¿Existe algo peor que una vida superficial entre belleza, playa y rumores durante todo el año? Pensarás que no. Pero en California, más concretamente, en L.A, la cosa se puede empeorar. Y mucho. Están aquellos que gozan de una vida totalmente al estilo propaganda hollister, y están esos otros que su vida es un constante viene y va de conflictos, peleas callejeras y otros problemas sociales y personales. Pero cuando esta armonía se rompe y algo interfiere en la vida del otro, aparece esto, una bonita guerra de sociedad en bandeja de buffet. Suena típico, sí, sin embargo, no sabes lo interesante que puede ser y lo atractivas que son estas historias. Y los secretos que hay detrás de cada uno de ellos, es la guinda del pastel.
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Burn burn the truth, the lies, the news [VMAF] ✖ Privado

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Burn burn the truth, the lies, the news [VMAF] ✖ Privado

Mensaje por Viktor S. Krieger el Lun Ene 30, 2012 9:24 am

Venice Beach. Sin lugar a dudas uno de mis lugares favoritos de toda la ciudad que había tenido apenas tiempo de explorar desde que llegásemos a poner los pies en tierra californiana. Siempre me había causado un terrible interés saber si todo lo que salía en las películas era cierto, si California estaba llena de chicas guapas en bikini, eventos por todo lo alto, fama por doquier, coches de lujo en cada semáforo y un Sol y unas olas sofocantes. Y, desde luego, en el tiempo que llevo aquí no ha habido nada que pueda desmentirlo, aunque quizás se deba al tipo de vida que llevo en estos momentos.

De cualquier forma Venice era todo un paraíso, y es que ¿Qué mejor que un skatepark al pie de playa? Recuerdo que la primera vez que lo vi corrí en dirección contraria casi literalmente de vuelta al apartamento a coger mi skateboard y volver con toda la ilusión del mundo para experimentar como sería aquello.

Pero hoy no soy el único que parece disfrutar de la ya normalmente concurrida playa. No, sencillamente hoy no cabe un alma. La llegada del Venice Annual Music Festival había sido anunciada con meses de antelación como si realmente esto fuese necesario. Había que ser realmente estúpido o estar demasiado desconectado del mundo de la música para no saber de este acontecimiento que traía a dicha playa a cantidad de grupos emergentes que posiblemente en aquel tiempo que durara el festival conseguirían un pequeño contrato discográfico. Todo depende de saber montártelo, saber llamar la atención y jugar tus cartas en el escenario para de esta forma llamar la atención de la persona adecuada y poder decir al final del mismo que el dinero invertido no ha sido perdido, algo que de todas formas, con contrato o no, no lo es. ¿Por qué? Sencillamente por la inmensa cantidad de personas que son capaces de verte y oírte tocar y sino, simplemente por el ambiente que se gasta el lugar durante el evento.

Es cierto, la expectación de la ciudad ha ido subiendo como la espuma según la fecha se ha ido acercando y, a la vez, los ánimos en mi apartamento han ido decayendo de forma inversamente proporcional. Son fechas difíciles para todos. Hace poco más de un año los cuatro llegamos a aquel lugar, medio perdidos y sin ningún lugar al que ampararnos ni más compañía que nosotros mismos. Demasiadas cosas habían sucedido por aquel entonces, la mayoría de ellas ninguna buena, pero al parecer el cúmulo de desgracias aún estaba dispuesto a seguir aumentando. Y así fue como Emily, la novia de Paul, se fue. Una bala perdida en una pelea callejera, eso fue lo que dijo la policía mientras absolutamente ninguno de nosotros era capaz de creérselo. Ninguno quería mirar a Paul en aquellos momentos y estoy seguro de que si él mismo hubiera salido por un instante de su cuerpo tampoco habría querido hacerlo.

Fue una gran pérdida, no solo para él si no para el resto de nosotros, Emily y Paul llevaban saliendo algún tiempo y podría decirse que si bien nunca he visto en mi vida a Paul tan feliz, Emily también nos alegraba un poco la vida a todos, era como esa madre que a todos nos faltaba sólo que de nuestra edad. Son los momentos de la vida en los que te planteas por qué ella, una persona que siempre se preocupaba por todo el mundo y era generosa, solidaría y buena con todos tenía que ser la víctima en vez de cualquiera de nosotros a los que, sinceramente, pocos seres queridos nos quedaban para echarnos de menos. Siempre pensé que cualquiera de nosotros se hubiera ofrecido a ocupar su lugar aquel día, y lo sigo pensando.

Los días siguientes fueron como si algo faltase en la vida de todos; no hubo fiestas por un largo tiempo, aunque no hubo noche en el que el alcohol o cosas muchos más fuertes no rondaran por el organismo de todos o la mayoría de nosotros, pero nadie hablaba sobre ello. Después de mucho tiempo Paul lo superó, igual que Aaron había superado los problemas con su familia, al igual que Jeremy había salido de todos sus líos y al igual que yo había lidiado con toda la mierda que había en mi vida. Sin embargo cosas como esas son de las que no se olvidan, y los tres ya llevábamos tres semanas conspirando a sus espaldas sobre la inminente llegada del aniversario de su muerte.

Y no nos equivocamos, cuanto más cercana era la fecha peor estaba Paul. Por ello, en cuanto hoy me levanté y vi su cara supe que no podíamos dejarlo en casa, podría decirse que literalmente lo obligamos a ponerse un bañador y montarse en el coche con nosotros hasta Venice Beach.

Señores, respirad el ambiente de la buena música— digo dando un gran suspiro con los brazos extendidos y la cabeza ligeramente levantada, con los ojos cerrados— Tenemos surf, futura competencia musical esperemos que de la buena, comida, bebida y una incesante cantidad de chicas que estarán deseando que firmemos cualquier parte que no tape sus escuetos bikinis, espero que hayáis traído vuestro bolígrafo— bromeo sacando del bolsillo del bañador, de un azul oscuro con unos estampados que simulaban palmeras en blanco, y haciendo que oscilara delante de las narices de mis acompañantes durante unos segundos para luego volver a guardarlo— ¿Conocéis a alguien que toque hoy?
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Re: Burn burn the truth, the lies, the news [VMAF] ✖ Privado

Mensaje por Aarōn F. Stahlneck el Lun Ene 30, 2012 11:39 am

» Nur manchmal schiebt der Vorhang der Pupille sich lautlos auf –.
Dann geht ein Bild hinein, geht durch der Glieder angespannte Stille -
und hört im Herzen auf zu sein. «

Nacer, vivir, morir. Aquello resalta claramente en el verso que reza el antiguo libro que llevo leyendo durante los últimos dos minutos mientras me apoyo contra el marco de la puerta del living como si estar en esa posición evitara que la edificación completa caiga por los efectos de quién sabe qué cosa que pudiese ocurrir mientras rápidamente mis curiosos ojos devoran cada palabra que se encuentran a su paso, completamente exentos de lo que pueda suceder a su alrededor. No siempre ocurre en ese orden, hay ocasiones en que se muere antes de comenzar vivir o de tener siquiera la posibilidad de nacer. Triste para algunos, pero cierto.

Mis pensamientos me llevan de inmediato hace un año atrás en que las cosas estaban bastante más mal de lo que cualquiera de nosotros hubiese querido porque se suponía que venir a vivir a Los Angeles no nos traería más que buenos momentos dignos de ser guardados en el baúl de los recuerdos mientras la burbuja que nos rodea y que posee el nombre de ‘sueño Americano’ aún se conserve. Pero las cosas no comenzaron de la mejor manera para nosotros, sobre todo para Paul quien fue el más afectado por el ‘accidente’ –palabras textuales del parte policiaco- que afectó a su novia, Emily, que fue alcanzada por una bala perdida en una riña callejera de la que ni siquiera era parte o se encontraba a distancia cercana. No puedo evitar la extraña sensación de pesar que me embarga ya que si bien, ninguno de los cuatro jamás tuvo una vida perfecta y está claro que la perfección en un futuro dista bastante de cualquier cosa en la que alguno de nosotros esté en medio - nadie espera perder a un ser querido de un segundo a otro.

No sé cómo ha llegado el dichoso libro a mis manos. Miento, claro que lo sé; lo encontré sobre la mesa de la cocina cuando he ido por una Redbull luego de revisar si Judas tiene suficiente agua para pasar el día entero sin problema alguno pues no habrá nadie en casa. Y la razón es una sola, una bastante simple. Así como en Europa existen Glastonbury, Carling Weekend y Rock am Ring, Norte América tiene su propio repertorio de festivales musicales que no tienen –según dicen las revistas y los habitantes de éste lado del país- nada que envidiarle a los del otro lado del orbe. Hemos planeado éste día durante tres semanas y se podría decir que casi no se nos escapó detalle de tanto que nos hemos comido la cabeza con las distintas tácticas para arrastrar, si es necesario, de una pierna a Paul en caso de que se niegue a salir con nosotros. No vamos a dejar que caiga en aquel agujero sin salida que ya conocemos s los cuatro a la perfección, no cuando al parecer el universo estaba de nuestro lado y un magnifico festival nos espera a la vuelta de la esquina.

De un momento a otro recuerdo que ya es hora de partir así que cierro el libro de golpe mientras dejo escapar un cansino suspiro por entre mis labios a la vez que niego con la cabeza una vez me convenzo a mi mismo que tan depresivo poema pertenece a uno de los libros que Paul ha venido arrastrando consigo prácticamente desde que le conozco. Una reliquia familiar, según él. Dejo el montón de hojas encuadernadas sobre uno de los sillones sin importarme el hecho que estoy añadiendo un articulo más al desorden actual del apartamento y me dirijo hacia mi habitación para así coger el bañador de cuadros negros y grises que encontré en uno de los cajones de mi armario. Miro a mi alrededor en busca de mis anteojos de sol y una vez logro divisarlos en el suelo junto a las zapatillas me encamino hacia ellos para colocármelos y de paso calzarme las converse antes de salir disparado hacia el automóvil que nos espera desde hace unos cuantos minutos, cosa que puedo deducir fácilmente al oír la insistencia con que alguien pulsa la bocina para que bajemos de una buena vez.

Ya están todos sentados y acomodados cuando llego bebiendo un sorbo de mi Redbull para bajar el par de metanfetaminas que me llevo a la boca con una naturalidad digna de cualquier niño que se lleva un dulce cualquiera a los labios. Paul parece estar más animado que hace un par de horas cuando le informamos que Venice Beach será nuestro destino obligatorio y le obligamos a ponerse un bañador. El camino hacia la playa no es largo, pero no estoy seguro si eso se debe a los pocos kilómetros de distancia o al efecto de las pastillas que hacen que comience a ver todo desde un ángulo distinto. Uno bastante más relajado y despreocupado que de costumbre, lo que me hace pensar que de seguro los paparazzis hoy tendrán algo de que alardear pues ya no me parece tan interesante jugar al gato y al ratón con ellos cuando voy a tener enfrente cosas más interesantes de las que preocuparme.

-Suena perfecto, pero ¿Saben qué lo haría aún más fantástico?- alzo las cejas pero estoy seguro de que nadie lo nota debido a mis anteojos de sol. -Unos cuantos grados menos de temperatura- no es novedad que me queje sobre la temperatura que al parecer hoy, como cualquier otro día de la semana, va en aumento de forma casi alarmante. -Jeremy ha traído una caja de bolis, ya sabes que no está dispuesto a perder oportunidad de firmar en algún sitio interesante, mucho menos ahora que las chicas parecen escurrírsele por entre los dedos. ¿Será culpa de las fotos que te han tomado en las que apareces sobre una silla de playa?- bromeo girando mi cabeza en dirección al implicado y enfatizando en la clase de silla en la que le han pillado solo para joderle un rato con eso de que las encuentra demasiado afeminadas.

Niego con la cabeza ante la pregunta de Viktor antes de desperezarme sin moverme demasiado de mi asiento mientras mi mano izquierda aún sujeta firmemente la lata de bebida energética que me he traído de casa. -¿Qué tal si comienzan a mover sus traseros y nos bajamos del cacharro éste?- Desafortunadamente el más alejado de la puerta soy yo, así que no me queda de otra que esperar a que los demás se dignen a poner un pie fuera del automóvil. El nombre, o más bien un indicio de nombre, de una banda que escuché hace un par de días en la radio en el estudio de Ethan viene a mi mente en ese momento así que pierdo tiempo alguno antes de darlo a conocer. -¿No tocan hoy esos…? ¿Cómo es que se llaman los que tienen un bajista con apariencia de papagayo?- suelto una risotada ante la imagen mental del tipo ese que luce un mohawk totalmente admirable con más colores que la rosa cromática mientras me preparo para salir finalmente del vehículo.
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