¿Existe algo peor que una vida superficial entre belleza, playa y rumores durante todo el año? Pensarás que no. Pero en California, más concretamente, en L.A, la cosa se puede empeorar. Y mucho. Están aquellos que gozan de una vida totalmente al estilo propaganda hollister, y están esos otros que su vida es un constante viene y va de conflictos, peleas callejeras y otros problemas sociales y personales. Pero cuando esta armonía se rompe y algo interfiere en la vida del otro, aparece esto, una bonita guerra de sociedad en bandeja de buffet. Suena típico, sí, sin embargo, no sabes lo interesante que puede ser y lo atractivas que son estas historias. Y los secretos que hay detrás de cada uno de ellos, es la guinda del pastel.
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Someday I'll be big enough so you can't hit me {Kristof}

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Someday I'll be big enough so you can't hit me {Kristof}

Mensaje por Astrid V. Jefferson el Dom Ene 22, 2012 10:39 am

rolling in the deep.

There's a fire starting in my heart Reaching a fever pitch and it's bringing me out the dark Finally I can see you crystal clear Go ahead and sell me out and a I'll lay your shit bare See how I'll leave with every piece of you Don't underestimate the things that I will do There's a fire starting in my heart Reaching a fever pitch and it's bring me out the dark

Miró hacia su alrededor, y vaya por Dios, estaba rodeada por un grupo de babosos, de ésos que se creen machos alfas pero que tan siquiera llegan a macho omega, sin nada que hacer en un viernes por la tarde. Astrid mantuvo la cabeza bien alta, negando la cabeza despectivamente. Sus ojos eran un mapa claro, desprecio, suma serenidad y aburrimiento, sí, pues ya estaba aburrida a los mismos juegos que siempre salen en las típicas películas. Ella no creía en las fantasías, ella era una chica de pies y mente en el suelo, por lo que sabía que no aparecería ningún chico perfecto, el amor de su vida, para salvarla de la situación y después enamorarse eternamente. Tenía suerte si Kristof llegaba a tiempo, o si había leído el sms.
— ¿En serio? ¿Cómo podéis caer tan bajo? —golpe bajo. Sin embargo, habló más de la cuenta. La situación había estado controlada hasta ese instante. Qué oportuna era a veces. Espera, no se ha contado el cómo llegó a tal problema, ¿verdad? Bueno, pues comencemos desde el principio y ya continuaremos.

17:30 pm. Viernes.
Un día más en la Universidad y en su trabajo pizzero -sí, no habían más pizzas por repartir- ya transcurrido, un par de adiós y una pizca de sonrisas lo cerraban. Ella, feliz como nadie por el simple hecho de que una larga semana se estaba finalizando, salió casi a trompicones de la pizzería hasta llegar fuera con sus libros universitarios medio cayéndose. No, no había sido un buen día, no se había levantado con el pie derecho: el despertado le sonó como diez valiosos minutos tarde, se vistió y salió casi volando. ¿La bicicleta? En el olvido cayó. Corrió hasta llegar. Así que, ahora tendría que volver caminando hasta casa. Perfecto, y encima estaba agotada, todo en uno, aunque bueno, éso de estar a viernes alegraba un tanto la vida de la chica. Instintivamente sacó el móvil y comenzó a escribir un sms: "Kris, te necesito. ¿Podrías venirme a buscar como sea? Estoy en la pizzería. Porfi, porfi, porfi. ¡Te espero en la esquina de siempre! Te quierou mi querido Kristofín, eres el mejor ". Y el problema quedaba solucionado. Prefería esperar a caminar, sí, ese día sufría vaguitis crónica-de-veinticuatro-horas.

Se encaminó hacia el punto de encuentro -ella estaba segura de que vendría, o éso esperaba- cuando los vio; un grupo de cinco o seis mamones sin estudios ni personalidad cruzaban la calle de enfrente. Se reían y empujaban entre sí. Parecían hasta más estúpidos y todo. Astrid no era de esas personas que juzgan a otros a primera vista, no, pues ella misma había pasado por todo tipo de críticas y demases, y sabía lo que era ser el centro de atención en este tipo de situaciones. Pero aquello la superaba. Los chicos parecían de ésos que se creían los más chungeles de la ciudad, que infundían respecto. Sin embargo, tenían pinta de haber salido de los escombros. De acuerdo, ella no llegaba ni al término "tiene dinero", pero se cuidaba e intentaba ser ella misma, haciéndose digamos respetar. Se apoyó mirando su libro entretenidamente, ignorando el hecho de que los chicos, de entre dieciséis a veintitrés años más o menos, se acercaban peligrosamente hacia ella.

— Eh, mirad qué tenemos por aquí, una preciosidad intelectual. —indicó uno de todos, creyéndose que así, criticando o diciendo algo gracioso lo haría el rey del mundo. Astrid se limitó a poner los ojos en blanco.— Venga va, anímate, diviértete. Mira, vente con nosotros. —dijo otro, mientras los demás asentían de una forma misteriosamente simultánea, como perritos falderos. El líder tendría que ser. Miraba a la morena -ella siempre decía que era morena y no pelirroja- de una manera sumamente despreciable a ojos de otros, era como si se estuviera devorando allí mismo a la chica. Y así hicieron los demás. Uno hizo intento de agarrarla, pero suerte que estaba atenta y logró esquivarlo. Se iban acercando cada vez más y éso no era para nada bueno ni positivo.

Y así fue como comenzó todo el lío en el que acabó metida la pequeña Jefferson.




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Re: Someday I'll be big enough so you can't hit me {Kristof}

Mensaje por Kristof T. Jefferson el Dom Ene 22, 2012 12:21 pm

And they say she's in the Class A Team Stuck in her daydream Been this way since eighteen But lately her face seems Slowly sinking, wasting Crumbling like pastries And they scream -----------
for angels to fly.
IT'S TOO COLD OUTSIDE.

Un sonido eléctrico y limpio despertó a Kristof de su siesta. La luz del atardecer se filtraba por los cristales de su ventana, iluminando su dormitorio a partes: los muebles que no tocaban luz dejaban sombras alargadas dibujadas en la pared y el armario, trazando formas casi abstractas de objetos de líneas rectas. Kris soltó un gruñido, de fastidio. Detestaba que le despertaran, sobretodo si no había dormido la noche anterior. Pero aunque no se pudiera aplicar a este caso –que se supone que anoche durmió de maravilla- él aún no tenía suficiente. Se enredó un par de veces con las sábanas, molesto. ¿Quién coño era? ¿Quién le buscaba? Tanteó a ciegas la mesita de noche que tenía a su lado, con la esperanza de encontrar el móvil. Una vez reconocido por el tacto, lo cogió y abrió los ojos para abrir el nuevo mensaje de texto. Era de Astrid. Leyó el mensaje estirado de cabeza al cielorraso, con los ojos entrecerrados: aún no se había despertado del todo. Captado ya el mensaje, dejó caer el brazo que sujetaba el aparato sobre la cama. Se mantuvo así durante unos instantes, hasta que reunió la suficiente fuerza de voluntad para incorporarse. Pasó ambas manos por el rostro y finalmente salió del nido blanco. Cualquiera que viera la habitación de Kris -por no decir la casa- se vendría abajo junto a sus expectativas. El joven no es que fuera exactamente muy ordenado. Su dormitorio carecía de color: las paredes eran de un gris pálido, pintado por el dueño anterior de la casa, en el centro estaba la cama doble. Al otro lado, un armario negro con puertas de cristal translúcido ocupaba casi toda la pared. La única ventana se hallaba frente al armario, donde colgaban unas cotinas negras corridas. El suelo, de parqué, era lo mejor que se conservaba de todo el apartamento. Ni un solo rasguño. Ese sería el motivo por que el alquiler fuera tan caro.

Se puso los tejanos negros que llevaba esa misma mañana, se quitó la camiseta con la que estaba durmiendo y la cambió por una gris; se calzó unas deportivas negras y se dirigió al baño. Cinco minutos después de lavarse la cara con agua fría, salió de casa con las llaves del Chevy Tahoe negro que le compró su padre como regalo de cumpleaños hacía dos años ya. Seguía igual de nuevo como lo vio por vez primera. Arrancó, activando el sistema del coche. La radio se encendió al instante, dejando sonar una canción cualquiera. Kristof no tenía muchas preferencias en cuanto a música, pero sí diferenciaba la buena de la mala.

Llegó a Melrose en veinte minutos. Aparcó en una esquina, cerca de una librería y apeó del Tahoe. Guardó las llaves en el bolsillo delantero de los tejanos. El Mozza estaba en la siguiente manzana. Cruzó la calle sin mirar, ya que no abundaban muchos coches. En menos de un minuto visualizó la figura esbelta de Astrid, abrazando a su habitual montón de libros. No tardo en ver que algo no encajaba. ¿Un puñado de tíos a su alrededor? Estaban a unos metros, y el chico presenció el movimiento esquivo de su hermana. Ya sabía lo que sucedía. Su andar se aceleró y en cuestión de segundos, ya podía oler el champú de coco de Astrid. La mano de Kris tocó el hombro de la pelirroja, cogiéndola y tirándola hacia atrás, a su dirección. La apartó del círculo que formaban y se puso delante, mientras miraba uno a uno de ellos apresuradamente. -¿Qué ocurre?- inquirió, aunque conocía la respuesta. -¿Por qué no os largáis de putas ya? Cada uno con los de su clase y todo solucionado, ¿no? – la ira empezaba a bullir en el muchacho. Estaba cansado de que siempre tuviera que toparse con gente así, gente que nunca aprendía.


I'M THE ONLY ONE TO BLAME, CAN'T YOU SEE? I BEG AND PLEAD. CAUSE' WHEN YOUR EYES LIGHT UP THE SKY AT NIGHT, I KNOW YOU'RE GONNA FIND YOUR WAY BACK TO ME----
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Re: Someday I'll be big enough so you can't hit me {Kristof}

Mensaje por Astrid V. Jefferson el Lun Ene 23, 2012 8:11 am

rolling in the deep.

There's a fire starting in my heart Reaching a fever pitch and it's bringing me out the dark Finally I can see you crystal clear Go ahead and sell me out and a I'll lay your shit bare See how I'll leave with every piece of you Don't underestimate the things that I will do There's a fire starting in my heart Reaching a fever pitch and it's bring me out the dark

Lo que esperaba se cumplió, de pies a cabeza. Iban soltando frases sueltas las cuales carecían de sentido para Astrid. No lograba entenderlos, ni quería. Sí, podía reconocer sus intenciones con tan sólo ver la forma en la que la miraban... era sencillamente repugnante, como unos cerdos rebozados en barro, sin exagerar. La intentaban agarrar con una fuerza en la que normalmente no se utilizaría con las chicas, sinceramente. La intentaban tocar, sí, sí, no te quedes en lo más inocente de la vida, profundiza. ¿Y cómo se encontraba la muchacha? Abrazada fuertemente a sus libros y esquivando como si del propio Mario Bros se tratara en los momentos de esquivar a las tortugas. Tratando de aparentar serenidad, evitando la misma sensación, el mismo sentimiento, que siempre surge en ocasiones como éstas, o parecidas: miedo, soledad. ¿Exageración? No. Todo el mundo se sentiría de tal forma si pasara por todas y semejantes experiencias en las que se ha encontrado. Aunque era diferente. Eran unos chicos salidos, en busca de diversión. Sí, le hubieran hecho lo mismo a otra chica. Así la misma Astrid se compadeció, aún sabiendo que no era la verdad pura y dura.

Una valentonada iba a hacer la castaño-pelirroja cuando algo la cogió, mejor, la agarró fuertemente y segura del hombro y la echó hacia atrás, sacándola y salvándole de la situación. Los movimientos del individuo, la vestimenta y el olor lo delató: su hermano. Poco había tardado en llegar, sí, ella ya había apostado por una media hora más. La forma de actuar de Kris delató que estaba más cansado de lo habitual, cansado de las siempre mismas situaciones. Sonrió por sus adentros, sabiendo que todo o casi todo quedaba ya por finalizado. Sin embargo, algo le decía que no podía ser, que todavía quedaba algo: claro, el grupo abundaba en número -sólo en éso, estaba claro-. Espera, ¿acababa de dudar de él? ¿Acababa de creer que los criajos se harían de respetar? Obviamente, sí, pero se equivocó. Después de soltar un par de impertinencias cada uno, miraron al chico de arriba abajo. Y huyeron, como unos cobardes, como unos cachorros huyendo de los más fuertes.

Miró a Kristof intentando esbozar una sonrisa más alegre que nunca, intentando no derrumbarse otra vez por todo lo que había sucedido minutos antes. No, ella nunca se mostraba así, casi nunca lo hizo, y esa ocasión no iba a ser especial. Sin embargo, el ambiente estaba cargado y acumulado de tensión, malestar y todo lo negativo. Apretó con más fuerza aún sus libros. — Gracias, Kristobal —soltó, intentando relajarlo todo. Y así lo esperaba. Comenzó a caminar en cualquier dirección, quería alejarse lo máximo posible del lugar de los hechos, decir adiós y muy buenas, hacer borrón y cuenta nueva.




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Re: Someday I'll be big enough so you can't hit me {Kristof}

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