¿Existe algo peor que una vida superficial entre belleza, playa y rumores durante todo el año? Pensarás que no. Pero en California, más concretamente, en L.A, la cosa se puede empeorar. Y mucho. Están aquellos que gozan de una vida totalmente al estilo propaganda hollister, y están esos otros que su vida es un constante viene y va de conflictos, peleas callejeras y otros problemas sociales y personales. Pero cuando esta armonía se rompe y algo interfiere en la vida del otro, aparece esto, una bonita guerra de sociedad en bandeja de buffet. Suena típico, sí, sin embargo, no sabes lo interesante que puede ser y lo atractivas que son estas historias. Y los secretos que hay detrás de cada uno de ellos, es la guinda del pastel.
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You're just a ghost disguided as a sweet face ✖ Isabel P. Kendrick

Mensaje por Viktor S. Krieger el Lun Ene 23, 2012 2:31 am

Y este, al selector— murmuro casi inconscientemente poniéndome de nuevo las gafas transparentes y tomando el soldador con la mano derecha y el cable con la izquierda.

Sé que no tiene caso el repetirme los pasos para cambiarle cualquier elemento a una guitarra, no cuando llevas repitiendo el mismo proceso ¿Cuánto? ¿10 años? Casi puedo oír en mi cabeza los gritos de la discusión que tuvieron mis padres cuando mi madre me descubrió con once años y un soldador en la mano intentando cambiarle la pastilla de arriba a la guitarra que me había regalado mi abuelo por ese mismo cumpleaños. Al parecer a ella no le pareció correcto que un niño de esa edad manejara un instrumento tan peligroso y, aunque mi padre fuera mucho menos alarmista al parecer compartía la idea.
La discusión no tuvo mucho efecto, como ninguna de las riñas que pudieran echarme. Mi abuelo prometió que no se repetiría y más tarde me permitió realizar el cambio en el oscuro y húmedo cuarto trasero de la trastienda de la tienda, donde se llevaban a cabo las reparaciones o ese tipo de trabajos.

Colocar pedidos, montar instrumentos, probarlos, aprender a atender al público, a negociar y a reparar había sido posiblemente la mejor educación que recibí en toda mi vida, o al menos sin duda alguna a la que más atención, esmero y tiempo había dedicado. Esta vez la víctima estaba siendo una Gibson Studio bastante desgastada, según el chico que había venido ayer la guitarra era una reliquia familiar, algo que por la construcción y el desgaste nadie podía negar. Había dicho que quería mantenerla pero para darle un uso y yo me había limitado a que me indicara cuánto dinero estaba dispuesto a gastar en ella para hacerle un presupuesto: había sido generoso en cuanto a la cantidad.

Para cuando los cables correspondientes están soldados en los lugares indicados el aviso de que un cliente acaba de entrar en la tienda me saca de mi trabajo, obligándome a levantar la cabeza de la poca distancia que me separa del objeto.

¡John!¡ ¿Puedes atender tú a este?!— exclamo sin quitarme las gafas y espero a que el empleado de la tienda me conteste. Nada. Aún después de varios segundos todo permanece en silencio y apostaría porque quizás no me ha oído si no fuera porque en ese preciso momento recuerdo que John no va a venir hasta más tarde en la mañana y que por eso precisamente estoy yo allí.

Entonces sí que me quito las gafas, dejándolas en la mesa mientras me aseguro de dejar el soldador en un lugar donde no produzca ningún tipo de catástrofe de las que luego deba lamentar y apago la luz al salir. No hay demasiado camino desde el taller hasta la tienda en sí y todavía me pregunto cómo demonios tuve la suerte de encontrar un local tan inmensamente grande para establecer la tienda. Cierto es que quizás no mantuviese el encanto de la tiempo en mi ciudad natal con sus estrecheces, su humedad y el crujir de la madera; pero desde luego la competitividad y los ingresos tampoco podrían equipararse por mucho que si algo me sobra son precisamente ingresos. No era lo que iba buscando cuando me decidí por comenzar el proyecto, más bien era como una especie de deuda personal, algo que me debía a mí mismo, algo de lo que mi abuelo estaría orgulloso de ver.

Las luces de los fluorescentes del techo me medio ciegan al salir a la tienda en sí en contraste con el pasillo medio a oscuras que acabo de cruzar. A pesar de ser de día permanecen encendidos siempre ya que a pesar de las enormes cristaleras la luz natural sería capaz de iluminar correctamente la tienda en su totalidad. Preparo de antemano mi mejor sonrisa, durante todos estos años he aprendido como tratar a los clientes hasta tal punto que cualquiera que me ha tratado en ese ámbito sin tener más referencia de mí siempre ha asegurado de mí que soy un joven formal, amable y responsable. La magia de un buen uso de la proxemica, kinestesia y paralingüística, capaz de engañar a cualquiera que no entiende de dicha materia.

Buenos días, ¿puedo ayudarle en algo?— murmuro acercándome a la chica mientras me pregunto de qué se tratará esta vez. Desde que la tienda abriese no se tardó demasiado en establecer relación con AK-47 y las noticias de que yo mismo en persona pasaba el tiempo allí provocó en muchas ocasiones la visita de todo tipo de personas. No es que me queje, al contrario, sé de buena mano que uno de los motivos de que el negocio suba como la espuma es el éxito del grupo y es algo por lo que me siento agradecido.

La chica entonces se gira y me comenta que solo está mirando devolviéndome la sonrisa, así que me limito a indicarle que si necesita algo me avise y aprovecho para colarme detrás del mostrador y ordenar un par de cajas que todavía circulan por allí desde el día de ayer. Dos veces más suena el aviso y dos chicos entran en la tienda. “Que voluntad tiene el personal” pienso para mi mismo, de ser por mí yo aún seguiría en la cama como seguramente estarían ahora mismo mis compañeros de piso.

Los sigo con la vista durante unos segundos hasta que desaparecen por la esquina en dirección hasta donde están los bajos eléctricos y seguidamente sigo colocando el contenido de las cajas, en su mayoría libros de aprendizaje, púas y demás objetos pequeños.
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Re: You're just a ghost disguided as a sweet face ✖ Isabel P. Kendrick

Mensaje por Isabel P. Kendrick el Jue Ene 26, 2012 6:34 am

Paseaba por la soledad del departamento, con solo una polera que usaba como pijama, como tantas otras que habían pasado a serlo, solo por una mancha o por llegar tan casada que lo único que hacia antes de tirarme en la cama era quitarme los jeans o lo que sea que lleva puesta, caía rendida. No se debía a que estuviera trabajando en demasía, sino en que, a diferencia del último tiempo, había comenzado a salir, y la causa tenía nombre, estaba identificado. Más no pensaba dejar de hacerlo, ya que aquello me agrada y no tengo ninguna intención de dejar de hacerlo. Me dejo caer sobre uno de los sillones del desolado living, con una taza de cappuccino entre mis manos, saboreando el agradable aroma, y disfrutando de la calidez que se traspasa hasta mis manos. Mi vista, de pronto, la fijo sobre algo que de no saber el porque se encontraba allí, me hubiera sorprendido. Sin embargo, aquello es tan notorio, tan real, que no hace mas que devolverme de golpe a los acontecimientos ocurridos durante esos días, mi vida esta cambiando.

Curvo mis labios en una sonrisa, es algo inevitable, en ese momento poso la taza de café sobre la mesita de centro, y descruzo mis piernas para avanzar hasta el otro lado de la habitación, camino hacia la guitarra. La observo por un rato, intentando convencerme que el hecho de que la dejase es solo coincidencia, una excusa para volver, y que junto a que se haya quedado ya unos cuantos días no significan mucho mas, pero no puedo, ni mucho menos quiero convencerme de aquello. Para alejar aquellos pensamientos de mi mente, a lo único que atino es a tomar el instrumento con firmeza entre mis manos. La última vez que tome una, fue hace ya varios años, en casa. Mi hermana ya se había ido, y sus cosas descansaban en su habitación, mismo que mi madre se esforzaba en mantener igual, como si esperase que de un momento a otro ella volviera, pero las cosas no eran así, nunca mas seria así. Me parece increíble que hasta la música denotara nuestras diferencias. Mientras ella se dedicaba a los instrumentos de cuerda de ese tipo, yo había decidido optar por el piano y el violín, y en mis extravagancias por tocar saxofón.

Me dejo caer nuevamente sobre el sofá, flexiono una de mis piernas y dejo caer sobre esta la otra, para entonces deslizar mis dedos con suavidad sobre las distintas cuerdas de la guitarra, mientras los de la mano izquierda sostienen las mismas con fuerza en el extremo opuesto. Nunca logre aprender a tocar guitarra y me parecía bastante difícil que lograra hacerlo a esta altura de la vida, no era que no me considerase capaz, pero debía aceptar que prefería escuchar y verlo a hacer alguien mas, que practicarlo yo misma. Antes fue ella, ahora era él. Sin ser capaz de prevenir lo que pasaría, ya estaba sucediendo, una de las cuerdas de la guitarra dio un salto, cortándose. -¡Mierda!- La palabra se escapo de mis labios en el momento en que la cuerda golpeo uno de mis dedos. -Lo que me faltaba-

Molesta por mi torpeza, me levanto del sofá, posando con más que cuidado la guitarra sobre este. Mis pasos me dirigen hacia el cuarto de baño, donde me deshago de mi ropa para entrar en la ducha. Quince minutos después ya me encontraba en la cocina, cogido unas tostadas, preparado algo de jugo natural lista para desayunar. Para entonces, salir del departamento llevando mi bicicleta conmigo, y claro, algo que no podía faltar, la cámara fotográfica sobre el bolso que cruce sobre mi espalda. No tenia gana alguna de conducir el automóvil ese día, así que opte por llegar hasta la playa pedaleando, dejar la bicicleta estacionada y caminar el resto del camino hasta la zona comercial. No era muy tarde, pero las calles estaban algo solitarias, mientras yo pedaleo tranquila y despreocupadamente por la bahía, sintiendo el roce del viento sobre mi rostro.

Minutos mas tarde ya me encuentro en las calles del centro comercial, no muy lejos de donde estoy se encuentra el estudio de Ethan, pero aquel es mi día libre, así que aunque quisiera pasarme por allí, se que el no pensaría dos veces cuando ya me estaría corriendo. Me define como trabajólica, que me hace falta salir. Si el supiera cuanto he hecho estos últimos días, querría saber todos los detalles. Sonrió, para entonces encontrarme con lo que buscaba, una tienda de música, me detengo en la vitrina de la misma, observando cada cosa que se muestra en ella para detectar finalmente un set de cuerdas de guitarra. Me encuentro entonces dentro de la tienda, observando los distintos instrumentos que se encuentran en el lugar, para cuando se acerca el dependiente preguntando si necesitaba algo, respondo que por el momento solo estoy mirando. No demoro mucho mas en encontrar las cuerdas, me parece increíble que no sepa cuales son las necesarias para el modelo de la guitarra que deje en casa. Alzo una de mis manos para llevarla hasta mi mentón. -Disculpa- Mis labios enuncian aquella palabra mientras mi mente se debate en cual debo comprar.

-Necesito cuerdas para una Gibson- arrugo el entrecejo, encogiéndome de hombros a la vez, esperando la respuesta del muchacho que hasta unos minutos atrás me ofreciera de su ayuda. La tienda ya no se encuentra vacía como cuando yo entrase en ella, dos personas mas han entrado y me giro hacia el muchacho con más de un par de paquetes de cuerdas en ambas manos. Sonrío esperando su respuesta pacientemente mientras vuelvo mi vista hacia una batería que se encuentra algunos pasos mas allá del sitio en que estoy detenida. Siempre armaba un lio cuando decía que era mi instrumento favorito, pero que sin embargo, tocaba violín y piano. Me regañe mentalmente, ante mi decisión, sabiendo que debí de haber esperado a Aaron, el sin duda sabría que hacer.
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Re: You're just a ghost disguided as a sweet face ✖ Isabel P. Kendrick

Mensaje por Viktor S. Krieger el Lun Ene 30, 2012 3:39 am

Voy sacando detrás del mostrador todo lo que hay en las cajas del suelo, agrupando todo lo que va colocado junto por tipos de productos, marcas y tipo. “Cualquiera que me viese diría que soy ordenado” Pienso. Y es cierto, aquel hecho podría llevar a ideas preconcebidas totalmente erróneas. El hecho de que era un completo desastre no es nada nuevo, nunca me había molestado el orden, simplemente había sido siempre demasiado vago como para incluir esa cualidad en mi rutina diaria. Si alguien quería limpiar por mí estaba estupendo, pero me sería imposible convivir con alguien que esperase demasiado de mí en ese sentido. Por ello vivir con el resto de AK-47 es demasiado sencillo, nos conocemos mutuamente demasiado bien y no le damos demasiada importancia a los defectos del resto, porque si algo nos sobraba a los cuatro era precisamente eso, defectos.

Pero la tienda era otro tema a tratar y siempre lo había sido. Quizás porque mi abuelo era todo lo contrario a todo lo que soy yo hoy en día y tenía todo en un impoluto orden, quizás porque le vida Europea era notablemente más menos caótica y más tranquila en comparación a la norteamericana; por cualquiera de los motivos mantengo la costumbre de tener todo perfectamente organizado a un nivel casi enfermizo. Lo bien hecho bien parece y, después de todo esto no deja de ser un negocio donde la imagen cuenta demasiado a la hora de contabilizar las ventas. Había contratado a diferentes especialistas para realizar diversos estudios de marketing, todo para que la tienda fuese viento en popa. Después de todo la música no podría darme de comer eternamente, o al menos no al nivel al que lo hacía actualmente, no me planteaba la idea de tener setenta años y seguir dando tumbos en un escenario como los Rolling Stones por mucho que mirado desde otro ángulo la idea sonase interesante a la par que divertida en mi mente. Pero por si las cosas se torcían siempre tendría el respaldo de la tienda, a la cual, el mejor reclamo de marketing en aquellos momentos era yo y el grupo según los hombres que había contratado.

Levanto la cabeza por un segundo sintiéndome pequeño, allí agachado tras el mostrador llenando mis manos de cosas que añadir a los montones. Uno de los fluorescentes me deslumbra por un momento y decido agachar de nuevo la mirada para terminar de sacar las pocas cosas que quedan, dejarlas junto a las demás y amontonar las cajas en un rincón con el pie antes de volver a asomar la cabeza por encima del cristal. La vista no me alcanza para ver a los chicos de antes por lo que imagino que seguirán donde estaban antes mientras que consigo examinar el resto de la tienda y localizar a la chica a la que he ofrecido ayuda unos minutos antes, la cual ahora se acerca a mí directamente. Puedo ver la duda reflejada en su cara así que asumo que vendrá a hacerme alguna consulta.

No me equivoco. Cuando llega al otro lado del mostrador me pide cuerdas para una Gibson. Intuyo que la guitarra no es suya, o que al menos no está demasiado familiarizada a la hora de comprar cuerdas por lo que me ahorro la ingente cantidad de preguntas que puedo hacerle en aquel momento sobre los distintos tipos de cuerdas que puedo ofrecerle. Una pequeña sonrisa amable sale de mis labios mientras doy la vuelta y salgo del mostrador, trazando mis pasos por el linóleo hasta el estante donde se encuentran prácticamente todos los tipos de cuerdas del mercado; sí, no había escatimado en stock a la hora de adquirir mercancía.

Así que una Gibson, ¿eh?— comento en voz alta aunque es más para mí mismos. Mis ojos azules van de un lado para otro observando las distintas cajas y envoltorios plásticos que contienen cuerdas de distintos tipos— Aquí tienes las cuerdas para eléctrica, y justo aquí al lado las de acústica—le informó gesticulando con ambos brazos para señalarle la delimitación entre la colocación de ambas— ¿Quieres alguna cuerda suelta o prefieres comprar las seis directamente?— pregunto metiendo ambas manos en los bolsillos pensativo— Te va a salir más barato de la segunda forma y, míralo por el lado positivo, así tienes de repuesto para las demás.

Me quedo allí, plácidamente observando como sus ojos, prácticamente igual de azules que los míos, observan los mismos objetos que yo hace un minuto. Ahora tengo algún tiempo para observar a la chica mientras espero su respuesta para poder seguir asesorándola en dicha compra la cual, aunque no tenga mayor dificultad ella parece algo perdida.
Su cabello es de un color rubio claro a media longitud y su piel es blanquecina; longitud media y complexión menuda, también en la media. Nada que llamase excepcionalmente la atención, pero había algo en ella que parecía guardar cierto encanto aunque no soy capaz de descifrar exactamente el qué.

Cuando gira un poco la cabeza una extraña sensación golpea la base de mi estómago. Una sensación de reconocimiento, como una especie de presentimiento o deja vù. Me quedo atontado en esos momentos contemplándola; como una de esas veces en la que estás tan tranquilo en un lugar y de repente tienes esa sensación de haber vivido ese momento con anterioridad o estás completamente seguro de haberlo soñado. Frunzo el ceño durante un instante intentado liberar el pensamiento de mi cabeza. ¿Cuántas probabilidades hay exactamente de conocer a aquella chica? Ninguna, alguna persona un poco más crédula habría dicho que pocas, pero yo, encasillado por mí mismo en el apartado de personas realistas estoy convencido de que no hay ninguna posibilidad; después de todo vivo en una de las tres ciudades más grandes de los Estados Unidos y ni siquiera llevaba tiempo suficiente allí como para poder decir que tengo viejos conocidos o algo por el estilo.

Y…¿Tocas?— intento romper el silencio, no soy una persona a la que estos le incomoden especialmente pero sigo teniendo esa sensación amarga y no quiero que salga a relucir al exterior, por lo que la idea más inteligente es tratar de entablar cualquier tipo de conversación— ¿Vas a querer algo más? Puedo ir consiguiéndotelo mientras decides las cuerdas que prefieres; aunque personalmente— digo echándome un poco hacia delante— yo te recomendaría estas para eléctrica y estas para acústica— dijo sacando un par de paquetes de plástico y tendiéndoselos.
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Re: You're just a ghost disguided as a sweet face ✖ Isabel P. Kendrick

Mensaje por Isabel P. Kendrick el Lun Ene 30, 2012 10:57 am

Observo la batería por algunos minutos, manteniendo en mi mente los lejanos tiempos en que había intentado tocarla, y en los que Helen mi hermana si lo hacía, claramente no éramos del mismo tipo en si de instrumentos. Tan similares pero tan disimiles. Así éramos, casi como el agua y el aceite. Mis manos aun sostienen los set de cuerdas que he tomado hace un momento, ya no se encuentran alzadas, una vez he llamado la atención del muchacho decido bajarlas y esperar se acerque para oír su respuesta. Siendo impaciente como soy, camino hasta el mostrador, posando ambos set de cuerdas sobre el mismo, a la vez que el camina hacia otro uno de los costados, hasta el estante en que yo me encontrase hace apenas unos minutos atrás.

Muevo mi rostro de arriba hacia abajo, de manera sutil para asentir a la pregunta que me ha planteado. Estaba segura que la guitarra que Aarōn dejase en casa era una Gibson, el que no toque aquel instrumento no significa que no sepa de ellas, aunque claramente mi conocimiento es más bien poco teniendo en cuenta todo lo que desearía saber. Sigo sus pasos hasta llegar al estante, luego de haber tomado los sets que llevara hasta el mesón para volverlos al lugar del que antes los sacara. Acústica. Se muy bien que la guitarra ese de ese tipo, por lo que mis ojos se limitan a mirar ese tipo de cuerdas, para entonces dar unos cuantos pasos hacia ellas, quedando justamente frente al estante y en uno de los costados del muchacho, el que delimitaba con su brazo izquierdo. -Si no estoy mal, necesito de las acústicas- Señalo y tomo un nuevo set para observarlo. Cada vez que adquiero algo me distingo por ser extremadamente cautelosa con los productos que escojo, por eso me pierdo unos minutos leyendo la parte trasera de la mayoría de los sets, sacando, leyendo, y volviendo a dejar en su respectivo lugar, sonriendo de vez en cuando por la publicidad subliminal.

No quiero escoger cualquiera, mucho menos ni a tontas ni a locas. Si cuando se trata de algo propio soy extremadamente cautelosa, cuando el objeto pertenece a alguien mas, soy el triple. No me permito errar, y aunque pocas veces ha sucedido un percance de este tipo, prefiero evitar cualquier complicación futura. Llevo una de mis manos hasta mi mentón, observando el inagotable stock con el que llena el estante, notando que en este lugar no se escatima en gastos. -Sería un desperdicio llevar una sola cuando puedo llevar seis. ¿No crees?- No me hace falta que conteste, con sus palabras anteriores lo ha dicho todo, mi frase solo sirve para confirmar lo que con anterioridad el ya ha expresado. Observo nuevamente el estante, debatiéndome por cual elegir, también soy indecisa a la hora de no saber mucho sobre lo que estoy comprando. -¿Cuál exactamente me recomiendas?- Se que a Aarōn no le hubiera importado tener que obtener la cuerda el mismo, e incluso de seguro debía tener varias de respuesta. Pero ya me encuentro en la tienda, y en una de esas, hasta le sorprendo. La sonrisa alojada en mis labios se acrecienta con aquel pensamiento.

No soy consciente del momento en que comienza a observarme. Realmente nunca he sido capaz de notarlo, a menos que la persona en cuestión también tenga toda la atención de mi parte. En estos momentos me encuentro tan ensimismada observando las cuerdas que no veo más allá de las cuatro planchas de madera que forman el estante. -Te diría algo mas sobre la guitarra, pero me temo que lo he olvidado- Cierro los ojos, intentando concentrarme en la ultima vez que mis ojos se posaron sobre el instrumento, que tan solo fue hace algunas horas atrás, mas de una para ser exactos, pero para mi pesar no logro recordarlo. Mi poca paciencia nuevamente me impide esperar por una respuesta, por lo que alzo una de mis manos hasta el estante para tomar un estuche negro, algo elegante, con letras en tonos dorados y la muestro al muchacho luego de echarle una última mirada. -¿Qué tal estas?- Pregunto algo esperanzada en que mi mano haya decidido escoger la optima.

Tengo una extraña sensación cuando volteo a mirarle, parece algo confundido por la forma en que me mira, pero no le presto mayor atención. Sin saber lo que le ocurre, mi vista se desliza por el resto de la tienda, divisando unas extrañas figuras al otro lado de la misma. Vuelvo mi mirar hacia el nuevamente en el momento en que rompe el silencio. -¿Guitarra?- Enarco ambas cejas, sonrío deliberadamente, ya me gustaría tocar guitarra, pero dado los nulos avances que con ella tuve durante mi niñez, me he decantado por escuchar mas que interpretar. Niego con un movimiento de cabeza. -No, lo intente pero nuestra relación no tuvo éxito- Exclamo, sin mucha importancia a mis palabras, dejando que un atisbo de broma escape de ellas. Sosteniendo aun el estuche rectangular en una de mis manos, tomo el estuche que el me da, ambos. -Solo necesito la acústica- Menciono, observando el estuche de las que el me entregara, sin tomar el de las cuerdas para guitarra eléctrica. -Mas sabrá el experto, digo yo- Me encojo de hombros y le regreso el estuche que el me tendiera apenas unos cuantos segundos atrás, mi capacidad de decisión se vuelve casi nula cuando me recomiendan algo. Y supongo que el muchacho ha de saber música para haber abierto una tienda como aquella. Mínimo que toque algún instrumento, eso es más que seguro. -Llevare esas entonces-

Regreso el estuche que yo tomara con anterioridad a su lugar en el estante, para dirigirme hacia el lugar que con anterioridad mis ojos hubieran divisado, doy un par de pasos hacia la pared que se encuentra en frente, en ella descansan las guitarras y bajos, y en el centro, apenas en una repisa diminuta se encuentra lo que acaba de llamar mi atención. Al llegar hasta el lugar, posarme en frente de la repisa, puedo notar que la figura esta compuesta por el clavijero y parte del mástil, tomo con cuidado una entre mis manos y me vuelvo hacia el muchacho. -¿Qué son estas?- Pregunto bastante curiosa y sin darme cuenta, siendo completamente inconsciente de lo que hago, uno de mis dedos aprieta uno de los botones de la figura, con lo que inmediatamente una música comienza a sonar.
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