¿Existe algo peor que una vida superficial entre belleza, playa y rumores durante todo el año? Pensarás que no. Pero en California, más concretamente, en L.A, la cosa se puede empeorar. Y mucho. Están aquellos que gozan de una vida totalmente al estilo propaganda hollister, y están esos otros que su vida es un constante viene y va de conflictos, peleas callejeras y otros problemas sociales y personales. Pero cuando esta armonía se rompe y algo interfiere en la vida del otro, aparece esto, una bonita guerra de sociedad en bandeja de buffet. Suena típico, sí, sin embargo, no sabes lo interesante que puede ser y lo atractivas que son estas historias. Y los secretos que hay detrás de cada uno de ellos, es la guinda del pastel.
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When the sun is high I think of you | Shïva

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When the sun is high I think of you | Shïva

Mensaje por Spring K. Winters el Dom Ene 22, 2012 4:07 am



When the sun is high I think of you

OCHO DE LA MAÑANA | DÍA SOLEADO | CASA DE SHÏVA
De una roca a otra, brincando con agilidad y ligereza, arrugando los dedos de los pies para reducir la posibilidad de caerse. Con los brazos en cruz para mantener el equilibrio y el pelo revuelto, en todas direcciones. Finalmente alcanzó la más alta, esa en la que cuando subiese la marea tan solo permanecería húmeda por el salpicar del mar al romper las olas contra la escollera, y apoyó las palmas de sus pequeñas manos en el musgo sin ningún repudio para acabar tomando posición en la cumbre. Sentada desde ahí podía observar la inmensidad del mar, del mundo, y podía compararlo, sin complicarse demasiado, con la mentalidad cerrada de la mayoría de los Californianos. Obsesionados con Hollywood, con su coche nuevo, con su novia, con el vestido que se pondrán en la próxima fiesta. Obcecados en hacer el mundo a su medida, cuando son ellos los que deben amoldarse al mundo. Spring se reclinó hacia atrás y dejó que la brisa revolviese un poco más su pelo rubio ceniza y comenzó a tararear a Bob Marley, poniendo así la guinda al momento con la banda sonora idónea. Así era ella, una soñadora las veinticuatro horas del día, especialmente cuando no dormía, especialmente con vistas como aquellas. El sol se alzaba con lentitud, creando una preciosa combinación de colores en el horizonte, como una acuarela pintada por un buen artista, reflejando lo pequeño del astro rey cuando lo veías junto al Pacífico, asomándose con una paciencia desesperante.

Tenía pensado quedarse allí hasta que el viento revolviese un poco el mar con la esperanza de surfear algo, pero aquellos días de poniente eran del todo menos propicios para practicar su deporte favorito. Sin embargo, Spring no perdía la esperanza y había acudido cada mañana a la arena a pesar de saber que lo más probable fuese que permaneciese tumbada sobre su tabla bronceándose en la superficie del agua, porque no habría ni una ola que la echase abajo. Así, tarareando una de sus canciones favoritas, con una muy suave brisa marina acariciando su rostro, envolviéndola en olor a mar, quiso tener alguien con quien compartir tal momento de paz. Y sólo una persona se cruzó por su cabeza. No eran hermanas, pero la mayoría del tiempo Spring sentía que a Shïva y a ella no sólo las unía un vínculo de amistad, que debía de haber algo más. El cómo se conocieron quedaba ya tan atrás que era como si hubiesen nacido a la par, pues habían crecido juntas, sólo que la rubia era dos años mayor que ella. Aquello podría convertirla en hermana mayor pero, lo cierto, es que si alguna de los dos sacaba algún brote de madurez en alguna circunstancia muy desesperada, era la pequeña de la pareja la que le decía que no. Ambas soñaban despiertas prácticamente todo el día, pero sin duda Shïva lo llevaba todo mucho más al límite, y eso que Spring tampoco tenía freno. La echaba de menos en aquellos instantes, deseaba que estuviese a su lado e imaginar que montaban una balsa y navegaban mar adentro, alimentándose de peces, viviendo la vida sin que nada les atase a las presiones sociales de la ciudad. Se levanta de un brinco y casi pierde el equilibrio, pero lo recupera con velocidad y va poniendo sus pies descalzos estratégicamente de roca en roca, evitando el musgo, evitando los erizos de mar, hasta que sus dedos se hunden en la arena mojada de la orilla. Ni siquiera se molesta en sacar el teléfono para llamar a su amiga, para avisarle de que va a verla, pues tampoco lo lleva encima, así que se prepara para darle una sopresa. A Shïva le encantan las sorpresas.

Los granitos de arena se van pegando a su piel a medida que corre playa arriba hasta el aparcamiento. Es temprano, los establecimientos empiezan a abrir puertas, los más madrugadores ya cargar su hamaca y sombrilla a cuestas para pillar el mejor punto de la costa, pero Spring se dirige en la dirección o puesta, en dirección a su beetle descapotable color amarillo limón, ese en cuyo asiento trasero duerme una tabla aburrida de que no la saquen a pasear. La castaña se dedica a arrastrar los pies en el último tramo, confiando en que la arena se desprenda de su cuerpo, y saltando por encima del vehículo sin molestarse en abrir la puerta se sienta frente al volante. Cinturón, llave en la clavija, y el motor rugiendo con destino Oackwood.

Llega sin mucha demora, las calles están bastante vacías los domingos por la mañana, y alcanza la puerta principal de su apartamento en un periquete. Se asoma por la ventana y, como era de esperar, no hay ni un atisbo de vida en esa casa, por lo que sus sospechas se confirman: está dormida cual tronco. Levanta el felpudo y encuentra la llave de repuesto, esa que Spring no hace más que repetirle que no esconda en un sitio tan obvio. En su casa también suelen tener una en el macetero de la entrada, por si a alguien se le olvida o - como en el caso de Spring - es demasiado vaga para buscarla en su mochila. Pero claro, ella no vive en Oackland, donde la delincuencia está a la orden del día en cada esquina. Cierra la puerta con cuidado para no hacer ruido, dejando la llave sobre la mesa del comedor para poder recordarle más tarde a Shïva que cambie su escondite, y se desliza por el pasillo aún descalza hasta dar con la puerta que precede a la habitación de su amiga. Spring sonríe de oreja a oreja y le entran ganas de reír. Shïa está dormida plácidamente, un haz de luz que se cuela por debajo de la persiana le golpea directamente en la cara pero no parece impedir que siga con los ojos cerrados, cual bebé, con las sábanas enroscando su cuerpo como si se hubiese movido mucho durante el transcurso de la noche. Spring se acerca un poco más, de puntillas, imaginando que está en la cuerda floja bajo la carpa de un circo americano, y empieza a recorrer la habitación con los brazos en cruz, cual acróbata, silbando la melodía de Rocky. Nada, la fiera sigue durmiendo profundamente. - Segundo asalto - susurra Spring, divertida, y se acerca a los pies de la cama. Sube con cuidado, hundiendo el colchón ligeramente pero no lo suficiente como para que la respiración de la rubia se interrumpa. Empieza a gatear sobre la cama, acercándose a la cabecera, y ahí sí que Shïva cambia de posición, pues nota el movimiento. Una amplia sonrisa sigue atravesando el rostro de la infiltrada cuando se deja caer sobre ella cual manta y le empieza a soplar al oído, ahora sí que se ha despertado y le da manotazos, refunfuñando, y Spring comienza a corretear hasta llegar a sus pies y empieza a deslizar sus dedos por la planta, causándole inevitables cosquillas - ¡Es hora de levantarse lironcete! - exclama con tono divertido, como quien habla a una nena pequeña, invitándola a salir de la cama para disfrutar de uno de esos domingos en los que Shïva tanto disfruta durmiendo.



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Re: When the sun is high I think of you | Shïva

Mensaje por Shïva T. Ronnanbersch el Dom Ene 22, 2012 5:17 am







When the sun is high I think of you.





Qué gran gusto el que se estaba pegando aquella mañana. Quería dormir hasta tarde, la noche anterior se había ido relativamente cerca de medianoche a la cama. Prácticamente a las doce, cuando normalmente a las nueve y media estaba metida entre las sábanas ya para disfrutar de la almohada, que le contaba maravillosas histórias que nadie más sabía aparte de ella. Y cada noche era un cuento nuevo que nunca, o casi nunca se repetía. Miles de historias eran las que sabía la profesional del sueño, aquella que siempre la inducía, la llamaba hacia la cama. Aquella que no dejaba que las pesadillas hicieran su entrada en su cerebro. El subconsciente sin embargo estaba muy despierto por la noche, cuando todo un mundo de cosas paralelas tenían acceso a su mente, cómo en un buffet libre dónde cada uno escogía el camino por el que tirar. Realmente a Shïva no le daba miedo irse a dormir, pero había visto de gente que se atemorizaba cuando llegaba la noche, cómo si le esperase el coco debajo de la cama o algo parecido. Eh, que ella creía en el coco de pequeña. Era ese monstruo feo y grande con garras y un saco que se llevaba a los niños lejos de sus casas, y que a menudo transformaban en un objeto de las pesadillas para los pobres críos que no tenían la culpa de lo que les dijesen. Todavía se acordaba de un día en el que le contaron la historia de aquel muñeco viviente, Chucky. La pobre no durmió durante un mes entero pensando que su barbie cobraría vida por la noche e iría con un cuchillo a matarla. Eran muchos los traumas que podían llegar a sufrir los niños de pequeños. Incluso ella los había pasado.

En cambio, aquella mañana estaba soñando plácidamente que se encontraba en un enorme prado de flores rosas, rodeada de unicornios y ponis de color azul. Todos azules. Rosa y azul, quedaba tan rematadamente bonito que si alguien la despertaba en aquel momento posiblemente le hubiese cogido un berriche horrible. Pero no, seguía soñando que los ponis la llevaban por lugares increíbles, inexplorados, nuevos. Por sitios que no existían en la vida real, al menos no a los ojos de los humanos. Pero ella... Ella era un poni, también. Tenía patas de poni, color de poni, cabello de poni. Toda ella se había transformado en algo de sus sueños. Y por eso podía ver todos aquellos maravillosos mundos. Ojalá pudiese tener un cuadro allí para pintarlo. Por que estaba casi segura de que no se volvería a repetir, en momentos cómo aquel ansiaba poder dibujar con la mente. Sería algo increíble, ¿no? La muchacha se revolvía de tanto en tanto en la cama, tanto que ni siquiera se dio cuenta de que mientras estaba teniendo su plácido sueño alguien entró en la habitación. Ni tampoco del sol que le daba en el rostro directamente. Para ella aquello, traducido a sus sueños, se dibujaba cómo un enorme arcoíris de todos los colores imaginables, por dónde podía pasear alegremente, saltar, botar. Si se caía las nubes la recogían y la devolvían a aquel pasadizo de colores brillantes cómo el sol. El sol que entraba por la ventana, el que no había podido parar incluso la persiana. Menudo asco de persiana, ¿no? Tampoco logró despertarla el hecho de que alguien se subiese a su cama, hasta que no notó que le soplaban en la oreja. Todo su sueño de los ponis a tomar por culo.

Frunció el ceño soltando un enorme quejido mientras se revolvía y alzaba las manos para apartar al malvado villano con voz de mujer que la había sacado a rastras de su maravilloso sueño.— ¡Los ponis, que se escapan los ponis!— dijo, medio dormida todavía. Sin embargo, cuando estaba ya algo despierta sus nervios también lo estaban, así que notó claramente que alguien le hacía cosquillas en los pies. Se revolvió de un lado para otro mientras se carcajeaba de mala manera. Menuda forma de despertarse, apartó las sábanas a patadas con las piernas mientras se desternillaba de reír, revolviéndose de un lado a otro para liberarse de aquella prisión cosquillera que la había atrapado.— ¡Para, paraaaaa!— empezó a decir, partiéndose la caja mientras manoteaba al aire tratando de encontrar la forma de salir de la cama. Y salió, y tanto que salió. De cabeza además. Dio un doble giro mortal en la cama antes de hacer un tirabuzón y caer desde la cama, que por suerte era baja, al suelo, mientras se partía de risa. Rodó de un lado para otro incluso cuando ya no le estaba haciendo cosquillas, y rodó y rodó hasta terminar metiéndose debajo de la cama, dónde tenía guardados un montón de cojines por que a veces le daba por montarse cabañas enanas ahí debajo. Y seguía riendo, y seguía. Se levantó desorientada, o lo intentó. ¡Pum! El cabezazo contra la madera que sostenía la cama fue monumental, rebotó y volvió al suelo. Seguro que le había quedado una marca en la frente.— Spring...— dijo, en voz vaja. Luego salió una carcajada de sus labios antes de reanudar aquel ataque de risa permanente que le había dado. Técnicamente, debería haberse echado a llorar, pero era todo lo contrario. Le caían las lágrimas de tanto reír, y se había puesto roja y todo.— Uy. Qué oscuro está esto, ¿no?— preguntó, y dale, venga, otra vez con la risa tonta. Por que eso era risa tonta, en toda regla además.




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