¿Existe algo peor que una vida superficial entre belleza, playa y rumores durante todo el año? Pensarás que no. Pero en California, más concretamente, en L.A, la cosa se puede empeorar. Y mucho. Están aquellos que gozan de una vida totalmente al estilo propaganda hollister, y están esos otros que su vida es un constante viene y va de conflictos, peleas callejeras y otros problemas sociales y personales. Pero cuando esta armonía se rompe y algo interfiere en la vida del otro, aparece esto, una bonita guerra de sociedad en bandeja de buffet. Suena típico, sí, sin embargo, no sabes lo interesante que puede ser y lo atractivas que son estas historias. Y los secretos que hay detrás de cada uno de ellos, es la guinda del pastel.
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▬ Vengo a hacer la colada. Raro, pero cierto. {Shïva}

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▬ Vengo a hacer la colada. Raro, pero cierto. {Shïva}

Mensaje por Nixie S. Jägger el Jue Ene 19, 2012 4:19 am

12:30 | Un día ciualquiera entre semana | Casa de Shïva.

Un golpe. Dos. Tres. Y nada. Aquello no funcionaba. Respiró hondo, y aguantó las ganas de darle una patada giratoria a lo Chuck Norris a aquella maldita lavadora industrial. ¿Es que acaso se habían puesto de acuerdo todas las lavadoras del país para hacerle boicot? ¡Joder! Necesitaba lavar su ropa. Apenas tenía mucha, pero aun así tenía que cambiársela cada día. No iba a ir oliendo como una puerca por la calle. Además, no creía que a los clientes les gustase mucho el olor a mujer sudorosa. Solo de pensarlo le daban arcadas. Puso morros, apretándolos, y al final desistió. Su cabeza comenzó a funcionar, en busca de una solución para eso. Tara. Fue el primer nombre que se le vino a la cabeza. Su mejor amiga y confidente, seguro que podría ayudarla con ese tema. La rubia mataba por ella, así que un poco de ropa sucia en su lavadora no le haría daño. ¿No? Tampoco era la primera vez que hacía tal cosa. Así que cogió su bolsa de tela donde guardaba su ropa sucia, y salió de la lavandería que había cerca de donde ahora vivía. Con la bolsa, color kaki, colgada al hombro, sus botas negras, su chupa, y su atuendo oscuro de siempre – camiseta de algún grupo de rock o heavy cortada por ella misma y unos tejanos rasgados y desgastados - , se encaminó a casa de su amiga. Sin ninguna sonrisa pintada en el rostro. No estaba de humor para sonrisitas, a pesar de que sabía que iba a ver a su mejor amiga. Su hermana en realidad. Porque ambas actuaban de esa forma. Naturales como la vida misma. Aunque a veces se pasaban un poco y acababan pareciendo una pareja de lesbianas felices. Ella era su razón por la que aun seguía viva en verdad. Sin ella estaba completamente perdida. Eso lo sabía de buena mano.

Allí estaba. Parada frente la puerta de la casa de su amiga. Con la bolsa de ropa sucia en su espalda – había tenido que cambiar de posición porque se cansaba de la otra -. Sus ojos del color del océano, y fríos como el hielo, miraron fijamente la puerta unos segundos, antes de subir los pequeños escalones que llevaban a la puerta principal. Con los nudillos llamó a la puerta, y esperó. Fueron los diez minutos más largos de esa semana. Ella no contestaba, y Nixie se cabreó. No porque no estuviese para hacerle aquél favor, sino porque no le tocaba trabajar, y era extraño que no estuviese. Además, se había metido un pateo considerable hasta llegar allí. Y encima cargada con la ropa sucia. Le dio una torta a la puerta – sí, sí, una ostia a un trozo de madera – y después de soltarle cuatro insultos al aire, bajó los escalones, ofuscada. Malhumorada. Pues ya está. Se había quedado sin ropa limpia. - ¡A la puta mierda! – bramó girándose para encararse a la casa de su amiga. Aunque esta ya estaba muy lejana, y solo se dio cuenta cuando se giró. Encima haciendo la gilipollas por la calle. Realmente patética. Eso era. PATETICA. Menos mal que su mente muchas veces trabajaba rápida, porque de otras, los efectos de las drogas le pasaban malas jugadas, y como era de esperar, no pensaba con claridad. ¿Shïva? Bueno, era su otro apoyo. No era la misma relación que mantenía con Tara, pero podía confiar en aquella rubia bohemia. Pero antes de nada, se aseguraría de que ella estuviese en casa, antes de patearse media ciudad para ir hasta allí en vano.

Después de unos cuantos mensajes de texto, consiguió quedar con ella. No le hizo falta mucho esfuerzo para convencerla. Ni siquiera creía que hubiese tenido que convencerla de nada. El caso es que podía estar tranquila porque ya tenía lavadora en donde echar toda esa porquería de ropa. Que muy sucia no se encontraba, pero para ella sí. Tal y como le había dicho la artista, la llave se encontraba debajo del felpudo. No pudo evitar mirar aquella llave tan original. Realmente le sorprendía siempre aquella chica. Negó con la cabeza, y ni corta ni perezosa, entró al piso de su amiga. Todo parecía estar en silencio. Se limpió las botas en la alfombrilla, y cerró la puerta tras ella. - ¿Shïva? – preguntó en forma de saludo. ¿Estaría allí? Dejó la llave encima del mueble del recibidor, pues aunque ella dejase las llaves dentro del buzón, preferiría dejar esa llave allí. No quería que nadie entrase estando ella en el piso de la rubia. Si es que se encontraba allí. - ¿Hola? – volvió a preguntar. Entró al salón, pero no dejó la bolsa en el suelo. Se quedó allí, esperando respuesta por parte de la pintora. No dudó en echar un vistazo rápido al piso. Había pisado aquél lugar dos o tres veces. Y de pasada. Bueno, en realidad no creía que hubiesen sido tantas.

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Re: ▬ Vengo a hacer la colada. Raro, pero cierto. {Shïva}

Mensaje por Shïva T. Ronnanbersch el Jue Ene 19, 2012 6:24 am







Vengo a hacer la colada. Raro, pero cierto.





Todavía seguía atónita por la extraña conversación que acababa de tener con Nixie. Le había hecho ilusión recibir mensajes suyos, aunque a menudo se preguntaba de dónde había sacado su número. Si normalmente era muy reservada con ella, le extrañaba un tanto que se pusiese a enviarle mensajes. Pero lo más raro de todo, si cabía decir, era que le pidiese usar su lavadora para lavar la ropa. ¿Qué demonios...? La verdad es que le había dicho que sí por verla, por que no iba muy suelta de bolsa que se pudiese decir. Tendría que ajustarse el cinturón aquel mes, se había dejado mucho dinero pagando el alquiler, pero además los lienzos y todo el material también costaba lo suyo. La venta de cuadros había bajado, y, por lo tanto, su sueldo también. Si no tenía ni para llevarse a la boca casi. Llevaba tres días alimentándose a base de cafés. Tenía la pila de lavar los platos llena de tazas de café, pero los platos y los cubiertos seguían en su sitio. Le daba el subidón de adrenalina cuando se tomaba uno de aquellos deliciosos cafés, pero luego terminaba tirada en el sofá cómo un drogadicto que no tiene lo que necesita, lo que más le hace falta. Por que después de la primera subida venía el bajón, y a ella le pillaba fuerte, bastante fuerte. Era así, la chica. O estaba muy animada o muy de bajón. Por eso se le notaba a la legua. Pero aquel no era el caso, tenía imaginación de sobra para lo que necesitaba, así que se metió en su habitación esperando a que Nixie llegara y mientras, empezó a mezclar colores para crear de nuevos. Quizás pasó un cuarto de hora con lo mismo, hasta dar la primera pincelada sobre aquel cuadro a medio terminar. Le gustaba, representaba una pradera, una pradera ardiendo en llamas naranjas que se lo comían todo. El humo llenaba el aire entre los árboles, era una sensación asfixiante. Y, allí, en medio de todo el fuego, una sola rosa espinada se mantenía erguida a pesar de saber que le quedaba poca vida. Para ella significaba la determinación, la fuerza. Para otros, quién sabía.

Últimamente se decantaba más por pintar la perseverancia entre tanto terror, en el caos. Le gustaba mantener la esperanza cuando casi se había apagado la llama. El límite, lo llevaba al límite. Pero claro, no todos podían apreciar aquello. Algunos tan sólo creían que estaba deprimida, pero en realidad era todo lo contrario. Ella tenía muchas ganas de vivir, muchísimas. Quería hacer grandes cosas, todas apuntadas en su lista de propósitos de forma pulcra, algunos ya los había tachado por cumplidos, aunque estaban a la mitad, ciertamente pretendía cumplirlos todos aquel año. Sí, ese era su mayor propósito, el que encabezaba la lista en realidad. Esa lista estaba tan bien escondida que ni el mayor detective del mundo lograría encontrarla. Querido Sherlock, ni a él le sería sencillo. Estaba en el sitio más inimaginable que alguien se pudiese imaginar, y por eso mismo era tan difícil de encontrar. Al fin y al cabo, Shïva también tenía sus secretos por proteger, no podía dejarlos así cómo así para que cualquiera los leyese y se enterase de lo que le pasaba por esa cabecita loca suya. En aquello mismo estaba pensando Shï cuando escuchó una voz que provenía del recibidor. Al principio le pareció que se lo había imaginado, pero pronto reconoció a Nixie y dejó el pincel encima de la paleta, entusiasmada. Abrió la puerta de golpe, creando una pequeña ráfaga de viento, y la observó un momento desde dónde estaba. ¡Cómo siempre, traía esas mismas pintas! Esas que fascinaban a la rubia. Corrió hacia ella cómo si fuese a embestirla, y cuando estuvo lo suficientemente cerca, saltó y se agarró a ella cómo un mono que trepa a un árbol.— ¡Nixieeeeeeeeeee!— gritó, toda emocionada ella.

Llevaba varios días sin saber de la chica, ya tenía ganas de verla. Frotó su mejilla contra su hombro cómo lo haría un gato feliz de ver a su mejor amigo, y se quedó colgando de ella cómo lo estaba. La miró con el entusiasmo pintado en los ojos y una enorme sonrisa que parecía desbordarse de su cara. Debía llevar unos pelos horribles, iba medio vestida medio en pijama por que le daba palo vestirse del todo, le molestaba la ropa, pero tampoco era plan de ir desnuda por la casa teniendo en cuenta que varias personas tenían acceso público a aquel que era su santuario.— ¡Qué inesperada visita la tuya!— dijo, a pesar de que ya lo tenían planeado de antes. Le había hecho ilusión de todas formas, aunque sólo viniese a lavar la ropa.— Me alegro de verte.— añadió, antes de darle un sonoro beso de pulpo en la mejilla y bajarse de encima de ella para volver a poner los pies en tierra. Le señaló el salón con aspavientos.— Pasa, pasa. Ponte cómoda, por que tiene para rato.— dijo, y se la quedó mirando cómo una niña que observa a ese magnífico vendedor que le va a dar una piruleta del tamaño de una bola de baloncesto en escasos segundos. Sí, era pesadita la chica, pero qué se le iba a hacer. Para ella, Nixie era cómo una hermana, una que no fuera tan repelente cómo la que ya tenía. Aunque había que decir que también se hacía querer a su manera que y mataría por ella si fuese necesario. Pero Nixie era cómo una segunda hermana. Aunque no se pareciesen ni en pintura, a decir verdad. Bueno, quizás si le daba algunos retoques... Se pareciesen, en pintura. Pero en la realidad para nada.



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Re: ▬ Vengo a hacer la colada. Raro, pero cierto. {Shïva}

Mensaje por Nixie S. Jägger el Jue Ene 19, 2012 8:31 am

+

Estaba a punto de coger el móvil para darle una toque a la rubia, cuando de pronto la puerta de una de las habitaciones, se abrió, soplando una ligera brisa. No le dio tiempo a reaccionar, y le sorprendió en cuanto ella se agarró a su cuello como un chimpancé. Como si fuese ella un árbol al que agarrarse. En cierto modo si lo parecía, de lo tiesa que se quedó al instante en que Shïva se tiró encima de ella. Ella la había llamado por su nombre real. Hacía días que nadie la llamaba así, por el simple hecho de que en el trabajo nadie sabia su nombre. Dos o tres personas solo, pero nadie más. La rubia era un caso especial. Había conseguido sonsacarle como se llamaba de verdad una vez, y ahora se arrepentía, puesto que aquél chillido de entusiasmo la dejó sin oídos. – Así me llaman. – comentó secamente. La bolsa calló al suelo, y si no hubiese sido por la hebilla, esta no hubiese sonado para nada, ya que solo llevaba ropa sucia. No le importó mucho que la bolsa cayese al suelo. Pero si le importaba que Shïva se diese esas confianzas, aunque se conociesen desde hacia tiempo. Claro que aquella actitud de la rubia, no era ninguna novedad. Pero seguía sorprendiéndola. La artista ya debería saber que a la morena no le gustaba el contacto físico con las personas. Y menos con tanto entusiasmo. Eso sí, la rubia le estaba haciendo un favor, y como mínimo, debía ser cordial con ella, por lo que hizo la vista gorda y no fue brusca. Notó la caricia en su hombro, y entonces sí la apartó de encima suyo como pudo. Pero manteniendo la compostura. Ella fue rápida y aquél beso no pudo evitarlo. El cual sonó como una ventosa. Hizo una mueca algo tensa, y miró hacia otro lado. Mientras, asentía a cada cosa que Shïva comentaba o decía.

- Sí… yo…- se rascó la nuca algo incomoda, mientras se agachaba un poco para coger el asa, de cuero y color marrón, de la bolsa. – siento si te molesto o algo, pero necesitaba lavar esto. – explicó moviendo la bolsa un poco y de paso removiendo la ropa sucia que había dentro. – Creo que alguien allí arriba me odia. Y mucho. Aunque le pueden dar por culo. – Sentenció de mala manera. Se humedeció con rapidez los labios, y maldijo nuevamente por dentro. Cagándose en el tipo de arriba con barba. Por cagarse en alguien, pues ella no creía en dios. Aunque de pequeña si lo hiciera. Sus padres siempre fueron fieles a la religió católica, y eran practicantes. Ella lo fue en su momento, cuando las cosas iban bien. Pero después de lo ocurrido, todo se fue a la mierda, y entonces comprendió que nadie la ayudaba desde arriba. Que todo eran patrañas que la Iglesia se había inventado para sacar provecho de las situaciones, y así, embolsarse dinero y hacerse con el poder. Asco y vergüenza era lo que les tendría que dar a esos asquerosos del Vaticano. Se mordisqueó el labio superior, mientras se acercaba y caminaba hasta el sofá, para dejar sobre el respaldo, su chaqueta de cuero. Fuera en la calle, y a pesar de ser una hora relativamente temprana para ese tipo de ruidos, se oyó la alarma de un coche, y después unos ruidos fuertes. Como de pelea. Nixie suspiró y miró a la rubia. – Este barrio no es seguro. – soltó de pronto. Era su forma de proteger a la chica. De decirle que aquél barrio no estaba hecho para alguien tan alegre e inocente como ella. Claro que nunca se lo diría así, y de buenas formas. No le salía ser agradable.

-Entonces… ¿Puedo poner esto en la lavadora? – preguntó. Apremiando a la chica para que la llevase hacia el lugar donde la lavadora debería estar, y así poner al ropa sucia de una vez por todas. Tenía razón. La lavadora solía tardar una hora y media o más. Depende del programa que pusieses. Nixie no es que supiese mucho de poner lavadoras, aunque gracias a su mejor amiga, parecía entenderse mejor. Carraspeó un poco, por la incomodidad que le producían aquellas miradas dulces de la artista sobre ella. No le gustaba que nadie la mirase, a no ser que fuese como excepción en el trabajo. Pues en aquél lugar, si nadie la miraba, era señal de que no estaba haciendo bien su trabajo, y que por ende, el jefe se pillaría una de las grandes. Se jugaba su empleo si eso pasaba. Y tal y como estaban las cosas, como que no tenía ganas de perder un trabajo que le daba un buen sueldo. Para la morena, el poder pagarse el alquiler y comer, ya era un buen salario.
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Re: ▬ Vengo a hacer la colada. Raro, pero cierto. {Shïva}

Mensaje por Shïva T. Ronnanbersch el Vie Ene 20, 2012 7:53 am







Vengo a hacer la colada. Raro, pero cierto.





Nunca se cansaba de ver a la morena, ya que en realidad se entusiasmaba de mala manera cada vez que le hacía una llamada, una visita... Y eso que no había estado casi nunca en su casa. De todas formas a veces se volvía un poco demasiado entusiasta. Notó que Nixie estaba tiesa cómo un palo de escoba, así que pronto se acordó de que no le gustaba demasiado que se acercasen tanto a ella y que la abrazaran y esas cosas. En general, el contacto físico. En cuanto se acordó se bajó, pues no quería incomodarla tampoco. Al revés, estaba la mar de ilusionada de tener a una de sus ídolas en casa, se rascó la barbilla lentamente mientras la observaba, y después chasqueó la lengua negando con la cabeza.— Tranquila, que no molestas para nada.— dijo, sonriendo de lado y haciendo un gesto con la mano para quitarle importancia al asunto. Por que, lo que más le hacía en realidad, era el hecho de no tener que pasarse otro día más sola en casa, cómo lo estaba la mayoría del tiempo. Por mucha alegría que metiera en aquel sitio, siempre se terminaba escabullendo por algún lugar, ya fuese por la ventana, por la puerta o por el lavaplatos, que por cierto se había estropeado dos días atrás y ahora chorreaba agua cada dos por tres sobre el suelo de la cocina. Tendría que llamar al fontanero para que le arreglara aquello. La casa se le venía encima sin arreglo, cualquier día se le doblarían las paredes en dos cómo hojas de papel. Le dieron ganas de reírse cuando dijo aquello. Siempre hablaba de aquella forma un tanto ruda, a no decir bastante bruta.— Bueno, pues mientras no le hagas caso no pasa nada. Normalmente cuando ignoras a alguien mucho tiempo se cansa.— se encogió de hombros ligeramente.

Le hizo un gesto para que la siguiera mientras componía una mueca en el rostro. Ya sabía de sobras que el barrio no era el mejor del mundo ni de lejos, pero era el único al que le llegaba el sueldo. Se movió, entró en la cocina y se dirigió hacia el fondo, dónde había una puerta que daba a la despensa, dónde en realidad tenía la lavadora y la secadora, más que otras cosas que quizás pudiesen haber allí dentro.— Cuidado con el charco de agua que hay en el suelo.— señaló, rodeándolo ella ya inconscientemente. Estaba acostumbrada, de tanto repetir aquel simple movimiento de esquivar. Tampoco era plan ahora de que se resbalara y se abriese la cabeza con el suelo o con una de las sillas que estaban por ahí repartidas de forma desigual. Los colores amarillos chillones de las paredes de la cocina empezaban a desgastarse poco a poco, y una puerta de un armario se estaba a punto de caer al suelo. Estaba claro que su piso no estaba en su época de oro.— Ah, cuidado con esa puerta también. Igual se te cae en la cabeza y te abre una brecha. Y no tengo coche para ir al hospital.— dijo, cómo quién habla del tiempo, toda entusiasmada. Ella nunca o casi nunca se deprimía por aquel tipo de cosas, a no ser que ya empezaran a ser graves. Incluso se había acostumbrado a ver el desfile cada noche de hormigas paseándose de un lado al otro del baño, en busca de comida. Había llegado a dejarles algunas migajas de pan para que las cogieran, de la pena que le daban ahí paseándose moribundas arriba y abajo.— Bueno, no es el mejor sitio del mundo... Pero sé defenderme. Créeme, nadie pisará esta casa a menos que le haya dado permiso.— le sonrió ampliamente, y disimuladamente abrió un cajón para que viese lo que había dentro. Un amplio repertorio de cuchillos de cortar jamón, uno de carnicero, y machetes ya no tenía por que no había encontrado. Pero era su forma de defenderse si alguien trataba de entrar a su casa. No iba a arriesgarse.

Abrió la puerta y entró alargando la mano hacia la bolsa.— Dame, que te la echo dentro de la lavadora. ¡En un periquete está esto!— dijo, toda entusiasmada ella. Así, con su habitual efusividad. Miró a Nixie casi deslumbrante, y eso que la iluminación de la estancia no era precisamente la mejor del mundo. Parecía irradiar luz por si misma a veces, eso hacía que la gente se sorprendiera, a menudo. Toda ella desprendía vitalidad cuando tenía cerca a alguien que le caía bien o aquién le tenía aprecio de verdad. a Nixie se lo tenía, por ejemplo.— Nixieeeeee.— dijo su nombre, sin razón alguna en realidad. Tan sólo que le gustaba ver su cara cuando lo decía. Parecía amargarse, y eso a Shïva le hacía gracia. Por que ella era... Especial.— ¿Tienes hambre?¿Quieres comer? No quiero que te mueras de hambre eh. Si tienes que ir al baño está al fondo a la derecha. Ah, la tele está en el comedor. La mesa está algo rota, no apoyes los pies o se romperá del todo. Y el sillón anda tuerto por que le falta una pata.— y eso lo contaba la mar de contenta. Esa era su casa, sin más. Estaba hecha un asco, y era decir poco, pero no dejaría que nadie la moviera del sitio en el que vivía. Se agarraría con dientes y uñas antes de permitir algo semejante. Lo único que necesitaba quel hogareño lugar era... Un pequeño retoque. Nada más.— Así que tú ponte cómoda. Si quieres salir a la terraza a gritarles a los vecinos no tengo problema. Pero a la de abajo no, que me cae bien. El estúpido de al lado es todo tuyo.— ¡olé! El día estaba saliendo redondo.



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Re: ▬ Vengo a hacer la colada. Raro, pero cierto. {Shïva}

Mensaje por Nixie S. Jägger el Mar Ene 24, 2012 9:25 am

+

- O no. – comentó como respuesta. Aunque quizá la rubia tenía razón. Claro que ella cuanto menos caso hacía a sus clientes, esos que se ponían hechos una fiera cada vez que ella no quería darles lo que querían, más palizas se llevaba. A no ser que dejase atrás las amenazas de su jefe, y entonces sacase la fiera que llevaba dentro. Ahí si no se dejaba pegar por nadie. Además de que aquello era delito. Claro que su jefe era un capullo integral. Un gilipollas que le importaba más el dinero que sus trabajadores. Algún día le daría por culo. Y mucho. – Aunque ahora creo que haré lo que dices. Y pasaré del tema. – comentó dedicándole una pequeña sonrisa. Aunque forzada. Como la mayoría de sonrisas.

Ante el gesto de que la siguiese, hizo lo propio. Prefería que Shïva fuese delante, aunque ella misma pudiera arreglárselas sola encontrando la lavadora. Era la casa de la rubia, no la suya. Así que lo mejor era que ella se encargase de guiarla hasta el lugar en donde se encontrase la dichosa lavadora. Le avisó de que debía mirar por donde pisaba, ya que al parecer había agua por el suelo. Miró y entonces vio el pequeño charco de agua donde ahora ella señalaba con el dedo para indicarle. Parecía que era a causa de una fuga de algún aparato que ella tuviese por ahí. O una tubería. La verdad es que no le importaba mucho. Solo le importaba no mojarse sus preciadas botas. Pasó por encima y para no pisar el agua y empaparse toda. Ella también tuvo charcos de agua en aquella casa en donde antes vivía. Aunque más que casa debería llamarla chabola. Le recordó a la suya y entonces, solo en ese momento, se compadeció de la pobre artista. Pero fue algo fugaz, pues volvió a ser la Nixie de siempre. Portadora de esa mirada gélida y dura que la caracterizaba. - ¿Qué? – parpadeó un par de veces al casi darse con la puerta de uno de los armarios, la cual estaba a punto de empotrarse con el suelo de la cocina. – Esto me recuerda a mi ex casa… - comentó, más para nadie que para alguien en si. No le iba a decir que debía llamar a alguien para que le arreglase todo aquello. Pues seguramente la rubia ya se lo había hasta planteado. Así que simplemente la siguió, con aquellos morros apretados, adornados con un aro plateado en su labio inferior. ¡Dios! Allí tenía un arsenal de cuchillos. No, si al parecer Shïva no era tan buena chica como parecía aparentar. O no tan inocente como muchos se creían. – Joder, tía. Así no hay quien se meta contigo. – le dedicó una pequeña sonrisa, mientras se rascaba la nuca.

Por fin llegaron a donde la lavadora estaba. La rubia abrió la puerta de la galería, y alargó la mano. Nixie le dio la bolsa tal y como la rubia le había pedido, y esperó con paciencia. Y fue entonces, cuando al acabar de hacer esa pequeña tarea de coger la ropa y tirarla dentro del biombo, se giró y le dijo por su nombre de una forma entusiasta. Algo que descoló a la morena por completo. Le hizo arrugar el ceño y parpadear. - ¿Qué? – le preguntó sin saber muy bien que decir. A lo mejor es que quería algo de ella. Aunque luego vio que no. Que simplemente lo había dicho por decir. – Deberías controlar esa alegría tuya, Shïva. – le dijo jugueteando con el pircing de su labios, mientras reculaba hacia atrás, para que ella saliese de la galería y no chocaran ambas. – Para, para. – le comentó cogiéndola de los hombros. Sus ojos celestes se encontraron con los de la rubia, y comprendió que había sido demasiado impulsiva a la hora de tocarla. Así que apartó las manos de los hombros de la joven y carraspeó. – Estoy bien. Creo que me apetece fumarme un cigarrillo. – le comentó. Estaba algo nerviosa, y eso le calmaría por unos minutos. Así que palpó los bolsillos de su jean negro, en busca del paquete medio vacío de cigarrillos. Cogió uno, y se lo puso en los labios, ignorando la mirada de Shïva. A lo mejor hasta le daba por quitárselo poniéndose en plan niña pesada.

- ¿Quieres? – le preguntó alzando una ceja, y sonriéndole burlona. Le tendió el paquete, mientras una de las boquillas, sobresalía más que las otras por el pequeño agujero que había hecho para poder sacar los cigarrillos de este, sin que todos se cayesen. – Por cierto. ¿Estabas pintando? – le preguntó.
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Re: ▬ Vengo a hacer la colada. Raro, pero cierto. {Shïva}

Mensaje por Shïva T. Ronnanbersch el Miér Ene 25, 2012 10:19 am







Vengo a hacer la colada. Raro, pero cierto.





No le extrañaría para nada encontrarse cualquier día a una banda de ocupas o a un montón de ladrones y acosadores metidos en su casa. La cosa estaba en que ya todo el mundo sabía dónde estaba su llave para casa, y realmente por mucho que la retirase, se podían haber hecho copias o cualquier otra cosa. Sí, estaba paranoica, pero mejor eso que no luego encontrarse una sorpresa al entrar. Se podía imaginar a un montón de tíos y tías con rastras, cara de fumados, con navajas y escopetas del copón encima, tirados en el sofá comiéndose lo que tenía en la nevera y dándole al ñiqui ñiqui en el sofá. Y no estaba dispuesta a algo así, por lo que sí, aquella colección de cuchillos que tenía en el cajón le iban de maravilla por si alguna vez los necesitaba. No iba a decir que no vivía de forma humilde, por que aquello era de lo más humilde que había por aquellos lares. Su casa era, posiblemente, la que estuviese peor del bloque, al menos de su planta sí. Muchos se habían dejado la puerta abierta alguna vez y por simple curiosidad la rubia había echado una miradita dentro, rápida, silenciosa. Todo bien ordenado, todo en su sitio, la casa limpia. Bueno, a primera vista, que luego a saber con qué te encontrabas por ahí. El vecino de al lado mismo, aquel imbécil con patas que tantas veces la había perseguido hasta decir basta, que se había presentado ¡dentro de su habitación!. Maldito enfermo.— La verdad, si yo tengo cuchillos me da que ellos tienen un arsenal completo de metralletas guardadas en alguna parte. Y no de las que lanzan comfeti precisamente.— torció el gesto ligeramente mientras se encogía de hombros. No era ninguna novedad ni tenía nada que ocultar, las cosas eran cómo eran, tenía cierto riesgo vivir en aquella zona, aunque claro, se ahorraba su dinero al mes pagando un alquiler que no pasaba de los cien euros al mes. Pero, ¿a ese precio tenía que vivir? Esa era la pega de la historia, la morajela. Le daba para comida, pero quizás un día se quedase a dos velas al darse cuenta de que no tenía nada en casa por que se lo habían mangado. O peor, yendo por la calle, podían pasar muchas cosas.

Metió la ropa en la lavadora y le dio al botón para empezar el lavado, nada más allá. No sabía si necesitaba un lavado especial, pero al no decirle nada tampoco no esperaba que fuese así. Sino... Bueno, al sacarla ya se vería, ¿no? Si se había desteñido o algo parecido siempre podía optar por dejarle algo suyo, aunque estaba segura de que sería algo gracioso de ver en cierta forma. Demonios, sí que lo sería. Ver a Nixie con una camiseta rosa y unos pantalones ajustados hasta decir basta y de color amarillo, con las converse a juego. No podía ni imaginárselo prácticamente. Pero le daban ganas de reírse cuando lo pensaba. Salió de la galería para cerrar la puerta y dejar aquello funcionando, que se lo tomaba con calma, mientras la escuchaba. Ladeó la cabeza ligeramente cuando oyó lo que decía ella.— ¿Controlar? Nah, si yo estoy la mar de tranquila.— asintió un par de veces con la cabeza mientras bailoteaba arriba y abajo por la cocina guardando algunas cosas de última hora que se habían quedado por allí tiradas. Restos de un bocadillo, un vaso de leche, chicles, un vaso de yogur. No era precisamente la persona más ordenada del mundo.— Espero que no te importe el desorden, no se me da muy bien lo de dejar cada cosa en su sitio.— frunció los labios ligeramente mientras terminaba por tirar todas las sobras a la basura y lo demás al lavaplatos, de forma que cupiese. Luego no le extrañaba que chorrease agua, aquello. Si iba a presión y eso que sólo era una persona en la casa. De ser más no sabría qué hacer siquiera. Tanto lavaplatos, lavadora, secadora y esas cosas la volvería loca.

Se quedó observándola durante unos largos instantes, cómo tenía la manía de hacer con todo el mundo, mientras veía cómo sacaba un cigarrillo y se lo ponía en los labios. Se encogió ligeramente de hombros y cómo única cosa se limitó a abrir la ventana, con lo que entró una agradable brisa que no tenía nada de malo. Mucho mejor así, que al menos no se ahogaría en el humo después. Se había acostumbrado a ese olor, incluso le gustaba. Lo olía cada vez que salía por su puerta, así que no era novedad precisamente.— Cómo quieras. No soy tu madre, no te voy a decir que igual dentro de unos años estás en una camilla en el hospital con las costillas abiertas por que tienes cáncer de pulmón y lleves diez tubos metidos en vena.— sonrió de lado mientras se estiraba. La verdad, cómo ella no fumaba y no lo haría nunca, no tenía ese tipo de problemas. A decir verdad estaba sana cómo una manzana, ni bebía, ni fumaba, y las drogas por supuesto no entraban en su repertorio. Se giró hacia ella asintiendo con la cabeza.— Antes de que llegases sí, estaba pintando en mi habitación.— dijo, al tiempo que se le iluminaron los ojos de manera llamativa. Pero no, tenía que aprender a controlarse, controlarse. Sabía que a Nixie no le gustaba que se le echasen encima, que fuesen demasiado pesados con ella o efusivos. Incluso el contacto de antes cuando la había cogido por los hombros ya le había parecido demasiado por su parte. Por parte de Shïva no, a ella le daba igual. Era partidaria de los abrazos, los besos, los achuchones. De dormir juntos, de ducharse en pareja, de comer del mismo plato o beber del mismo vaso. Todas esas cosas que le parecían tan bonitas a sus ojos, aunque a los de los demás quizás no lo fuesen para nada.— ¿¡Quieres verlo!?— a tomar por saco el autocontrol.



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Shïva T. Ronnanbersch
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Re: ▬ Vengo a hacer la colada. Raro, pero cierto. {Shïva}

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