¿Existe algo peor que una vida superficial entre belleza, playa y rumores durante todo el año? Pensarás que no. Pero en California, más concretamente, en L.A, la cosa se puede empeorar. Y mucho. Están aquellos que gozan de una vida totalmente al estilo propaganda hollister, y están esos otros que su vida es un constante viene y va de conflictos, peleas callejeras y otros problemas sociales y personales. Pero cuando esta armonía se rompe y algo interfiere en la vida del otro, aparece esto, una bonita guerra de sociedad en bandeja de buffet. Suena típico, sí, sin embargo, no sabes lo interesante que puede ser y lo atractivas que son estas historias. Y los secretos que hay detrás de cada uno de ellos, es la guinda del pastel.
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Otro domingo más, ¿o no? [Elias]

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Otro domingo más, ¿o no? [Elias]

Mensaje por Birdy A. White - Ellis el Lun Ene 23, 2012 2:21 am

Domingo. Sí, finalmente era domingo. Mucha gente podría pensar en lo patético que era esperar con ansia un día de la semana en el que simplemente se dedicaba a espiar a un chico. Ella misma pensaba que era patético; pero cada vez que se había intentado quedar en casa había acabado casi subiéndose por las paredes hasta que se había subido a la bicicleta para ir hasta la playa. Su corazón iba a mil por hora mientras cepillaba su pelo con esmero, hasta que quedó suave y brillante. El reflejo del espejo de su baño le devolvía una sonrisa de oreja a oreja. Ese día se había colocado unos vaqueros cortos desteñidos que ella misma se había cortado, una camiseta simple de tirantes color rosa y una rebeca fina por si hacía frío. A los pies unas sandalias de tiras bastante desgastadas. Ni pendientes, ni maquillaje; y como únicos accesorios sus inseparables: el anillo y el collar que llevaba a todas partes. Se obligó a borrarse la sonrisa de la cara antes de salir de su habitación. Desayunó unas tortitas que su padre había preparado sin mediar palabra, pero su pierna pataleaba el suelo con nerviosismo. Su padre bajó el libro que sostenía en las manos y le miró interrogante. —¿Vas a algún sitio?—preguntó confuso. Ella tragó el zumo que tenía en la boca lentamente, pensando una escusa. Tendría que apuntarse a alguna actividad extraescolar si quería seguir siendo convincente.—El viernes vi una tienda con chuches para caballos… como se acerca el cumpleaños de Caballo pensé en hacerle un regalo.—contestó tratando de quitarle hierro al asunto. Su padre asintió complació y siguió con su lectura mientras se terminaba el café.

Birdy resistió el impulso de suspirar y se acabó la comida en un santiamén no fuera que a su padre le diera por hacer más preguntas. Le dio un beso en la mejilla a su padre y se despidió de su madre que limpiaba la ropa fuera. Agarró la bicicleta, que ya se había convertido en suya, y se puso en camino de la playa que ya se conocía de cabo a rabo. Estaba a cierta distancia, pero era fácilmente distraíble y cada detalle del camino se lo hacía más ameno. No iba por la carretera, sino por un camino de campo que usaban los pocos que vivían en la zona. Lo había descubierto poco después de que aquel chico se cruzara en su vida. La sonrisa volvía a adornar su rostro, a la vez que su mente seguía diciéndole que era un rato largo tonta. Toda su parte racional le decía que lo olvidara, pero su corazón era incapaz. ¿Y cuando había ella hecho más caso al cerebro que al corazón? Nunca. Pronto el mar fue perfectamente visible y se deleitó con el reflejo del mar en él por el resto del camino. Puso el candado -como su padre le había enseñado y obligado- en una de las palmeras y amarró allí la bicicleta. Fue hasta su sitio y se sentó, buscando con la mirada al dueño de su locura. Primero observó a la gente en la arena, casi todo grupos de surfistas o chicas en biquinis minúsculos tomando el sol. No había nadie solo a parte de ella, pero eso era lo normal en su vida. Al comprobar que no estaba en la arena, se puso a observar el mar. No había mucho viento, y por ello las olas no eran especialmente altas. Casi todo eran principiantes o niños. No, los surfistas de verdad o no habían ido o se dedicaban a jugar al futbol playa o voleibol. Pero ni rastro de su chico.

<< Sí, mi chico. >> pensó irónicamente. Se abrazó a sus piernas observando a un par de niños que aprendían los fundamentos del surf delante suya. No tendía el idioma en el que hablaban, así que debían de ser extranjeros. Nunca fue buena reconociendo acentos, puesto que no veía ni películas ni apenas TV. Y en los libros, los acentos solo a veces se describían. Igualmente, mediante los gestos podía ir entendiendo. La verdad es que de tanto ir allí, se sabía toda la teoría del surf, pero jamás se había planteado intentarlo. ¿Para qué? Apenas veces se había bañado en el mar si quiera. No le gustaba bañarse sola y sus padre no tenían ningún interés en eso especialmente. Y no sabía nadar; no quería arriesgarse a ahogarse. Por eso tampoco se colocaba el único bañador que tenía bajo la ropa; estaba más cómoda en su ropa interior. Estaba a punto de cambiar de objetivo cuando unos tíos pasaron a su lado corriendo llenándola por completo de arena. Ninguno se disculpó, probablemente ninguno si quiera la vio. Suspiró acostumbrada y empezó a quitarse la arena de encima con cuidado, sin ganas y muy lentamente. Pero su cara de tristeza no era por eso, sino porque no encontraba a ese chico por ningún lado. Otro día más en el que no lo vería. Suspiró tristemente. Claro, sin buenas olas, ¿qué iba a hacer allí?...

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Re: Otro domingo más, ¿o no? [Elias]

Mensaje por R. Elias Monllor el Mar Ene 24, 2012 4:37 am






Otro domingo más, ¿O no?

domingo, 11 y pico


¡Fuera de mi puta casa, gilipollas! — El último día de la semana, y se tenía que despertar con los chillidos de una idiota, que ayer le dijo que estaba enamorada de él, estando los dos pedo perdidos, y que se pensaba que después de aquél polvo iban a comenzar a salir. Pero Elias no entendía bien esos gritos de buena mañana, y que le lanzara un cojín en la cara... ¡Si todavía no le había dejado las cosas claras. Él se levantó de la cama de matrimonio a toda prisa, la tía debía tener unos diecisiete años, pero le había comentado que sus padres estaban de viaje, extrañamente lo recordaba, pero su nombre no. ¿Empezaba por S...? Mejor no complicarse. — Pero tía, ¿Qué pasa? — Preguntó legañoso. A duras penas consiguió ver la hora en el reloj de la pared. Las once y cuarto. ¡Esa mañana había quedado con los chicos para jugar al voley en la playa! — ...Y eso, ¿Sabes? ¡Eres un capullo! — Mientras Elias estaba sumergido en sus pensamientos, aquella chica le explicaba por qué razón le echaba de su casa. Éste pestañeó sin darse cuenta de nada, pero cuando vio su cara decidió asentir con la cabeza. No quería más problemas. ¿Tenía la moto aparcada? Un momento. Se fijó en que ella, llamemosla "Pecas", — porque tenía la cara repleta de éstas — llevaba puesto un vestido playero, y uno de esos sombreros tan feos y grandes que se llevaban a éstas. Elias levantó las cejas. — ¿Vas a ir a la playa...? — Le preguntó acercándose a ella, con la sonrisa del gato Chésire dibujada en su rostro. Pocas veces, a Elias se le encendía la bombillita que tenía en la cabeza. Pero ésta, como todas las demás funcionó de lujo. Ella, que al final le recordó que se llamaba Vanessa, le prestó un bañador de su hermano mayor, del cuál le contó la vida ¡Y hasta le dejó llamar a sus colegas para que supieran que iba a llegar tarde! Se había portado, sí señor. Además, Vanessa le había confesado que en realidad, quién le gustaba era Dalbert — un amigo —, y que se lo había llevado a su casa para poner celoso a éste. Elias, lejos de sentirse utilizado, sonrió feliz, sintiendo que se quitaba un peso de encima.

Llegaron a la playa media hora después, en el coche de sus padres, la tal Vanessa tenía bastante dinero. Pero fallaba en sus gustos musicales, de camino a la playa había tenido que escuchar el CD de Justin Bieber, además, ella le preguntó si le agradaba, y él, teniendo miedo, por si le echaba del coche al decir que no, respondió que sí, que era genial. Se despidió de ella dándole dos besos, no sin antes presentársela a Dalbert. Quién nunca antes se había fijado en la chica. Vanessa le comentó que había quedado allí con una amiga, y que pronto aparecería, y podrían irse los cuatro a dar una vuelta por la playa. ¿Los cuatro? ¿¡Pero qué cojones era aquello...!? Elias dijo que se lo pensaría y se quedó observando el panorama. El viento no iba de su lado, así que nada de surf, tampoco es que le apasionase, él era demasiado torpe para aquello. Un día había tratado de impresionar a un grupo de chicas montando en una ola con su tabla, ¿Resultado? Tuvo que ir a por él el socorrista, nada más que añadir. Siempre fue un torpe, y lo seguía siendo. Se le notaba hasta al caminar, muchas veces le habían dicho que cuando caminaba parecía un pato, o que "iba escocido", él prefería lo segundo.

Ahora vuelvo. — Le dijo a sus amigos, Vanessa y Dalbert ya parecían estar muy compenetrados. Como que se estaban liando delante suya. Se sonrió a si mismo al sentirse muy "celestino" y se acercó a una cala cercana en la que no parecía haber nadie. Miró a su alrededor asegurándose de ello, y poco a poco se bajó la cremallera del bañador. Un bañador con cremallera, ¡Qué lujo! — Lalalalá. — Cantaba en voz baja, esa melodía recién inventada, mientras trazaba en la arena una gran "E", de Elias. Aquella mañana, al salir de casa de Vanessa, todavía no había meado, así que tenía que liberar todas las sustancias que tenía ahí dentro, anoche había bebido como si fuera... ¡algo que bebe mucho! Como cada noche de sábado, aunque un poco más normal que la del sábado anterior. Al terminar, marchó de las calas con una gran sonrisa. Saliendo ya a la parte de la playa, demasiada poca gente para un día tan maravilloso, aunque en realidad, para él, todos los días así lo eran. Vio a una familia de extranjeros, probablemente ingleses, con tablas de surf. Las personas tan rubias le recordaban a Tintín, y eso, le hacía gracia. Se fijó en tres idiotas que parecían hacer una carrera entre sí, y vio como éstos llenaban de arena a una chica. Éstos ni dijeron perdón. Elias se acercó a ella, silbando alegremente. — ¿No les vas a decir nada a ésos? — Le preguntó señalándolos con la cabeza, ellos seguían a lo suyo. — ¡Yo les habría lanzado a la arena aquí mismo! — Dijo con energía, pero no era del todo cierto. Miró a la chica, la conocía de algo... Sí, sí.





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Re: Otro domingo más, ¿o no? [Elias]

Mensaje por Birdy A. White - Ellis el Miér Ene 25, 2012 4:24 am

Decir que la cara que se le quedó a Birdy era digna de fotografiar sería quedarse corto. Tendrían que haber hecho un video, que se llenaría de visitas en Youtube; después de ahí, un GIF y topic en Tumblr. Habría sido más usado que el “My Body is ready” y el “ovaries explode” juntos. Se habría convertido en un icono mundial del “¡oh, Dios mío!”. Por un momento se le pasaron miles de cosas por la cabeza: la primera fue un acto absolutamente físico, que era salir por patas sin pensar en a donde o cuando parar; la segunda fue pensar un Tierra Trágame de los buenos; la tercera fue que sin duda alguna se lo estaba imaginando, que como lo echaba en falta, su cabeza se lo había inventado; y la cuarta que su vida a veces parecía una novela de humor negro. En realidad, no hubo orden, fue todo a la vez. Sus ojos y boca se habían abierto a la vez, los ojos mucho más que la boca; a la par que su tez se convertía de pálida levemente dorada a rojo tomate-semáforo-neón. Fue digno de un dibujo animado, de haber protagonizado su propia serie de televisión. Eso le pasaba por ser tan expresiva. Sintió la irremediable sensación de tocarlo y cerciorarse de qué estaba ahí. Y lo escrutó con la mirada para ver sí era él, de verdad, y no alguien que se le parecía y su imaginación había hecho el resto. Todo en un segundo y medio, antes de que hubiese continuado con su frase. Cerró la boca al volver a oírle hablar. Pero su rojo aumentó un par de niveles más de rojo. Se sentía ridícula, pero a la vez indefensa. Y sinceramente, aturdida.

<< ¡Me está hablando! ¡Me está hablando! ¡ME ESTÁ HABLANDO! >> pensó, y en su interior estaba dando verdaderos saltitos de felicidad. << Chúpate esa, Caballo. Y pensabas que era imposible. ¡Nada es imposible! >> Una sonrisa mental eclipsó todo lo demás y guardó esas palabras en su interior como un tesoro. Se había ofendido porque unos chicos casi la habían atropellado. ¡Pero qué mono! Aunque después había añadido su tono chulesco que no le hacía tanta gracia, pero qué más daba. Le había hablado. Sí, no podía creérselo. En cualquier momento se despertaría y estaría en su casa con una cara de idiota increíble. No. Esto era verdad. ¡Le estaba hablando! << Mierda, me está hablando. >> cayó un segundo más tarde. Eso implicaba que ella tenía que responderle. Otro tono subió el rojo de su cara. Intentó mirarlo directamente, pero no podía llegar a sus ojos o se derretiría allí mismo. Aun así, sus ojos no se separaban demasiado de su cara para que no sospechara demasiado. Abrió la boca, reuniendo todo el valor que podía de tantas mañanas allí esperando algo así, dispuesta a responderle algo, aunque no sabía bien qué. << Pero, ¡¿qué le digo?! >> Volvió a cerrarla y bajó la mirada al suelo, convencida de qué ya había llegado a su máximo color rojo en la cara. Podía hasta oír su propio latido del corazón en las mejillas. Era tan horrible. Apenas podía si quiera respirar. Notaba un nudo en la garganta y el corazón. Incluso quiso ponerse a llorar allí mismo.

Respiró hondo tratando de tranquilizarse y casi rezando porque se fuera de su lado antes de que sus lagrimas realmente hicieran acto de presencia. En apenas tras respiraciones consiguió que se calmara un poco todo el tumulto de sensaciones. Alzó de nuevo la cabeza, esperando encontrarse un hueco vacío donde antes había estado él. Porque lo normal es que se hubiera largado pensando en la loca inestable que tenía delante, o algo así. Aunque todo había sucedido mucho más rápido de lo que ella presuponía. Lo que le habían significado minutos de angustia mezclada con un inmenso placer porque le había hablado, apenas habían sido segundos. Había estado al menos quince segundos mirándole y poniéndose roja, después otros cinco abriendo la boca y unos treinta intentando tranquilizarse. Aunque eso seguramente había influido en que tuviera una imagen de loca mayor. Lo habría asustado, en realidad habría asustado a cualquier ser vivo cuerdo que se hubiera cruzado en su camino.—Me pasa constantemente.—consiguió articular finalmente. En cuanto consiguió decirlo, sintió como el aire lograba volver a sus pulmones. Ahora, el chico podría irse y ambos se darían por satisfechos. Al menos ella se daría por satisfecha. Sí señor, sin duda alguna. Estaba orgullosa de sí misma… eso sí, si volvía a hablarle, ya no sabría qué hacer. Pero bueno, los tíos que había conocido se contentaban con una simple frase, ¿por qué él iba a ser diferente? << Porque él es diferente. ¿Lo olvidabas? Por eso te gusta, merluza. >> le contestó una vocecita en su cabeza.

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Re: Otro domingo más, ¿o no? [Elias]

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