casi confundida, como si luchara contra algo que Thomas desconocía. Le sonrió nuevamente, moviéndose un poco hacia la sala. - ¿Quieres compartir el sillón? –preguntó con suma tranquilidad como si aquello fuera algo de todos los días. Hizo un ademán de tocarla, pero al instante se arrepintió recordando lo que había sucedido la vez anterior. Thomas siempre solía ser así, tratar de mantener contacto con las personas. Mínimos movimientos o gestos. Apoyando una mano en el hombro, revolviéndole el cabello a sus hermanas. Siempre, no era algo que podía cambiar de un día para el otro. Le costaba hacerlo con ella, pero él podía dejar todo para que se sintiera cómoda a su lado. Hasta se preguntó como sería… que ella estuviera de tal modo. Cómoda. Tranquila. Desenvuelta. Parecía realmente un milagro y por momentos, Thomas lo deseó mas que cualquier otra cosa.

Caminó hacia el lugar quitándose, una vez más, el abrigo y dejándolo sobre el sillón. Había un gran desorden en la habitación por lo que varias veces chocó en la oscuridad contra las cosas en el suelo. Seguramente ella estaba burlándose de él, pero no le importó en lo más mínimo. -¿Tienes cafetera? Puedo hacer café si no quieres dormir. –lo dijo sin ningún tipo de intención. Podría sonar gracioso si ambos fueran adolescentes con hormonas hasta la nariz, pero Thomas no lo era y no creía que ella tampoco. –Cierto. No hay luz. Bueno, puedo hacer manual. Creo. –trató de recordar la última vez que hizo un café de la manera normal. Y no pudo recordar cuando fue, se rió de si mismo. Era un niño mimado, necesitaba en una semana de vivir del aire y eso lo resolvería todo. Pero no podía, claro. Observó a la chica desde donde estaba, con la puerta abierta de la habitación. Semi desnuda frente a él parecía un niño al ser tan baja y delgada. Pero no importara lo lejos que estuviera… veía sus ojos azules a distancia. -¿Estás bien? Affk, cierto, no te gusta gastar saliva. Lo siento.







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Re: ▬ No soy de las que esconden la cola y agachan las orejas. {Thomas}

Mensaje por Nixie S. Jägger el Miér Ene 25, 2012 9:31 am

+
- No es lástima. Simplemente quiero devolverte el favor. – comentó encogiéndose de hombros. El dejar que Thomas se quedase en su casa, era como una forma de pedirle disculpas, y agradecerle aquello que había hecho por ella, y que muchos seguramente la hubiesen llenado de hematomas al comportarse con tanta rebeldía. O simplemente se hubiesen ido, dejándola allí mientras luchaba a solas con las puertas de la ventana. Y él se había quedado junto a ella. Después de todo, debía agradecérselo. Y como dar gracias no iba con su filosofía de vida, pues lo hacia de aquella forma. Además, no tenía ganas de que él se fuese tan rápido. No solo por el temporal que presentaba esa noche en la calle, sino porque sentía la necesidad de pasar más tiempo junto al abogado. Algo en ella le decía que estaría bien conocerse un poco más. Dejando de lado que el fuese un cliente, y ella la chica que le hacia favores sexuales. Nixie podía hacerlo. Todavía no iba a revelarle su nombre verdadero. Aun la confianza no era tan amplia. Pero seguramente acabaría por confesárselo. De eso estaba cada vez más segura. Le preguntó entonces si quería compartir el sillón. La morena asintió y medio sonrió. – Eso tendría que decírtelo yo. ¿No? – comentó entre burlona y divertida. Pero sin ninguna maldad en aquél comentario. – Hemos compartido cama… el sofá también se puede compartir. – le guiñó un ojo, mientras chasqueaba la lengua y hacia un gesto con el dedo, como si fuese una pistola, apuntándole. Algo gracioso que solía hacer. Aunque no era un gesto muy femenino. Pero siempre le gustó después de haberlo visto hacer a un actor en una película.

Tosió una vez, al notar cierto picor en la garganta. La verdad es que si necesitaba tomar algo. Aunque café… no sabía muy bien si iba a tener algo de eso. Porque no le había dado tiempo a comprar nada esa semana. Bueno, tiempo si tuvo, pero no ganas. Y como sobrevivía a base de sándwiches y latas de refrescos… pues no le importaba tener nada en la nevera. Cuando se dio cuenta, él ya había salido de la habitación y se había parado a medio camino, mirándola con aquellos ojos que tanto le gustaban. Y porque no, le atraían también. – No seas idiota, Thomas. Sino no hablo es porque no me da la gana. Pero ahora si quiero. – le dijo sin más. Al pasar por su lado, le dio un leve puñetazo juguetón en el hombro. Notó entonces lo fuerte que estaba el joven moreno. Porque aunque fuese un tanto patoso y torpe con según que cosas, su cuerpo decía todo lo contrario. Bien podía no interesarse por nadie, pero en ocasiones, un cuerpo masculino como el de Thomas, entraba por los ojos sí o sí. Claro que eso para ella era lo de menos en esos momentos. Pues digamos que de momento estaba bien sin hacer nada. Le era extraño, sí. Pero placentero. El hablar con una persona. El sonreírse. Y demás, era algo que no podía disfrutar todos los días. Ni en meses. A no ser que Tara consiguiese hacerla reír como ella solo sabía hacer. Thomas si le hacia gracia. Aunque más que reírse por sus bromas, lo hacia por su torpeza. No era su intención tampoco. Pero le salía solo.

- Café… no lo sé. Pero cerveza si tengo. – Eso era algo que no faltaba casi nunca. Aparte de unos dulces. Y estos, a diferencia de algunas tiendas de golosinas, estaban buenos. Ni duros, ni pasados. Buenos. Porque a ella la comida no solía ponérsela mala. En eso era algo quejica la verdad. Tal vez no tenía mucha comida. Pero si le gustaba que lo poco que tenía, estuviese bien conservado. Se acercó a unas de las encimeras, y se puso de puntillas para abrir uno de los armarios que tenia arriba. No llevaba sus botas, por lo que no era tan alta como antes. Rebuscó, pero solo encontró una caja de cereales. – Nada… tendré que ir a comprar mañana algo para desayunar. – comentó dejando escapar un suspiro. – Si te apetece cerveza con cereales… - dijo intentando bromear. Cerró la puerta del armarito, y dejó la caja de cereales en el mármol de la encimera. Se giró, y apoyó su espalda en el borde de la encimera. Se lo quedó mirando y el tiempo en que sus ojos vagaron pro el cuerpo del chico, le dio que pensar. Hasta que al final, abrió los labios, despegándolos levemente para hablar. – Sé que no soy lo que ningún chico espera de una chica. – tal vez iba a decir algo que bien podría dejar totalmente indiferente a Thomas. A él podía no importarle nada de lo que ella tuviese que decirle. Peor le daba igual. Necesitaba decírselo. Era como una disculpa por todo. – Sé que soy una mierda. Una puta. Una simple camarera de un bar de mala muerte. – asintió, corroborandolo todo ella misma, mirando esta vez por la ventana, para luego mirarle de nuevo a él. – No soy una buena persona. Pero tampoco voy a cambiar. No esta vez. – comentó humedeciéndose los labios. Se cruzó de brazos, sintiendo así, la piel de sus brazos, contra la de su estomago. Fria, como la lluvia que caía afuera.

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Re: ▬ No soy de las que esconden la cola y agachan las orejas. {Thomas}

Mensaje por Thomas B Martin el Miér Ene 25, 2012 10:34 am


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Bien. Ya comenzaba a ser inmune a sus insultos, no se sentía tan mal que antes. Seguramente, al día siguiente terminaría necesitando una dosis de autoestima, ya que ella se lo había lanzado al suelo para pisarlo luego. Sintió el golpe como algo mínimo, pero se sorprendió cuando lo hizo de hecho. Eso significaba confianza, eso creía. A sólo que fuera golpeando a todas las personas en el puño y en realidad significaban otra cosa. Le causó gracia la situación, ella semi desnuda caminando por la casa como si él fuera gay o un iceberg. Por suerte no era ninguna de las dos cosas, por lo que chasqueó la lengua cuando pasó, aunque supuso que ella no lo escuchó. Le sorprendió que quisiera hablar pero no se quejó. Vaya chica rara con la que se había metido.

Sintió un escalofrío terrible en el cuerpo, sintiéndose de la nada terriblemente helado. Observó sus pies y notó cual era el problema. Los benditos calcetines estaban tanto sucios como empapados, y no había nada peor que calcetines empapados. Provocaban cualquier tipo de dolor estomacal o resfrío. Se sentó en la silla que antes había golpeado, donde podía ver a la chica buscando algo en la cocina, y se los sacó finalmente. No le sorprendió ver los moretones o los leves cortes. Pobres de sus pies. Cuando ella se rindió, él se puso finalmente de pie, caminando hacia la chica con tranquilidad. Ignoró el tema de los cereales y comenzó a rebuscar entre la cocina sin permiso alguno. Encontró finalmente una pava y al encender las hornillas dejó que el agua se calentara un poco. Se rió de lado al escuchar aquel “Sé que no soy lo que ningún chico espera de una chica.” – Eso te hace especial. Nadie sabe con que nuevo vas a saltar –estaban bastante cerca. Thomas estaba de frente al horno y ella del lado contrario, pero pegada a su cuerpo. Por lo tanto, cuando Thomas le guiñó un ojo, ella seguro pudo verlo hasta en la oscuridad que los atrapaba.

Con el agua calentándose, Thomas siguió rebuscando entre los cajones hasta encontrar una olvidada caja de té, o algo que alguna vez había sido tal cosa. Vaya uno a saber cuando había conseguido tal cosa. Algo caliente en el estómago le iba a hacer bien a los dos, para alejar el frío. Lo mas conveniente era una ducha, claro, pero no se podía pedir todo cuando eras el invitado. Escuchó sus palabras sin sentirse incomodo nuevamente. Para nada, solamente asintió y humedeció sus labios antes de hablar, tomando dos tazas vacías y limpiándolas en el fregadero. –Todos somos una mierda, Eva—recalcó con tranquilidad, deteniendo su labor para observarla. – Soy un abogado que defiende a cabrones sólo por que le pagan más de lo que imaginas, al que ni siquiera le gusta su trabajo, sólo lo hace por obligación.

-De hecho –retomó luego de permanecer un minuto de silencio observándola, sólo con el sonido de la lluvia y del horno. –No creo que seas una mierda. Creo que eres valiosa, salvo que tu no lo sabes. Tratas de sobrevivir, yo sólo me he acostumbrado a hacer lo que me dicen. No sé que es sobrevivir –admitió sin más. Thomas no vivía aquello de ‘la guerra de las clases’. Sabía que había gente pobre y gente rica, él había nacido rico pero no le importaba frecuentar con gente que no podía pagar la renta. Él había tenido suerte en tener dinero, otros habían tenido suerte en tener cariño. Así era la vida, la verdadera cuestión, según Thomas -un amante de la literatura por lo tanto, de las personalidades- eran las personas. Las personas no valían por la sociedad, sino por quienes eran. Si él tuviera que ponerse a si mismo en una balanza y luego a Eva en la otra, ella ganaría. Claro que sí. – No debes cambiar. Además, me gustas así. Incluso cuando me ladras.







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Re: ▬ No soy de las que esconden la cola y agachan las orejas. {Thomas}

Mensaje por Nixie S. Jägger el Miér Ene 25, 2012 12:19 pm

+
Su mirada se quedó fija en él, incluso cuando comenzó a caminar hasta llegar a la cocina, donde ella estaba. En realidad solo tenia que andar hacia ella, puesto que la cocina y el salón-comedor, estaban todos metidos en el mismo cuarto. Parecía amplio, y bueno, en teoría era la habitación más grande. Pero por el simple hecho de que estaba todo metido ahí. Incluso, el sofá hacia como de cama. Por lo que a veces parecía que la casa solo se reducía a ese espacio. Lástima que no hubiese luz. Hubieran podido ver algo en la televisión de segunda mano que tenía frente al sofá, en donde se encontraba la camiseta que ella le había dado antes. Se fijó en que esta se encontraba bien doblada. No dijo nada y mientras él rebuscaba en los cajones, seguramente algo para comer o tomar, sus pensamientos arrancaron de nuevo. ¿Sería uno de esos chicos solitarios a los que les gustaba tener todo en orden? La ropa bien planchada. El lavabo recogido. Etc. Entonces él no se encontraría muy bien en su casa, puesto que todo estaba realmente patas arriba. Y aun así, se quedaba. Ella le había pedido que se quedase y él lo había cumplido sin rechistar. Su mirada bajó hasta sus pies, y reparó en sus morados y cortes. Arrugó la nariz, y mientras él hacia sus cosas, fue a su cuarto. Allí abrió el primer cajón de su cómoda, y cogió unos calcetines. Eran bastante elásticos, y no muy pequeños. Así que supuso que aquello le valdría, como mínimo, para calentar un poco los pies. A ella no le importaba ir descalza, ya que siempre lo hacia. En realidad, solía ir siempre desnuda por su casa. Bueno, con unas bragas para cubrir su zona más intima. Pero respecto a lo otro, no le cubría nunca nada. A no ser que hiciese mucho frío. Tal vez ella aguantaba bien el clima, puesto que tenía pinceladas alemanas. Aunque eso era algo relativo.

Le había gustado la forma en que él había respondido ante lo dicho. Lo cierto es que si debía sentirse especial por ser como era. Tan diferente a los demás. Aunque nunca se planteaba el tirarse florecitas. Se había dado cuenta de ese gesto. Sí. De ese guiño que él le había dedicado antes de que ella fuese a por los calcetines, y volviese de nuevo, colocándose en la misma posición de antes. Teniendo así, que girar el rostro para poder verle. O simplemente mirar hacia adelante, y escucharle hablar. Decía verdades como puños. Y esta vez, ella no le echó en cara nada de nada, solo dejó que él hablase y dijese lo que tenía que decirle. Jugueteó con los calcetines en su mano, pues no iba a cortar la conversación ahora. Mejor esperaría. - ¿Crees que soy valiosa? – preguntó al final. Sus cejas se juntaron, aunque estas apenas se veían a causa de su color tan claro, y de la poca luz que había allí. Aunque el reflejo de la farola de afuera, si iluminaba algo su perfil. Haciendo que sus pircings brillasen de vez en cuando. Cuando él le dijo que le gustaba tal y como era, ella alzó la mirada de los calcetines y sus dedos, y lo miró. Una de sus manos se acercó a la de él, y la mantuvo sobre ella unos segundos. Fue su forma de darle las gracias por el cumplido, sin escupirle que era un idiota o un tonto pro decirle esas cosas. Por una vez en la vida dejó que esas bonitas palabras entrasen en sus oídos. Pero esta vez no las dejó salir como hacia siempre.

Ya no notaba ningún dolor en su cuerpo. Ni frío. Se sentía extrañamente bien. Notó el frío del cuerpo de él, ya que ella parecía estar con la temperatura por encima de él. Apartó entonces la mano, dejándole hacer de nuevo lo que estaba haciendo segundos antes, y volvió a juguetear con los calcetines. Estos eran de color gris oscuro, por lo que parecían un trozo de tela sin más. Recordó que estos se los había dejado un chico, casi de la misma edad que Thomas. Aunque ahora que lo pensaba mejor… no sabía cuantos años tenía él. Ni donde vivía. Ni si tenía familia. No sabía nada de nada. – Por cierto... – creyó que ese momento era el oportuno para revelar uno de sus datos más preciados. Su verdadera identidad. Su verdadero nombre. Pero enseguida cayó. Y tan solo dijo algo totalmente diferente a lo que iba a decir en realidad. – Huele bien. -

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Re: ▬ No soy de las que esconden la cola y agachan las orejas. {Thomas}

Mensaje por Thomas B Martin el Miér Ene 25, 2012 1:09 pm


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Un alivio invadió su cuerpo de una manera vergonzosa cuando la chica se mostró silenciosa frente a él. En realidad esperaba que ella comenzara a insultarlo y tratarlo como porquería, y al mismo tiempo esperaba que le respondiera a sus palabras. Al no hacer ninguna de las dos cosas… se sintió de lo mas extraño. Perdido. Porque no había hecho lo que usualmente ella hacía y al mismo tiempo no había hecho lo que la gente usualmente hacía. Ella, totalmente, era especial. Como él mismo había dicho ‘uno no sabe con que vas a saltar’. Le gustaba confirmar sus afirmaciones y observaciones, sobretodo si se trataba de gente. En el momento que ella apoyó su mano sobre la suya, se mostró confundido. Nuevamente, los ojos de Thomas eran lo más expresivos que uno podía conocer. Saltones, observaba en silencio el rostro de la chica y luego la mano que ella había apoyado. No sabía como expresar sus movimientos. No entendía nada, pero se tomó un descanso y decidió dejar de tratar de entenderla. Tal vez todo fuera diferente si lo hacía.

-Claro que lo eres-afirmó sonriendo nuevamente, con la misma dulzura anterior, algo difícil de comprender. Apoyó su mano libre sobre la de ella y acarició su palma con su dedo pulgar, lentamente. Esperó a que ella alejara su mano, que no fue muy después y siguió haciendo lo suyo mientras permanecían en silencio. El agua había hervido por lo que la depositó en las tazas junto al saquito de té. Observó de reojo lo que hacía, con los calcetines en las manos… no pudo evitar sonreírle mientras tomaba un sorbo. Ew. Demasiado fuerte. Supuso que ella no tenía azúcar así que trató de ignorar el sabor. El agua caliente navegó por su cuerpo dándole cierta satisfacción que él necesitaba. – No tiene sabor, pero te hará bien. –advirtió señalando la taza que había hecho para ella. Supuso que no iba a tocarla, pero él tampoco iba a obligarla. Otra persona entendería que Thomas lo había hecho para hacerle sentir bien, con un propósito bueno, pero nuevamente, no sabía con que iba a saltar la chica.

-¿Sabes? Normalmente cuando suelto esos discursos, las chicas suelen besarme. –bromeó y se rió de su propia broma. Por supuesto que no. No le decía esas cosas a nadie y menos andaba besando mujeres todos los días. Era un solitario idiota, que iba a morir solo mientras sus hermanas tenían trecientos hijos. El pensamiento borró la sonrisa y suspiró, refregándose los ojos con la mano que no mantenía la taza. No se alejó demasiado, pero caminó hasta el sillón para sentarse. Nunca había estado tan despierto, pero al mismo tiempo… su cuerpo estaba agotado. Le gritaba que se sentara y cuando lo hizo, su cuerpo le recordó los golpes que tenía. Sus pies le recordaron el frío helado que tenía, y en eso el bendito té no ayudaba. – Fuck. ¿Puedo usarlos? Sino juro que le lanzaré agua hirviendo. –prefirió no seguir hablando de ella, porque nunca era un buen tema. Y no era de los fanáticos de las charlas. La gente con la que conversaba normalmente hablaba, hablaba y hablaba, y él los escuchaba, claro, pero no era fanático de hablar. Llevó una de sus manos a sus pies, frotándolos con fuerza mientras hacía un lugar en sillón invitándola en silencio, desconociendo si ella entendía sus propias señales.





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Re: ▬ No soy de las que esconden la cola y agachan las orejas. {Thomas}

Mensaje por Nixie S. Jägger el Miér Ene 25, 2012 1:48 pm

+
La afirmación del chico a su pregunta, le hizo sentir mejor, y su cuerpo llegó a calmarse lo suficiente como para que este se encorvase un poco. Aunque cuando él acarició su mano, volvió a tensarse de nuevo. Pero no actúo de forma arisca, como los gatos del patio trasero. Esos que si te acercabas, enseguida ponían los pelos de punta, y se encogían de mala manera. A veces les había llegado a responder incluso, bufando ella también, en un intento de ahuyentarles de allí o de bajarles los humos tan altos que tenían aquellos animales felinos. La verdad es que destrozaban toda bolsa de basura que pudiesen encontrar en su camino. Le gustaban los gatos, pero no esos precisamente. El agua hervía en la pequeña olla, y se dio cuenta de lo que estaba haciendo. Té. No sabía muy bien si iba estar bueno. Aunque por suerte tenia algunos azucarillos guardados. Esos que solía coger cuando iba a comer fuera y pedía café. Normalmente no tomaba más que una bolsita de azúcar, pero ella pedía dos más, para luego recopilar y no tener que comprar. O como ahora, para un caso especial. Vio la reacción de Thomas, cuando este se aventuró a probar el té, ya hecho. A juzgar por su mueca, no parecía estar del todo bueno. O tal vez estaba demasiado fuerte. – Espera. – le dijo. Despegó su trasero del borde de la encimera, y se giró, para abrir un pequeño cajón donde guardaba las bolsitas de azúcar. Cogió un par, y le dio una él. Eran rectangulares, y no muy grandes. Y estas llevaban el logo del local donde las servían. – Creo que así estará mucho mejor. – cuando él le señaló la taza, sonrió ligeramente, y se aproximó para cogerla entre sus finas manos. Algo magulladas. Puso el azúcar dentro, y cogió una cucharilla que había en el bote de cubiertos limpios. Removiendo así el té. Le dio la cucharilla a él entonces para que si quería, removiese también su té. Se llevó la taza a los labios, y después de probarla un poco, bebió.

No estaba nada mal. Y sentarle, le sentaba bien. Bebió un poco más, soplando de vez en cuando para no quemarse la lengua con el té caliente. Este que ahora humeaba entre sus manos. Alzó la mirada ante el comentario del beso, pero se topó con la espalda de él, la cual se acercaba al sofá, para sentarse. Parecía cansado. Ella también lo estaba. Ambos. Sabía que lo que les hacia falta era un baño de agua caliente. Algo para relajarse ambos. Pero no creía que aquél baño, saliese bien. Por el simple hecho, de que Thomas comenzaba a atraerle algo más que antes. Tal vez era la calidez con la que le hablaba. O los pequeños detalles que le dedicaba. Sonrisas. Caricias. Ese tipo de cosas que habían muerto a lo largo de todos esos años en la vida de Nixie. Comenzaba a interesarse por el abogado. Y no precisamente por su dinero. No del todo por lo menos. Verlo ahora allí. Sentado. En su propia casa. Era algo que nunca se hubiese imaginado. Pero allí estaban ambos. Dejó la taza en la encimera, no sin antes darle el último trago, y se acercó a él, tendiéndole los calcetines. – Ten. – le dijo. Hacia rato que no le culpaba de nada. Que no le insultaba. Y para sorpresa suya, parecía no necesitarlo. Se sentó a su lado, mientras le miraba fijamente. Con aquellos ojos azules. Fríos como el hielo. Y azules como el océano. Esos que brillaron cuando algo en ella, se encendió. Nixie se pasó la mano por el cabello, y recostó un costado, en el respaldo del sofá. Mirando a Thomas poniéndose los calcetines.

- Te estarán bien. – le dijo, mientras se humedecía los labios. No se acordaba de la pequeña herida que tenia en él. La sangre apenas se veía, y en realidad, no le dolía mucho. Solo fue ese instante al pasarse la lengua por ahí y presionarla contra la piel del labios inferior. - ¿No te echarán de menos en casa? – preguntó entonces. Eso era el principio de una conversación íntima. Quería saber algo de él. De su vida. Aunque ella no tenia intención de contar nada sobre si misma. No todavía por lo menos. No estaba preparada para ello. Pero si para escucharle a él.

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Re: ▬ No soy de las que esconden la cola y agachan las orejas. {Thomas}

Mensaje por Thomas B Martin el Miér Ene 25, 2012 3:51 pm


→scars & past

Drunk and I'm feeling down
And I just wanna be alone
I'm pissed cause you came around
Why don't you just go home
Cause you channel all your pain
And I can't help you fix yourself
You're making me insane
All I can say is.







En esos momentos… le preocupaba las reacciones de la chica. Se preguntó si estaba bien, o si sólo estaba cansada. Tanto de él, la situación o físicamente. No abría la boca más que para soltar un par de palabras y además… agradables. Le agradaba la chica que estaba frente a él, si tenía que pasar por un sin fin de respuestas frías y odiosas para llegar a la chica que tenía en frente… no le importaría cruzar todo ese desafío todos los días del año. El té con azúcar ahora sabía mejor, y dejaba su cuerpo con un poco mas de temperatura interior. Aumentó su felicidad y calidez cuando envolvió sus pies en los calcetines que ella le dio. Lo cierto era que Thomas adoraba usar sus calcetines de colores, era lo único que no iba de acuerdo a él. Se tomaba esas mínimas cosas, en rebeldía a su orden, y sí, su padre. Se dejaba el cabello largo y las medias. Dos cosas que nunca cambiaría. Le encantaba ver como su padre observaba su cabello sedoso como si fuera lo más asqueroso que había visto en su vida.

Rió divertido al escuchar sus palabras, al instante terminó la risa porque no quería que ella lo malinterpretara y pensara que estaba riéndose de ella. Se reía de la situación, de su soledad y de que la gente siempre creyera que él tenía alguien esperándolo en su casa. – Hace mucho que dejaron de extrañarme, Eva. –sonrió nuevamente con esa calidez que sólo Thomas demostraba y sobretodo a ella. Sus hermanas ya no lo extrañaban y supuso que en realidad, nunca lo habían hecho. Fiona lo odiaba y Willow a veces sentía aprecio por él, mientras Thomas se desvivía por esta última. Nunca había sentido mucho cariño por parte de las dos, pero le gustaba pensar que ellas eran independientes del cariño… y no creer que era un idiota solitario que no demostraba lo que sentía y además, daba lastima. – Vivo solo. Aunque tengo una gata llamada ‘Cat’.

Aclaró su voz, recordando como había adoptado ese animal, de la manera más insólita y decidió contárselo. Obviamente, tenía un mensaje oculto. Como si fuera una botella. La imitó, apoyándose en el respaldo como ella, observando su rostro y buscando todos los detalles. – Vivo en un departamento algo lujoso, con niños malcriados. Una vez fui a tirar la basura, me gusta hacerlo yo mismo. Mi basura, mis problemas. Y me encontré con este par de crios rubios malcriados lastimando a una gatita porque creían que era fea. Tenía la patita lastimada cuando les grité y salieron corriendo, pero de todos modos la tomé y me la llevé a casa. –humedeció sus labios lentamente, observando como la chica hacía lo mismo. Pudo observar que tenía una lastimadura en el labio, no quiso ni imaginarse de donde había salido, pero obligó a su mano permanecer lejos de ella. –Lo cierto es, que el animal no era muy bonito a simple vista. Era un desastre. Pero esa noche, luego de observarla mucho. Cada movimiento que hacia yo lo seguía y comencé a notar que en realidad, era una gata realmente linda. Tenía un pelaje suave, unos ojos verdes realmente bonitos y agradables, para ser un gato. Y hasta un maullido que no me molestaba, no como otros gatos que he visto. Descubrí que sólo había que verla un poco más de cerca para notar lo hermosa que era.

Terminó su relato finalmente. Era un tanto baboso con su animal, si su celular estuviera vivo le mostraría la foto. Era su compañera del alma, pero no quería sonar como un idiota aburrido. Vio como un cabello negro se escapaba del agarre de su oreja, y terminaba tapándole la vista del rostro de Eva. Acercó su mano para quitarle el cabello del rostro, con suma delicadeza y casi sin tocarla para no evitar incomodidad en ella, como trataba de respetar. – Me recuerdas a mi gata. –sonrió de lado una vez más, dejando caer su mano. No quería que eso sonara mal, pero seguramente ella iba a tomarlo mal y tirar alguna broma que a Thomas no le iba a caer bien– Anyway, le puse ‘cat’ porque no quería encariñarme con ella y mira. Estoy babeando por ella ahora, y seguramente aburriéndote a muerte. ¿Segura que te encuentras bien? Te noto rara.






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Re: ▬ No soy de las que esconden la cola y agachan las orejas. {Thomas}

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