¿Existe algo peor que una vida superficial entre belleza, playa y rumores durante todo el año? Pensarás que no. Pero en California, más concretamente, en L.A, la cosa se puede empeorar. Y mucho. Están aquellos que gozan de una vida totalmente al estilo propaganda hollister, y están esos otros que su vida es un constante viene y va de conflictos, peleas callejeras y otros problemas sociales y personales. Pero cuando esta armonía se rompe y algo interfiere en la vida del otro, aparece esto, una bonita guerra de sociedad en bandeja de buffet. Suena típico, sí, sin embargo, no sabes lo interesante que puede ser y lo atractivas que son estas historias. Y los secretos que hay detrás de cada uno de ellos, es la guinda del pastel.
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¿Suerte o desgracia? ¿Amigos o enemigos? Dificil decidir... [Claudia Stanford]

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¿Suerte o desgracia? ¿Amigos o enemigos? Dificil decidir... [Claudia Stanford]

Mensaje por Alberto Valero el Dom Ene 29, 2012 12:26 am

El gran día había llegado. Sería mi presentación en Los Angeles Team Handball Club. El equipo más prestigioso de la ciudad. Durante las navidades, ha habido muchos rumores sobre mi posible fichaje. Rumores que me colocaban en el LATHC y que siempre fueron desmentidos por mi ex equipo. Pero al fin si sería su nuevo jugador. No pudo rechazar la buena oferta que me hizo el presidente del equipo, y tras muchos días de negociaciones, sendos equipos llegaron a un acuerdo para transferirme. Sin duda, es un duro en mi vida. Empezaría una nueva vida en una gran ciudad, con un gran equipo pero sin conocer a nadie. Afrontaba una nueva etapa de mi vida en mi mejor momento de forma de los últimos años y esperaba que el cambio del balonmano europea al americano, el horario y de equipo no me impidiera seguir jugando al mismo nivel que siempre. O mejor. Cuando llegará a la ciudad estadounidense. No tenía tiempo que perder. En cuanto me bajara del avión, tendría que ir a mi primera reunión con el presidente del equipo para terminar de cerrar el acuerdo del traspaso y firmar mi contrato. En ese momento, sería el nuevo jugador de Los Angeles THC y el más caro de su historia.

No había empezado con buen pie. El avión llegó con dos horas de retraso al aeropuerto de Los Angeles, incrementando mis nervios. No me gustaba llegar tarde, tampoco era mi culpa pero no era el comienzo que deseaba. No sabía que me encontraría al bajarme del avión, sin embargo no había una gran multitud esperándome. Aliviado y con menos nervios, pude coger el un taxi, entre flash y flash de algunos periodistas que se congregaron allí, que me llevaría al Dodger Stadium. El campo de LATHC estaba en reformas, y el equipo de beisbol de la ciudad había cedido su estadio para que pudiera hacer mi presentación oficial a todos los seguidores del equipo y pudiera atender a los periodistas en una rueda de prensa. Tenía miedo de lo que los americanos podían preguntarme…

Allí, había más personas esperando. El traje que llevaba comenzaba a desprender calor. Estaba más cómodo con un chándal o ropa de deporte que con el traje azul oscuro pero era una ocasión en la que no podía vestir de una forma más informal. Entré en el estadio sin saludar a nadie, iba con retraso, y recorrí los pasillos de los vestuarios guiado por empleado hasta llegar al despacho donde se encontraba el presidente del equipo. Fue rápido. Leí el contrato, lo firme y le estreche la mano. Definitivamente, era su nuevo jugador. Su nueva estrella. Los siguientes eventos fueron más amenos, o al menos, me gustaban más y podría relajarme. Me entregaron la equipación principal del equipo para que me cambiara y saltará al estadio con una pelota en la mano a saludar a los aficionados del equipo. No lo dude, y me dirigí a los vestuarios a cambiarme. En la espalda de la camiseta, ya ponía mi nombre junto al numero 2. El pantalón también llevaba el número que portaría. Ambas prendas eran de azul marino.

Salté al campo entre los gritos de los aficionados. Era extraño pisar la hierba del campo del beisbol, acostumbrado al parque de los pabellones. Aun así, aguante el tipo botando el balón unas cuentas veces y dando vueltas por el campo. Había muchas personas observándome desde la grada. No esperaba que mi fichaje causara tanta expectación, siendo un deporte poco valorado por los americanos pero estaba equivocado. Lancé varias pelotas de balonmano al público, midiendo las fuerzas para que no hubiera ninguna desgracia. Era un regalo que ofrecía el club a sus seguidores, un recuerdo de mi fichaje en el que todos tenían mucha confianza para sacar al equipo adelante. Tenía ganas de empezar la temporada e ilusión por mi nuevo camino pero estaba inseguro. No quería decepcionar a tanta gente, por no esta a la altura. Pensamientos que se transformarían en horas de entrenamiento en solitario para mejorar y poder brindarle algún titulo nuevo a los aficionados.

Cuando me dieron la orden, abandoné el campo para ir a la zona de las ruedas de prensa. Sin duda, era el momento más complicado y difícil del día. Me senté en la silla frente al micrófono y a todos los periodistas. Respondí a sus preguntas con bromas y amabilidad. Me desenvolvía bien con el inglés, pero respondí en español al periodista que me hizo la pregunta en mi idioma natal. Algunas eran más comprometidas que otras. Pero las respondí sin problemas, todas eran del ámbito profesional y no tenía ningún inconveniente en responderlas mientras fueran del trabajo. Media hora, una hora, dos horas. No se cuanto tiempo estuve respondiendo a las preguntas pero di gracias cuando todo se acabó.

Salí de la habitación satisfecho con mis respuestas. Sabía que me tocaría jugar en el equipo como lateral o central, no tenía problema en ello. Los mismos periodistas me lo habían propuesto pero ahí, decidía el entrenador. Me dirigí al vestuario a cambiarme, recoger las maletas y buscar un hotel donde descansar. Todavía no tenía casa en la que alojarme, por tanto, era la mejor opción. Estaba cansado, agotado por el viaje, por la lluvia de preguntas y por el baño de masas pero feliz. Llegué a la puerta del vestuario y la abrí…

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Re: ¿Suerte o desgracia? ¿Amigos o enemigos? Dificil decidir... [Claudia Stanford]

Mensaje por Claudia Stanford el Lun Ene 30, 2012 6:35 am

Aplasté la colilla de mi cigarro con la punta del zapato cuando vi que se aproximaba el coche en el que viajaba aquella nueva estrella del equipo de balonmano de Los Ángeles. Miré mi reloj mientras me retiraba los cabellos del rostro y dejé escapar un resoplido muy poco disimulado, levantando la mirada de nuevo. Dos horas de retraso. Dos horas durante las cuales mis compañeros de prensa y yo habíamos estado esperando sin otra cosa mejor que hacer. Por suerte, ese día había decidido llevar ropa cómoda, a excepción de los tacones, y mi enfado no había aumentado demasiado. Aún aquellos enviados por publicaciones deportivas tenían cierto interés en la noticia pero para los que como yo nos dedicábamos a la vida social y al famoseo en la ciudad, un español recién llegado y tras el que no parecía haber nada oscuro o escabroso no resultaba de gran inspiración.

Nunca me habían gustado los deportistas porque por lo general carecían del sentido del espectáculo y la teatralidad que sí tenían los artistas, mucho más acostumbrados por otra parte a ponerse delante de las cámaras. Mientras entraba con los demás periodistas al campo de béisbol pude comprobar que había bastantes aficionados en las gradas que incluso conocían a Alberto Valero y habían seguido su carrera en el balonmano español. Encendí otro cigarrillo tras tomar asiento, aprovechando que estábamos al aire libre, y tomé algunas notas mientras el jugador posaba con el balón de un lado a otro, atendiendo a los fans. Y pensar que hacía poco que yo había descubierto que ese deporte existía… Yo era más de béisbol o de fútbol americano…

Tras la presentación ante los aficionados, jugador y periodistas fuimos emplazados en la sala donde se llevaría a cabo la rueda de prensa. No me apresuré demasiado en coger sitio, ocupando una silla en una de las últimas filas mientras intentaba entender de qué se hablaba allí la mitad del tiempo. Un compañero de otro periódico que parecía estar igual de poco interesado que yo en todo aquello se inclinó hacia mí y me preguntó en un susurro, procurando no molestar a los que atendían las respuestas de Alberto:

- Apuesto a que ya tienes un buen titular para mañana sobre Alberto Valero…

- ¿Qué dices? – repliqué con cierta molestia, mirándole con el ceño fruncido – Si aún no me ha proporcionado ninguno, si al menos le hubiese firmado en un pecho a una fan… O también podría haber aparecido drogado – añadí extendiendo la palma en dirección al jugador, que en esos momentos hablaba sobre la posición que ocuparía en el equipo, como culpándolo por no ponerme fácil el artículo que me habían encargado en el periódico.

- No has investigado mucho, ¿verdad? – respondió el compañero con una sonrisa autosuficiente – No puedo decirte nada porque el presidente del equipo es cuñado del redactor jefe de mi periódico y por más que me prometas que no revelarías tus fuentes, no me fío de ti… - agregó, adelantándose a mi respuesta basándose en desafortunados precedentes del pasado entre él y yo.

Volví la mirada hacia Alberto con un nuevo brillo de curiosidad en los ojos, ignorando al compañero y con una chispa de duda, pensando en si sería un farol para tomarme el pelo o si realmente ese jugador tendría algo escondido que me pudiera interesar. Realmente su apariencia y actitud eran del todo normales y no despertaban la más mínima sospecha, pero precisamente por eso empecé a pensar que podría haber algo detrás, alguna historia vergonzosa, una mancha en su expediente. Todos teníamos alguna.

Cuando la rueda de prensa terminó, decidí no esperar más para una primera toma de contacto con el recién llegado. Me escabullí fuera de la sala aprovechando el momento en el que todos se levantaban y en vez de dirigirme a la salida para subir en el coche e irme a casa a buscar en Google más información sobre Alberto, me metí por un pasillo que conducía a los vestuarios del lugar. Mientras mis tacones resonaban en el vacío del lugar, encendí un cigarrillo mientras pensaba mi estrategia. Di gracias a que no hubiese por allí nadie de seguridad ni tampoco personal del estadio, y al girar una esquina, no muy segura de dónde estaba, vi al jugador que se disponía a entrar en los vestuarios para hombres.

Esbocé una sonrisa triunfal y aceleré el paso con decisión para poder llegar hasta él, aunque supuse que el sonido de mis tacones ya le habría advertido de mi presencia. Con un gesto rápido, di una última calada a mi cigarro para lanzarlo en un rincón, alargando después mi mano hacia Alberto y diciendo con una de mis más encantadoras y estudiadas sonrisas:

- ¡Hola! Bienvenido a Los Ángeles, soy Claudia Stanford, ¿cómo estás? He estado antes ahí fuera, no sabía que despertabas tanto entusiasmo entre la afición americana… En España debes ser entonces toda una celebridad del deporte, ¿no?

Le dirigí una mirada directa, siempre sin perder la sonrisa, y esperando su respuesta para comenzar a leer entre líneas y tratar de obtener pistas sobre la supuestamente jugosa información que podría obtener del jugador.
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Re: ¿Suerte o desgracia? ¿Amigos o enemigos? Dificil decidir... [Claudia Stanford]

Mensaje por Alberto Valero el Mar Ene 31, 2012 9:40 pm

No llegué a abrir la puerta de los vestuarios donde iba a cambiarme para volver a casa. Algo capto mi atención cuando el silencio sepulcral de los pasillos, cambio por el golpeé de unos tacones al entrar en contacto con el suelo. Resonaba en el pasillo, como si no hubiera nada más. Anunciaban los pasos de la mujer que se acercaba con decisión y rapidez hacía mi. Giré la cabeza para verla caminar hasta mí. Cuando quise reaccionar, la mujer que llevaba unos pantalones vaqueros y una camiseta de manga larga negra bajo otra blanca que se podía ver a la altura de su cintura, estaba frente a mí. Al final, acabé volteando todo el cuerpo para estar frente cara a cara con ella. Estaba confuso sobre quién era ella, y lo más inquietante que hacía allí. El acceso estaba prohibido a todo el mundo, nadie podía acceder a los vestuarios sin permiso o porque quisiera. ¿Era una fan?

Agité el aire con la mano, intentado expulsar el molesto humo del cigarro del pasillo. Era incomodo tener que respirar el humo de los fumadores. Los respetaba y no me metía si querían fumar y se mataban los pulmones poco a poco; pero que me respetasen ellos evitando que mis pulmones sufrieran por su culpa. A la misma vez que mi movimiento con la mano, ella se terminó el cigarrillo en una última calada, lanzándolo al suelo. Junto a un hueco oscuro del pasillo, que daba lugar a una puerta de otro vestuario. Seguí la trayectoria del cigarro con los ojos, descontento por su comportamiento, ¿no respetaba a nada, ni nadie? Cuando volví a mirarla, ya tenía su abrazo estirado para estrechar el mio mientras se presentaba con una sonrisa encantadora en el rostro. Le estreche la mano educadamente sin presentarme. Ella ya me conocía, pero deseche la idea de que fuera una fan debido a sus palabras al presentarse. – Gracias – le expresé cortante, retirando mi mano del suave contacto que había tenido con la de ella. No quería ser mal educado, ni tratarla de forma borde pero mis primeras impresiones sobre ella no habían sido satisfactorias.

– Tampoco esperaba haber desatado tal pasión. Solo hago mi trabajo lo mejor que puedo, aquí o en España. Tengo la suerte de poder trabajar en algo que me gusta. – le comente. Estaba ilusionado por el nuevo proyecto en el que me habían ofrecido participar y tenía ganas de comenzar pero el viaje agotaba a cualquiera. Estaba deseando llegar al primer hotel que encontrara y tumbarme en la cama. Las diferencias horarias por los husos, eran mortales para el cuerpo y decidí apoyarme con el hombro derecho sobre la pared, sin dejar de mirar a la mujer que tenía delante. –Estoy reventado. El viaje ha sido agotar. Pero bueno, feliz de haber llegado al fin. ¿Y tú como estás? – le pregunte a sabiendas de que no debía. Intentaba mantener la educación y el juego de palabras. No quería que tuviera una mala impresión de mí la primera mujer que conocía en Los Ángeles. En ese momento, me fije un poco más en ella. Tenía unos ojos preciosos, de un color verde claro que acompañaban a su pelo castaño.

Era atento y educado. De ahí que me preocupara de como estaba, obviando las dos primeras impresiones negativas que había de ella. Me despertó la curiosidad saber que hacía allí, como se había colado y que quería de mí. Porque si de algo estaba seguro, es que Claudia buscaba algo de mí. Era evidente, si no, no estaría en el pasillo de los vestuarios cuando no había nadie, y pinta de ser del personal de la limpieza no tenía. Pero no sabía que buscaba, ya fuera una entrevista, un autógrafo, una foto conmigo, invitarme a cenar…que sabía yo lo que podía querer de mí la mujer que tenía delante. – Tenía entendido que nadie podía estar en estos pasillos, y que no iba a tener a ninguna invitada especial. Así, que sin ofender, ¿Cómo ha llegado hasta aquí? – No tenía intención de llamar a los guardias para que se la llevaran. Claudia no me molestaba, y si se había colado, no era tarea mía descubrirla.

–¿Y que quiere de mí?– Volví a preguntarle, dando por hecho que buscaba algo como anteriormente había pensado. Me gustaba ser directo, sin rodeos que nos hicieran perder el tiempo a los dos. Si quería algo que le pudiera brindar, lo haría. En caso contrario, le pediría que se marchara y me dejara cambiarme tranquilo. Espere sus respuestas mirándola, con el gesto serio y cansado. Su rostro me sonaba de algo, la había visto antes en algún sitio. Pero no recordaba donde. Estaba paranoico, apenas llevaba unas horas en Los Ángeles y ya creía conocer a la gente. Maldito avión.

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Re: ¿Suerte o desgracia? ¿Amigos o enemigos? Dificil decidir... [Claudia Stanford]

Mensaje por Claudia Stanford el Jue Feb 02, 2012 5:00 am

El nuevo fichaje del equipo de balonmano de Los Ángeles no me lo iba a poner fácil, y lo supe desde el momento en que estrechó mi mano dirigiéndome un “gracias” bastante cortante. Por suerte, a lo largo de mi trayectoria profesional me las había tenido que ver con gente bastante maleducada y desagradable así que no creí que tuviera mayor problema para entablar conversación con Alberto. Mantuve la sonrisa intacta en el rostro y mis ojos siempre fijos en los suyos, elevando un poco la barbilla puesto que era bastante más alto que yo. Supe enseguida que mi faceta fumadora le había molestado pero no me sorprendía; todos los deportistas se parecían en eso y yo era bastante incompatible con la vida sana, prácticamente en todos los sentidos.

Alberto comenzó a hablar y le escuché con paciencia; eran las típicas respuestas que se daba a los periodistas e imaginé que las había repetido cientos de veces, incluso quizá le salieran por inercia. No dejé de asentir con la cabeza, con una actitud muy comprensiva, pero por suerte después se mostró algo más relajado, apoyándose en la pared del pasillo y expresando el cansancio que tenía a causa del largo viaje.

- Imagino que todo esto te está suponiendo mucho revuelo – respondí - ¿Cuántas horas hay desde España a Los Ángeles? ¿Doce, catorce? Una barbaridad, supongo… Lo más lejos que he viajado ha sido desde Dallas a Los Ángeles, unas tres horas y media, ni punto de comparación... habrás tenido mucho tiempo para pensar en tu nueva vida, ¿no es así? – esbocé una sonrisa de soslayo cuando me preguntó por mí; suponía que era una fórmula de cortesía que no necesitaba ser respondida realmente pero aún así, aproveché aquella inesperada familiaridad – Estoy muy bien, gracias, hoy hace un día espléndido, me encanta el sol…

No supe si por el cansancio, por el hastío de la rueda de prensa o simplemente porque era su forma de ser, Alberto me dirigió una pregunta muy directa acerca de mis intenciones allí, preguntándome también cómo había conseguido acceder a los pasillos. En cuanto a la mención de la “invitada especial” tuve que contener una sonrisa ladina; yo sabía qué clase de invitadas especiales requerían a veces los deportistas para relajarse… Fingiendo un gesto de resignación y sin perder la sonrisa, respondí:

- Respecto a cómo he conseguido llegar hasta aquí… permíteme que me reserve ese dato, es información producto de la experiencia… Y sobre lo que quiero… en fin, no voy a mentirte… - añadí con cierta teatralidad mientras metía la mano en el bolsillo trasero de mis vaqueros para mostrarle mi acreditación de periodista junto con el pase de prensa – Soy periodista y me gustaría hablar contigo a solas y en un ambiente algo más relajado, más cómodo – le expliqué, siendo directa al igual que él lo había sido y observando su rictus cansado; aún no se había contaminado del star system de Los Ángeles y parecía ser bastante accesible a pesar de que no había sonreído ni una sola vez – No te mentiré, no trabajo para ninguna publicación de deportes sino para People in LA, supongo que no la conocerás, es una revista de distribución local.

Permanecí en silencio unos instantes, esperando a que digiriese la información que le acababa de proporcionar. Aunque su manejo del inglés en la rueda de prensa había sido excelente, no dejaba de ser extranjero y yo alguien que hablaba muy rápido, así que como me sentía incapaz de articular las palabras más despacio, prefería hacer una pausa de vez en cuando y dar pie a que me preguntasen si acaso necesitaban alguna explicación. Llevé una de mis manos a la curva de mi cintura mientras ladeaba la cabeza y le decía:

- ¿Qué me dices? ¿Te apetece que concertemos una cita? Conozco muchos bares y restaurantes en Los Ángeles, sólo dime qué te apetece y te llevaré donde quieras…
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