¿Existe algo peor que una vida superficial entre belleza, playa y rumores durante todo el año? Pensarás que no. Pero en California, más concretamente, en L.A, la cosa se puede empeorar. Y mucho. Están aquellos que gozan de una vida totalmente al estilo propaganda hollister, y están esos otros que su vida es un constante viene y va de conflictos, peleas callejeras y otros problemas sociales y personales. Pero cuando esta armonía se rompe y algo interfiere en la vida del otro, aparece esto, una bonita guerra de sociedad en bandeja de buffet. Suena típico, sí, sin embargo, no sabes lo interesante que puede ser y lo atractivas que son estas historias. Y los secretos que hay detrás de cada uno de ellos, es la guinda del pastel.
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▬ No, no estoy contando azulejos, si es lo que te preguntas. {Tobias}

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▬ No, no estoy contando azulejos, si es lo que te preguntas. {Tobias}

Mensaje por Nixie S. Jägger el Mar Ene 17, 2012 10:42 am

Viernes | 10:30 am | En casa.

Una semana. Hacía siete días exactos que se había mudado a aquél piso, situado en una zona menos peligrosa que su antiguo cuchitril, en donde vivían tres inquilinos más. Dos tíos. Y una tía. ¿Y a quien conocía ella? A los tres, por supuesto. Pero no había mantenido relación con ninguno. Una “hola”. Un “adiós”. Un “pásame esto”. Y otro “¿Dónde esta tal cosa?”. Y hasta ahí llegaban las conversaciones. Muchos se preguntarían como es que se le pasó por la cabeza la idea de irse a vivir con tres personas más, cuando ella misma era una solitaria nata. No quería a nadie a su lado. No quería relación con nadie. Y ahora, se encontraba compartiendo piso con aquellos chicos. Como es de esperar, ellos no sabían de la vida nocturna de ella. Porque dormía hasta tarde, y cuando se levantaba, no comía con ellos. Directamente cogía su comida, o se iba a por aquél sándwich, llamado Pow-Boy, que tanto le gustaba. Además, allí, en aquél restaurante, le trataban la mar de bien y no por vivir algo más lejos, iba a dejar de ir. Aquella mañana, se levantó algo mas pronto que de costumbre. No sabía la hora que era, pero no le importó. Se levantó, desperezándose, y notando como uno de los morados que tenía en el muslo, le dolía. Claro que aquello no era ninguna novedad. ¿Cuándo Shadow no había sufrido golpes trabajando? Siempre. Los clientes se ponían difíciles algunas veces, y ella tenía que lidiar con ese tipo de situaciones casi cada noche. O madrugada. Depende hasta cuando trabajase. Sentía su cabeza dar vueltas y vueltas. Lo peor fue la sensación en el estómago, y después subiendo por su garganta. Abrió la puerta de par en par, provocando que esta rebotase y todo, para salir pitando al baño. Dio gracias al diablo que el baño no estuviese ocupado, y entró como un vendaval para echar la pota.

Al parecer había pasado mala noche. Tal vez la culpa la tuviese aquél gilipollas que la invitó a no se cuantos chupitos y a dos cubatas bien cargados. Todo lo hizo por el amor al arte. Mentira. Lo hizo por el maldito dinero. Por la jodida pasta. Y es que tenía que ahorrar para pagar el alquiler. O eso, o tendría que volver a la pocilga en la que vivía antes. La puerta el baño se quedó abierta, pero la de su habitación no. Y es que el golpe que había dado contra la pared, había sido fuerte. Pero joder. No quería vomitar en la habitación. Luego aunque limpiaras aquellos, iba a seguir oliendo por horas, seguro. Sus rodillas huesudas y maltrechas, rozaban las baldosas blancas del suelo. Frías como ella misma. Se sentó, apoyando su brazo en el borde del wáter. Y la cabeza en su mano. Mientras la otra descansaba en su pierna flexionada y tumbada en el suelo. Cerró los ojos, y respiró hondo. El sabor del vomito seguía allí, y eso le provocó otra arcada, pero esta vez no vomito. – Que asco, joder… - murmuró para ella misma, cagándose en su estampa. Nunca más. No iba a volver a mezclar ciertas bebidas nunca más. Porque si no, luego pasaba aquello. Su cuerpo lo rechazaba de esa manera asquerosa y dolorosa. Y no molaba nada. No le importó haber salido de su cuarto con aquellas pintas. El cabello enmarañado y algo alborotado. Una camiseta azul marino, sin mangas de Iron Maiden, cortada por ella misma, y las bragas negras. Nada más. Así dormía Nixie.

Aunque la hubiesen encontrado allí tirada, nadie hubiese sabido como llamarla exactamente. Y seguramente, el único que lo sabía allí, al mirar los papeles y demás, era el propietario del piso. Pero al parece no había nadie en casa aquella mañana. Tal vez habían ido a trabajar. A estudiar, o lo que ellos hiciesen. O simplemente seguían durmiendo como troncos. Claro que eso a la morena le importaba dos pimientos.
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