¿Existe algo peor que una vida superficial entre belleza, playa y rumores durante todo el año? Pensarás que no. Pero en California, más concretamente, en L.A, la cosa se puede empeorar. Y mucho. Están aquellos que gozan de una vida totalmente al estilo propaganda hollister, y están esos otros que su vida es un constante viene y va de conflictos, peleas callejeras y otros problemas sociales y personales. Pero cuando esta armonía se rompe y algo interfiere en la vida del otro, aparece esto, una bonita guerra de sociedad en bandeja de buffet. Suena típico, sí, sin embargo, no sabes lo interesante que puede ser y lo atractivas que son estas historias. Y los secretos que hay detrás de cada uno de ellos, es la guinda del pastel.
Conectarse

Recuperar mi contraseña

Últimos temas
» Directorio Looking For You
Sáb Feb 08, 2014 11:32 am por Invitado

» Summer Games - Foro Recién Inaugurado / A.Normal
Sáb Sep 29, 2012 1:46 pm por Invitado

» Carpe Retractum // Foro de Hp - tercera generación //NORMAL//
Vie Ago 03, 2012 8:50 am por Invitado

» Twilight Saga Rol {Afiliación normal}
Sáb Jun 30, 2012 10:04 am por Invitado

» The Afterlife Oblivion (normal)
Vie Mayo 04, 2012 6:55 am por Invitado

» Lectores Escribiendo
Miér Mayo 02, 2012 3:33 am por Invitado

» Quimera Asylum {Normal}
Miér Abr 25, 2012 10:14 pm por Invitado

» Twilight Rol Suiza {Afiliación Élite}Un año ONLINE !!!
Miér Abr 25, 2012 1:38 am por Invitado

» {+18} CALAPALOOZA ~ Berkeley, University of California
Miér Abr 11, 2012 9:53 am por Invitado




































It means nothing ✖ Sven

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

It means nothing ✖ Sven

Mensaje por Aarōn F. Stahlneck el Miér Ene 25, 2012 1:22 pm


Domingo, 18:30 hrs

La noche anterior había sido como tantas otras noches en el departamento en que habitábamos: fiesta interminable, alcohol por todos lados y en el equipo, la música a más no poder. Pocos eran los que entraban a la famosa residencia del cuarteto pues pocos eran los que de verdad se habían ganado la confianza de uno de los miembros de AK-47, pero eso no significaba que la reunión fuese menos animada o más aburrida que cualquier otra en algún sitio de California, todo lo contrario, al menos para mi era mejor tener fiestas en casa que salir por ahí todos los fines de semana y tener que esquivar a los papparazzis u otro tipo de sujetos desagradables cada dos por tres.

Pero en aquella oportunidad yo había sido el gran ausente de la celebración, no otro como solía ocurrir la mayoría de las veces.

La razón era simple, pese a todo pronóstico y, a todas y cada una de mis quejas sobre salir de fiesta e lugares demasiado públicos, había ido a bailar con Isabel a un sitio al cual jamás fui antes. Era pequeño y acogedor, las luces de colores destellaban hasta el punto de casi dejarme ciego, haciendo de paso que fuese imposible para el resto reconocerme porque con suerte eran capaces de ver con claridad a sus acompañantes o hasta sus propias manos, entonces menos me iban a ver a mí que me había esforzado de sobremanera por lucir como un chico común y corriente y no como la persona que realmente era o como la superestrella del momento para un montón chicas que no paraban de gritar nada más veían a uno de nosotros.

Por la misma razón no había visto a ninguno de los chicos desde que me escurrí por entre las personas que entraban al piso que acondicionara nuestro representante especialmente para que viviésemos con la mayor comodidad y lujos existentes, desapareciendo así de la vista de todos y esperando que nadie notase mi ausencia al menos por unas cuantas horas que era lo que supuestamente me tardaría en volver o hasta que simplemente el alcohol comenzara a hacer efecto en sus cuerpos. Pero las cosas se habían alargado más de lo que espere, por lo que ahora, luego de haber pasado la noche en una cama que no era la mía –y para qué negarlo, parte del día también- recién abría la puerta del apartamento, intentando pasar desapercibido para quienquiera que se encontrase allí a esa hora de la tarde.

Judas fue el único que salió a recibirme, meneando la cola antes de lanzarse en picada a morder mis botas militares. Le sonreí y acto seguido me fui a mi habitación para darme una rápida ducha y cambiarme la ropa que había usado el día anterior. Luego de que mi rutina estuvo lista me vestí con un simple pantalón deportivo y una camiseta simple, sin calzarme las zapatillas cogí una de mis guitarras desde el atril en el que se posaba en uno de los rincones de mi habitación y me fui a la piscina.

Vivíamos en el último piso de un edificio de solo siete de los mismos pues en la zona no era común ver edificios de mayor tamaño, en un principio me había parecido extraño, pero con el tiempo me di cuenta que era bastante mejor de esa manera, así no llegaría otra constructora a poner algo al lado tuyo y para arruinar la vista que tenías desde tu apartamento. No habían pasado más de cinco días desde que habíamos llegado cuando nos adueñamos de la piscina así que nadie más que nosotros frecuentábamos el lugar a la hora que se nos viniera en gana. Me senté en una de las sillas de playa que allí habían y cerré los ojos por unos cuantos segundos hasta que una palabrota llegó a mis oídos.

No pude evitar soltar una carcajada mientras giraba mi cabeza para mirar a Vicktor antes de alzar una ceja. -Estúpida silla ¿No? Mira que venir a cruzarse sin avisar por el camino del gran Viktor Krieger es todo un delito- negué con la cabeza, aún sonriendo ante la situación.

Aarōn F. Stahlneck
Neutros
Neutros

Mensajes : 41
Fecha de inscripción : 16/01/2012

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: It means nothing ✖ Sven

Mensaje por Viktor S. Krieger el Jue Ene 26, 2012 9:35 pm

Para recibir algo hay que dar algo a cambio, forma parte del equilibrio de no sé qué historia y cuatrocientas chorradas más que he escuchado a lo largo de mi vida y en las que quizás me detendría a reflexionar si no fuese porque mi cabeza amenaza seriamente con estallar. Lo que desde luego no puedo negar es que tiene lógica, incluso en el ejemplo más refinado hasta el más burdo. En mi caso, el precio a pagar consiste en un dolor de cabeza monumental a cambio de unas cuantas horas de risas y diversión, borrosas, pero existentes al fin y al cabo.

Mi memoria empieza a perderse cuando a mis dos compañeros les dio por intentar jugar a la diana del salón después de haber tomado demasiado alcohol. Para entonces el significado del juego había perdido todo su sentido para los tres ya que celebrábamos con más ímpetu la distancia restante para acertar a clavar el dardo en la diana que el clavarlo en ella. Una de las veces recuerdo como uno se subió a la mesa haciendo lo que podría clasificarse como un baile de victoria, no lo recuerdo demasiado bien.

Agh….— mi mano se dirige a mi cabeza aplastando las palmas de las manos contra los laterales de la misma, como si aquello pudiese detener aquella dolorosa palpitación.

Aún me encuentro en el sofá, con la ropa de ayer. Recuerdo haberme despertado hace algunas horas para comprobar que había caído dormido en el sofá y los otros dos habían conseguido hacer su camino hasta sus propias habitaciones, algo que yo hubiera intentado también si no fuera porque notaba todo moverse a mi alrededor aún incluso cuando permanecía con los ojos cerrados. Frunzo el ceño entonces cuando oigo el sonido de la puerta de la calle, seguido por el tintineo de llaves chocando unas contra otras clavándose en algún lugar de mi cerebro. Para colmo puedo oír a Judas iniciar su carrera hasta la puerta, aunque lo peor viene cuando ladra, arrancando un gruñido de mi garganta mientras giro en el sofá intentando enterrar mi cabeza en él con el fin de aislar ruidos. Si me cabe alguna duda la reacción del perro me la elimina: Aaron está en casa.

Fue un hecho casi sorprendente, de esos momentos en los que sabes que una persona anda detrás de ti y entonces, de repente, parece ser absorbida en la nada y te encuentras como un auténtico gilipollas mirando a todos sitios en un perímetro de cinco metros a tu redonda. Eso era lo que había pasado la noche anterior cuando nos encaminábamos a iniciar la fiesta. Ni un solo aviso. Aún con todo ello ninguno de nosotros se preocupó si no contamos toda la clase de bromas y comentarios que se hicieron sobre su desaparición como “preocupación”. Aaron siempre había sido así, desde luego no era la clase de personas que te dejaban una nota en la nevera para decirte que había salido y no te preocupases. Todos somos en cierta forma así, los cuatro; pero todos sabemos cuándo debemos preocuparnos o que los demás van a estar ahí si lo necesitamos.

Intento darme una vez más la vuelta en el sofá; la estancia parece haber dejado de moverse pero no quiero confiarme, el momento más duro vendrá cuando tenga que ponerme de pie, momento que intento evitar por todos los medios volviendo a cerrar los ojos y tratando de conciliar el sueño de nuevo por otras cuantas benditas horas, algo que seguramente mis compañeros de fiesta están haciendo ahora mismo. Sin embargo la suerte no está conmigo, algo que ya había asimilado; una vez despierto el dolor de cabeza no me deja hacer nada más que arrastrarme quejumbrosamente por la casa, y eso es precisamente lo que hago.

He perdido la consciencia de cuánto tiempo ha pasado desde que oí la puerta, de hecho no sé ni qué hora es y tampoco me importa, mis únicas aspiraciones en el momento es llegar al mueble de la cocina y conseguir una pastilla para después meter la cabeza debajo del grifo y beber algo de agua para después notar como esta se desliza por mi esófago hasta caer en mi vacío estómago.

Vuelvo a refunfuñar por lo bajo sin saber exactamente qué hacer, así que decido ir a comprobar si es cierto que mi mejor amigo ha vuelto a casa o han sido meras alucinaciones mías. Mis pasos me llevan a su cuarto, al cual entro sin llamar a la puerta, una de mis malas costumbres, más de alguna vez me había llevado un disgusto por ello. La cama es lo primero que capta mi atención, completamente impoluta y sin tocar. Apostaría porque sí habían sido alucinaciones mías de no ser porque el baño aún mantenía cierta humedad y la guitarra que guardaba en su cuarto no está en su sitio. Quizás la habría dejado en el estudio junto al resto, pero lo dudo; además, conozco la manía de Aaron de ir por ahí a tocar a cualquier rincón. Mientras que yo me veía siempre condenado a tocar en el estudio que teníamos en el piso a no ser de querer ganarme una denuncia por los vecinos quisquillosos, él podía hacer lo que le viniese en gana.

Al menos ha tenido la consideración de no ponerse a tocar cerca de nosotros sabiendo cómo nos encontraríamos, aunque no puedo negar que me hubiese gustado especialmente ver salir a cualquiera de los otros dos individuos para tirarle un cojín a la cara para que les dejase dormir la borrachera. Si algo no faltaba nunca en este apartamento es música, algo normal cuando es ocupado por cuatro personas que se dedican activamente a ello. Pero nadie puede negar que no tenga encanto.
Mis pasos me llevan a la terraza, son muchos años ya de amistad como para saber las tendencias de mi amigo, y no fallo. Allí sentado, con los ojos cerrados se encuentra uno de los dos guitarristas de AK-47. No queda ningún rastro palpable en él de aquel chico que pasaba las horas muertas junto a mí en la tienda de mi abuelo cuando se suponía que debíamos estar estudiando. El tiempo nos ha cambiado a todos, a mejor o a peor, o quizás a ninguna, quizás simplemente nos ha convertido aún más en nosotros mismos.

¡Joder!— maldigo cuando una de las sillas se cruza en mi camino sin que me dé cuenta. Aún no he recuperado mi movilidad habitual y mis reflejos dejan bastante que desear por lo que el resultado es acabar arrollándola.

Puedo oír su carcajada, y posteriormente su comentario — Maldita silla— es todo lo que digo al respecto, procurándole un punta pie que la hace caer, ya me preocuparé después por colocarla, o no. Me las ingenio para acabar en una hamaca al lado de Aaron, tumbado boca arriba con los ojos entreabiertos maldiciendo el intenso Sol que pega de lleno en esos momentos— Dios bendiga la soleada California— suelto sarcásticamente en un bufido. El calor no es lo mejor para mi cabeza en estos momentos, al contrario, puedo notarla como una olla a presión que ahora el Sol se está encargando de llevar a su punto de ebullición, además sé lo poco que a Aaron le gusta el calor. Al menos teníamos una piscina para nosotros solos, bueno, supuestamente. El resto de la gente dio por hecho que era nuestra casi antes de que lo diésemos nosotros, pero ninguno de los cuatro íbamos a quejarnos por ello.

¿A dónde te teletransportaste anoche?— pregunto con una innegable curiosidad— No me digas que había una fiesta mejor que la nuestra y decidiste ir solo.

Al igual que yo nunca he sido de dar explicaciones tampoco suelo pedirlas. Lejos de aquello, no necesito ninguna explicación suya en estos momentos –y casi en ninguno– simplemente es la curiosidad la que me lleva a preguntar. Sus desapariciones han aumentado en esta semana y sé, podría decir que a diferencia de los otros, cuando está detrás de algo.

Viktor S. Krieger
Neutros
Neutros

Mensajes : 26
Fecha de inscripción : 18/01/2012

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: It means nothing ✖ Sven

Mensaje por Aarōn F. Stahlneck el Sáb Ene 28, 2012 8:44 am

Le sigo observando con una de mis cejas alzadas mientras él se hace camino por entre las sillas de playa y una que otra mesa que los encargados de la mantención del edificio han dejado por ahí en caso de que a alguien, además de nosotros quienes nos jactamos de ser amos y señores del área de la piscina y sus alrededores, se les ocurra comer en la terraza o algo parecido. La escena me hace gracia, Viktor parece un abejorro víctima por casualidad de cientos de centímetros cúbicos de líquido para fumigar que le atacaron por sorpresa cuando intentó acercarse a su panal, lo que provoca que revolotee en todas direcciones con aires de no saber donde carajos ésta ni mucho menos de hacia dónde pretende dirigirse en un futuro cercano.

Mi sonrisa se amplía al verle recostándose finalmente en una de las hamacas que nosotros mismos habíamos pedido que trajesen pues las sillas de playa bajo el punto de vista de Jeremy eran demasiado afeminadas y recostarse en una de ellas le hacía sentir extremadamente gay además de provocarle, según él, daños severos a la espalda. Una estupidez tremenda porque una silla de playa era nada más que eso, solo una silla, nada más; era imposible que te hiciese lucir de una forma u otra. -Amén, hermano.- murmuro cerrando los ojos y alzando la cabeza hasta que puedo sentir el respaldo de la silla chocar con ésta.

Los días en California distan demasiado de lo que estaba acostumbrado a vivir en Zürich dónde la temperatura no superaba la mitad del promedio de los días en Los Angeles en ésta época del año. El sol no me molesta, no del todo, pero no soporto aquella sensación de vivir en un horno casi las veinticuatro horas del día sin una pizca de viento que pueda hacerme sentir algo mejor, refrescarme o quitarme la idea de la cabeza de que soy un simple ser humano más y no un animal cualquiera listo para la cocinar en una barbacoa a fuego lento hasta que mi piel quede rostizada por completo. Me parece increíble que a ésta hora de la tarde el astro Rey continúe bañando cada rincón de la ciudad con sus rayos como si fuesen las doce del día, o las tres de la tarde, pero de cierta forma es reconfortante sentir como las células de mi rostro y de mis brazos desnudos parecen cobrar vida ante el contacto de éstos con las mismas. Contradictorio, lo sé; pero esa es la forma en que funciona mi extraño cerebro y creo que no tiene caso alguno intentar comprenderlo o deducir cómo es que trabaja.

Dejo la guitarra apoyada en el reposabrazos derecho de la silla e intento relajarme en la posición que recientemente adquirí. Cruzo mi pie izquierdo por sobre el derecho y comienzo poco a poco a sentir como si me estuviese hundiendo en arenas movedizas, siendo absorbido lentamente por éstas que se mezclan con la falta de sueño de por lo menos una semana en espirales de colores que van en todas direcciones y que hacen que de forma rápida comience a sentirme más adormilado de lo que debería estar. Todo mi cuerpo pareciera pesar más de lo que en verdad lo hace y asumo que aquello se debe a una mezcla fruto de las horas que pasé con Isabel en el sitio donde fuimos a bailar y de todo lo que ocurrió después, una vez llegamos a su apartamento; incluyendo claro el resto de los sucesos ocurridos esta mañana y parte de la tarde.

Inmerso en mi mundo de ensoñación la voz de Viktor parece llegar a mis oídos como una especie de susurro interminable que me incita de diversas formas a responder a su pregunta pero mis labios se niegan a hacerlo al menos por los próximos quince segundos.

-No lo sé- no recuerdo el nombre del sitio por más que intento hacerlo. Solo se viene a mi mente un inmenso cartel con luces de Neón brillando con intensidad entre los edificios colindantes pero no soy capaz de recordar exactamente qué era lo que rezaban aquellas letras además de que el nombre del Night club comenzaba con A. -Fui secuestrado, pero debo admitir que la fiesta no estuvo nada mal y por lo que veo, la nuestra tampoco- abro los ojos del golpe y giro mi cabeza para observar a mi amigo quien claramente lucha contra el dolor de cabeza típico del día después de una fiesta en nuestro departamento. No puedo evitar sonreír ante aquello su postura indica claramente molestia, y el sol no ayuda en nada a apaciguarla, de eso seguro. -¿Te pasaste el día tomando sol o lo rojo de tu rostro es porque tú y los demás se bebieron hasta el agua del pocillo de Judas?- imaginarlo me hace soltar otra carcajada pero es increíble la manera en que sus mejillas parecen haber estado expuestas durante un prolongado periodo de tiempo a los rayos del sol.


Aarōn F. Stahlneck
Neutros
Neutros

Mensajes : 41
Fecha de inscripción : 16/01/2012

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: It means nothing ✖ Sven

Mensaje por Contenido patrocinado Hoy a las 10:30 pm


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.